domingo, 2 de diciembre de 2007

Las edades del hombre VI

Otra vuelta másEsa noche Marc estaba más pensativo de lo habitual. La mirada perdida en el fondo de su vaso de whiskey añejo y esa suave música de Brahms. Hace balance de lo que tiene, de lo que es. Repasa el debe y el haber. Sabe que hay tantas cosas en el debe que no encuentra importante su haber. Sabe dónde querría estar, dónde no está. Tan lejos se encuentra de su Shagri-la que la ve perdida. Cree que ya nunca podrá alcanzarla. La ve alejarse día tras día, como el puerto que deja atrás el barco que zarpa. Cada vez más pequeño, hasta que desaparece.


Agita su vaso en círculos, haciendo que el líquido ámbar se apriete contra las paredes. Se detiene, observando cómo pierde velocidad. "Es bello", piensa. La luz halógena hace todo tipo de reflejos en la bebida. Por momentos, todo desaparece, y pasan por su mente flashes de todas sus oportunidades perdidas. "No es justo", se plantea, aunque enseguida cae en la cuenta de que hay tantas injusticias realmente importantes en este mundo, que entiende que ésta es insignificante, por muy triste que le haga sentir.

Mira hacia su izquierda, viendo su imagen reflejada en la ventana, enmarcada por la negra noche. Descubre la tristeza en su rostro, una tristeza marcada y profunda, que nace del interior. Le da pena de sí mismo por ello, sabedor de que las cosas no eran así hace un tiempo. Pero el tiempo avanza para no volver; la vida es un continuo cambio. Se mira a los ojos para decirse una última frase antes de abandonar:

"Feliz cumpleaños, Marc".

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jueves, 8 de noviembre de 2007

La soledad VIII

Vuela, vuelaEs un ventoso día de otoño, y aunque ya empieza a hacer frío, Marc decide caminar. No tiene prisa, nadie le espera. Cierra su gabardina y alza el cuello para protegerse un poco mejor. En el fondo le gusta sentir el aire fresco en la cara, pero hoy está un poco despacible. Un gesto en su bolsillo y su MP3 comienza a sonar. Amaral le canta una canción que conoce perfectamente.


Las calles se suceden. El viento le alborota el pelo mientras se fija en lo curioso de la letra. Parece que la está viviendo. Recuerda una situación; recuerda haber hecho daño a alguien. No está orgulloso de ello, pero sabe que a veces viene bien darse de bruces con la realidad. Duele, pero indica por dónde no puedes ir. Ayuda a encontrar otro camino.

Se acabaron los días de verano. Llegan, una vez más, los días de otoño y los de invierno, que le harán recordar de nuevo lo solo que está. Las noches cada vez más largas pondrán a prueba su aguante. Pero está decidido a seguir caminando, donde quiera que le lleven sus pies. Sabe que no puede pararse.

Al pasar por el templo de Debod decide verlo de nuevo, a la luz del día. Al fondo hay una bonita vista. Apoya sus manos en la valla y deja que el aire frío de la tarde inunde sus pulmones. Por unos instantes, es como si nada sucediera. La mirada fija en el horizonte, la mente muy lejos de allí. Un avión, una isla. El tiempo pasa y no vuelve.

De vuelta al presente, da media vuelta y regresa a su ruta habitual. Se cruza con unos y otros, desconocidos todos. Hay movimiento. La ciudad, en el fondo, parece alegre. Parece.

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domingo, 28 de octubre de 2007

La música V

Ahí están los recuerdosEs sábado por la tarde, y un hombre, ensimismado en sus pensamientos, avanza entre la ruidosa riada de gente que se desplaza por el túnel buscando su destino. Al fondo, en una esquina, un guitarrista finaliza una pieza. "Éste es bueno", piensa el viajero. Tras una breve pausa en la que se pregunta por qué alguien que toca tan bien la guitarra pide en el metro, comienza a tocar de nuevo. Suenan los primeros acordes de esa pieza que tantas veces escuchó hace años: Recuerdos de la Alhambra, de Tárrega.


Las notas de las seis cuerdas inundan el túnel. Un escalofrío le recorre el cuerpo de arriba a abajo. Con la mirada fija, todo comienza a desaparecer ante sus ojos: la gente, los carteles, las paredes. El bullicio de la gente se disipa y sólo parece sonar esa melodía arpegiada que se desplaza delicadamente hacia él y le envuelve. Un eco de la música que forma parte de su vida. Un pasado que aparece de repente de la mano de esa melodía, al que decide dejarse llevar por unos instantes.

Fue un tiempo en el que la vida era sencilla, no había preocupaciones ni obligaciones, y disfrutar de su infancia era lo único en lo que tenía que pensar mientras veía pasar los días. La música de una guitarra llenaba sus tardes, bordando aquella época con una tranquilidad que ya nunca le abandonaría.

Mientras pasa junto al músico, nota como sus ojos se estremecen con el recuerdo. Se aleja, y la fuerza de ese sentimiento se desvanece poco a poco, al igual que los arpegios que parecen juguetear saltando a su lado. Antes de doblar la esquina, vuelve la cabeza una última vez. Sólo ve, al fondo, una brillante luz blanca. En ella, su hermano mayor. Sentado en el sofá-cama de su habitación, toca la guitarra. Albéniz, Granados, Tárrega. Se ve él mismo, sentado en el suelo, jugando con aquellos cochecitos que tanto le gustaban, escuchándole. Hora tras hora.

Dobla la esquina y deja ir el recuerdo como aquel globo que se le escapó. Piensa en el tiempo que ha pasado. "28 años... vaya, parece que fue ayer". Mientras medita sobre el paso del tiempo, se pierde entre la gente. Mañana habrá otra melodía que despierte de nuevo esa mente llena de buenos recuerdos.

A mi hermano, que aunque a su manera, está ahí siempre que le necesito.

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Los cambios V

Éste me molaba, pero pesaba demasiadoHace poco me comentaba un amigo del alma: "hay dos clases de motoristas: los que ya se han caido y los que se van a caer". Pretendía concienciarme ante lo que sin duda pasará. Esto iba al hilo de otra aseveración que me dejó igual de jodido: "la pregunta no es si te vas a caer o no; la pregunta es cuándo". "Con amigos como éste...", pensaréis. En realidad está todo bien. Quien bien te quiere te hará llorar, ya se sabe. Lo malo de esto es que te hace sabedor de que a partir de ahora existe una espada de Damocles sobre ti, y de que nadie te va a avisar de cuál será el día, para que te quedes en la cama.

Un gran cambio, éste. Pasar de haber ido cómodamente sentado, calentito y protegido durante tantos años a viajar en un aparato que ni tiene calefacción ni airbag, y del que tú mismo eres la carrocería. Ah, sí, se acabaron los atascos y los problemas de aparcamiento.

Otro gran cambio del que espero no arrepentirme, y si me arrepiento, espero poder escribirlo. A los que tenéis coche, por favor... sed más respetuosos aún si cabe con los motoristas. Un pequeño toque puede significar una parte de nuestro cuerpo, o peor aún, nuestra vida.

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El amor IV

Sexo en Nueva YorkNunca me ha gustado especialmente la televisión; de hecho, rara vez la veo. Me parece una bazofia infumable, sobre todo los canales generalistas. Pero últimamente me estoy americanizando, y he descubierto que la única TV que se salva es la de pago. Hay algunos canales que merece la pena ver; algunos de vez en cuando y algunos continuamente. Entre los primeros, el que emite la serie que veo siempre que pillo: Sex and the city, o Sexo en Nueva York, el título que han decidido darle aquí.

La serie está protagonizada por cuatro amigas de taitantos que viven en Manhattan. Relata sus peripecias, crisis existenciales, sus pequeños y grandes triunfos y sus miserias. Sobre todo éstas. Cada una de las cuatro mujeres es diferente, y aún así comparten su amistad, cada una a su manera.

Casi todo lo que se cuenta en la serie está relacionado de alguna manera con los hombres y el sexo. Al ser cuatro mujeres muy distintas, cubren un amplio espectro de personalidades, estando reflejadas las más comunes que nos encontramos en la vida real. Creo que por eso me gusta esta serie, porque en cierto modo me veo reflejado en algunas de las situaciones que se relatan, ya que aunque algunas sean bastante previsibles, en general son auténticas.

Lo que no me parece tan bien es que ponen a todos los tíos a caer de un burro como si eso fuera la norma. Es cierto que si las cosas fueran más light la serie no tendría tanta audiencia, pero vamos, tampoco creo yo que sea para tanto. Es como si no supieran encontrar nada más que psicópatas, trastornados y tíos raros en general. El único consuelo para esto es que ellas tampoco son ninguna perita en dulce. Las cuatro distan bastante de lo que llamaríamos una mujer normal. Exigentes, maniáticas y envidiosas, van de relación en relación, de hombre en hombre sin encontrar nunca su media naranja. Mientras, se lo van contando frente a cafés, cenas o cervezas y se lo pasan estupendamente, aunque al final acaben durmiendo solas después de un nuevo fracaso.

En realidad, es la vida misma. A los treinta y tantos, a poco que te hayas movido por ahí, estás en una situación parecida a la de estas chicas. Buscas ese alguien que te haga levantar el vuelo para no volver a pisar tierra, y mientras tanto te mueves dando saltitos, pero no despegas. Te vuelves cada vez más especial y más egoista, aguantas cada vez menos y tu persona ideal es cada vez más una utopía y menos una realidad. Si te descuidas un poco y decides salirle al paso a tu destino, puedes incluso hacer tu propia serie.

Me parece entretenida, la verdad. En toda la parrilla, aparte de House, no hay muchas más series que se dejen ver, y muchas menos aún alguna con la que te puedas sentir en cierto modo identificado. Así que, especialmente si andais entre la treintena y la cuarentena, os la recomiendo efusivamente. Hasta puede que aprendais algo, como yo.

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domingo, 21 de octubre de 2007

La sociedad IV

Por ahí debería irme a vivirQué mal, esto de viajar. No por el viaje en sí, coger un avión e irte a donde sea, ni por el hecho de estar lejos de casa, en otro país, con otro idioma, otra gente, otras costumbres y otra forma de vida, sino por el hecho de volver.

Hay paises que simplemente visitas; conoces un poco a la gente, te empapas todo lo que puedes de lo que ves, haces unas fotos y a casa. Pero hay una serie de sitios en los que descubres cosas que verdaderamente te encantan. Te das cuenta de que eso es infinitamente mejor que lo que tu tienes, porque claro, que levante el dedo el que es capaz de resistir la tentación de comparar con lo suyo cuando sale por ahí. Es en estos momentos cuando aparece esa media sonrisa mientras piensas "vaya... yo creía que España era el mejor sitio del mundo para vivir". No quiero decir con esto que no piense que lo sea, sino que a veces encuentras una serie de cosas, formas de pensar en las personas, costumbres y formas de vida, entornos, qué sé yo, que despiertan envidia (sana, claro) en ti. Te gustaría poder disfrutar de "eso" todos los días. Después vuelves a casa, y a todas tus realidades cotidianas. Aquí no hay de aquello, ni lo va a haber en muchos años.

Lo peor no es sentir un poco de envidia de vez en cuando, ya que es bastante sano y nos permite recordar que no somos el ombligo del mundo. Lo peor es volver del país X y pensar "yo tendría que vivir allí. Seguro que tendría todo lo que necesito y que encontraría todo lo que busco". De ahí lo de "qué mal, esto de viajar". Qué mal encontrar países en los que te gustaría vivir. Sobre todo si piensas mucho en las cosas y tienes total libertad de movimientos.

El próximo viaje, a Burkina Faso.

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sábado, 20 de octubre de 2007

El sexo II

Tomaos algo si pasais por allíHoy va de oportunidades. Va de actitudes, de ondas, de miradas y de sonrisas. Del tiempo que pasa, de cómo se siente uno en diferentes paises. De lo diferente de las sociedades, del frío y del calor, de las edades del hombre. Del sí y del no, y del por qué no.

A veces tienes sed. La Ley de Murphy dice que en ese momento no tendrás agua cerca. Otras veces, sin entender muy bien por qué, también sientes sed, pero todo es diferente. En estas otras, simplemente sabes que vas a encontrar agua en breve, muy pronto. Te sientes zahorí, y sólo has de saber mirar a tu alrededor para hallarla. No sabes explicarlo, pero sucede. Es como mágico. De repente, sólo tienes que alargar la mano y coger lo que deseas.

Pero no la alargas. No, no lo haces. Y te pasas el resto de la noche haciéndote preguntas que ya no tienen contestación. Has abandonado el sencillo proceso "tengo sed, bebo" justo antes de tomar el vaso. Agua cristalina, limpia, fresca. Lo que tu necesitas. Pero simplemente, no la tomas. ¿Por qué?

La vida está llena de preguntas sin respuesta y de oportunidades perdidas.

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domingo, 14 de octubre de 2007

El sexo I

Aquí, negociandoCuando quedo con mis amigos siempre acabamos hablando de los mismos temas. En concreto, el tema de las mujeres es un clásico (las mujeres también hablais de hombres, todos lo sabemos). Hablando de mujeres, es raro que no acabemos hablando de sexo. Y hoy no ha sido una excepción. Al final, el tema ha derivado hacia la frecuencia. Que cuántas veces es normal hacerlo al día (algun@ se preguntará si de verdad hay alguien que lo hace varias veces al día), o quizá a la semana. En qué momentos se hace o no se hace, y todo eso.

Después del intercambio de ideas y de confesiones de rigor, acabamos acordando que lo jodido no es hacerlo más o menos; lo verdaderamente jodido es la diferencia de ganas, cuando a uno le apetece más a menudo que a otro: a uno le apetece un par de veces al mes como mucho, al otro le apetecería varias veces a la semana. Uno tiene bastante para tres o cuatro días con cada intercambio de fluidos y al otro le gustaría intercambiarlos a diario. El problema aparece si los dos miembros de la pareja están desfasados. No importa quién ni cuánto. A uno le apetece más que al otro.

Y es que en esto del sexo no hay reglas; es lo que a cada uno le apetece, y no es cosa que se debiera hacer simplemente por contentar al otro. Además, ninguna postura ni gusto es censurable. Si te apetece menos, bien; si te apetece mucho, pues también. Que no es malo, vamos. Lo único malo es que, al cabo del tiempo, conlleva incomodidad y agobio para la persona con menos necesidad, y frustración, desazón (evidentemente) e insatisfacción para la persona que necesita más. Esto deriva en otros problemas en las parejas, en los que no entraré ahora. Pero que suele ser fuente de problemas, está claro.

Hace algún tiempo, en un curso de trabajo en grupo, conocí a una profesora que consideraba el sexo como una necesidad básica del cuerpo humano, equiparable al comer o al dormir. Sin estar del todo de acuerdo, me interesó mucho su forma de pensar (mucho mucho); el resto de la gente no lo consideraba una necesidad básica por el simple hecho de que se puede estar años sin sexo (¿de verdad se puede?), pero no años sin comer o sin dormir. Sí, es correcto, pero nadie puede negar tampoco la vital importancia que tiene en casi todas las parejas, por no hablar de lo importante que ha sido a lo largo de la historia de todas las civilizaciones... Bueno, mejor no complicarlo.

Al final, es difícil coincidir en esto con tu pareja, lo mismo que es difícil coincidir en la frecuencia con la que hay que visitar a la suegra o el lugar al que hay que ir de vacaciones en verano; coincidir es difícil en general. Eso sí: recomiendo personalmente que busquéis esa coincidencia con vuestras parejas, porque cuando coincide... el séptimo cielo queda abajo, en comparación.

Dos velitas a la Virgen de la Coincidencia.


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sábado, 13 de octubre de 2007

El amor III

¿Y si fuera ella?A veces me pregunto qué es lo que hace que alguien nos interese, nos guste, nos enamore. Qué es lo que hace saltar la chispa, qué es lo que sucede en nuestro interior que nos vuelve del revés y nos hace sentir como críos inexpertos.

¿Qué es lo que hace que esa sí, pero aquella no? Personalmente, creo que es una mezcla de cosas. Pienso que debe haber una parte poco romántica escrita en nuestros genes, y que tiene que ver con el instinto reproductor, básicamente. Pero creo que el resto, lo que realmente se disfruta, se va grabando en nuestra mente con el paso de los años, y va fabricando una especie de plantilla, algo que hace que no podamos evitar ponernos como un flan delante de esa persona y por el contrario no nos de ni frío ni calor mirar a otra.

Supongo que Freud tendría algo que decir al respecto del origen de esa plantilla o sobre qué elementos la forman o qué hechos la modifican. Yo, decididamente, sigo preguntándome por qué me gustan las morenas en vez de las rubias o por qué busco ciertas particularidades físicas que aparentemente no responden a ningún criterio racional. ¿Dónde se nos graba eso? ¿Por qué? ¿Tiene una explicación de esas que chafan todo tu romanticismo, o es que en realidad el destino quiere que acabes con ese tipo de mujer porque sabe que estás hecho para ella? Años llevo haciéndome esta pregunta; años sin encontrar la respuesta.

Un día te entra la vena racional y decides que todo esto son chorradas, y que lo mismo puedes pasar el resto de tus días con una rubia o una morena sin que ello signifique absolutamente nada. Otro día conoces a alguien que lo pone todo patas arriba y hace que tu cuerpo entero tiemble como nunca lo hizo. Después, te das cuenta de la realidad: nada de lo anterior importa: en algún sitio, en tu interior, hay un interruptor automático que hace "clic" y enciende todo tu cuerpo. Nadie tiene control sobre él para evitar que se active, al igual que nadie tiene control sobre él... para activarlo.

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lunes, 8 de octubre de 2007

Las edades del hombre V

Este será el único príncipe azul que encuentresTodos evolucionamos con el tiempo. Es como subir por la ladera de una montaña, despacito. La mayoría del tiempo miras hacia el suelo, decidiendo dónde pones los pies para no caer. A veces levantas la vista buscando el punto al que te has propuesto llegar, tu referencia. Incluso imaginas cómo será estar allí, aunque entiendes que sólo lo sabrás cuando llegues. Alguien te contó cómo es aquello allá arriba, pero lo que te cuenten no es comparable a verte allí, a vivirlo, a sentirlo. Quieres andar el camino, avanzar, llegar.

A veces, en el camino, te detienes, y haces algo que a todos nos viene extraordinariamente bien de vez en cuando: volver la vista atrás y comprobar cuánto hemos avanzado. Lo alto que estamos ya. Desde ahí, se ve todo pequeñito, allá a lo lejos.

No obstante, sucede algo más: ves gente subiendo por donde tu subiste; ves gente andar el camino que tu dejaste atrás. Los ves allí, lejos. Sabes qué camino seguirán, más o menos, hasta llegar a donde tu estás. Pero sabes que les queda mucho todavía. Que esa parte del camino es dura. Que si les adviertes de lo que hay donde tu estás, no harán caso, querrán elegir su propia ruta, como tu eliges la tuya para continuar subiendo. Por eso lo entiendes, y los respetas. Pero no puedes evitar sentir la distancia.

Hubo una época en que creía en el amor ideal, la mujer perfecta. Idealista como es uno, buscaba la perfección en mi compañera como el que busca una rara perla negra, dejando a un lado bellas perlas blancas. Luego vinieron los desengaños, los golpes y la cruda realidad: ni tu perla negra existe, ni si existiera la ibas a encontrar, y si la encontraras... tu no serías su perla negra. Al final, te acabas dando cuenta: eso no es lo que hay que buscar; la perfección no es lo importante.

Esta visión que me da la perspectiva de la altura (relativa, como todo), me separa de quien, allá abajo, no sabe que si sigue por ese camino, encontrará unos enormes zarzales en los que despertar de ese sueño de amor idealista. Pero claro, es la típica mala noticia que uno no quiere escuchar.

Hay quienes todavía creen en príncipes azules. No saben que... destiñen.

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domingo, 7 de octubre de 2007

Internet I

Este blog no lo hago yo soloRetomo mis aparcadas costumbres. Una de ellas, escribir sobre las cosas que pienso. Me hice una promesa, que ahora cumplo: escribir esta entrada. Dedicársela a la gente que se lo merece, desde este modesto pedestal frente a la nada y frente a todos.

Desde que conocí el fenómeno de los blogs me llamó mucho la atención la cantidad de gente que tiene cosas que decir. Unas más banales, otras más trascendentales. Gente que escribe, gente que cuenta. Gente que nos narra su historia, gente que crea. Gente que genera todo tipo de contenido, que en ocasiones interesa, o que pasa por aquí sin pena ni gloria. La Web 2.0, o internet por los propios internautas. Es curioso descubrir lo que puede haber detrás de alguien de quien nunca sospecharías que sabe escribir, que tiene imaginación, que siente por tres, o que simplemente tiene algo que decir y desea ser escuchado. Es esta una maravillosa oportunidad que la tecnología nos ha dado a todos para abrir esa ventana al mundo, y que nos vean, para bien o para mal.

Aunque creas, también observas. Miras al resto del mundo en su ventana. Lees, lees más, y después más. Empiezas a conocer gente por ahí. Gente que nunca has visto y a quien nunca verás, pero con la que quizá crearás cierto tipo de relación: les lees. Te gusta lo que lees, vuelves. Dialogas, cambias impresiones con ellos. Aparece un tenue lazo que nos une, aunque esté hecho sólo de cierta afinidad. No es lo mismo que con la gente que tienes cerca: amigos, compañeros de trabajo, vecinos. Con estos tienes mucha más relación. Una relación más cercana. ¿O...no?

Un día te encuentras en una de esas situaciones en las que nadie querría estar, y descubres, perplejo, la realidad: los que están cerca de ti no están tan cerca como tu creías, y aquellos con quienes sólo compartes un rato delante de una pantalla te regalan unas palabras de aliento, de esas sencillas y breves, pero que cobran más valor para ti que cualquiera otras, porque no las esperabas, porque han saltado la distancia y porque es justo lo que más aprecias descubrir en las malas épocas: un poco de empatía, un abrazo.

Esta entrada está dedicada a Horus, Artemis y Rain de Cruzada Oscura, a Lost Girl en su gótico santuario, y a todos los visitantes que, aún sin dejar comentarios, leen lo que uno escribe y piensan, sienten.

Reconforta saber que la gente que te lee es buena gente.


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martes, 14 de agosto de 2007

La muerte III

¿Por qué?"Es ley de vida", piensa uno, o te dicen, cuando alguien próximo a ti finaliza sus días. "Vivió feliz", "conoció a sus biznietos" o "estuvo rodeado de los suyos hasta el final", son frases que suelen sonar en los funerales de aquellos afortunados que han podido disfrutar de algunos de los grandes acontecimientos que un ser humano puede vivir.

Pero la muerte no siempre golpea donde esperamos; no siempre emplea nuestra lógica, una lógica basada en los sentimientos y en nuestra idea de lo que debe o no debe ser. La muerte golpea a veces donde más duele. ¿Qué sucede cuando se lleva a alguien que ni siquiera navega aún en su propio barco? ¿Qué pasa cuando esa "ley de vida" que se nos lleva cuando arrugados, se parte en mil pedazos? ¿Qué sucede cuando la lógica y la justicia parecen haberse ido juntas de vacaciones? ¿Qué sucede cuando los días que tocan a su fin sólo suman 16 años? ¿Cómo quedan esas familias, esos amigos?

Es difícil sólo imaginar lo que puede pasar por las mentes y los corazones de sus seres queridos cuando algo así sucede. Para alcanzar a entender sólo la milésima parte, no tenemos más que imaginar que hemos sido nosotros los que hemos sufrido esa pérdida, y a poca imaginación que tengamos, vislumbraremos esa sensación que se tiene al estar al pie de un abismo del que ni siquiera vemos el fondo. Pero imaginando no se puede llegar a sentir lo mismo, ni esa milésima parte. ¿Cómo imaginar lo que puede sentir alguien cuando le parten en dos? Sencillamente, no se puede.

Pensando qué música puede acompañar una entrada como ésta, la evidencia me golpea en la frente. Azul (Juliette Binoche, 1993) ejemplifica con imágenes, música y un color lo que puede sentir una persona cuando ve su vida partida en dos por la falta de lógica. Recomendable para todos aquellos que piensan y reflexionan. Imprescindible para los que escuchan y sienten.

La vida es un camino lleno de piedras.


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miércoles, 18 de julio de 2007

Curiosidades XIV

...y sólo bajaba a por patatasHay una manera infalible de saber si uno es verdaderamente el amo de la casa en la que vive, o si juega un papel secundario: bajar al super a comprar algo, pero única y exclusivamente 3 cosas. ¿Bajar a comprar 3 cosas nos dirá si somos los amos? No, pero ahí se deriva la clave, ya que la respuesta no está en que bajemos a por tres, sino en cuántas traemos cuando subimos. Si traemos sólo esas 3, a no ser que pertenezcamos a ese 1% de metódicos, seremos unos mandaos. Pero si de verdad somos los amos, será sencillo comprobarlo: subiremos cargados como burros con cuatro bolsas llenas de cosas a por las que en principio no bajábamos. Para más inri, no traeremos dos de las tres cosas que bajábamos a buscar, porque entre tantas otras, se nos han olvidado.

Esto es muestra inequívoca de que nosotros somos los que manejamos el cotarro. Nadie que no lo maneje tiene la iniciativa de llenar esas cuatro bolsas, ni sabe qué hay/qué falta en casa. En caso de que tengáis parte de esta iniciativa, pero sintáis la irrefrenable necesidad de llamar a cariño (o cualquier otra modalidad de ser con la que conviváis) para preguntar algo, no lo dudéis, NO sois el am@ del calabozo; el verdadero amo es el/la que recibe la llamada.

Esto viene al hilo de lo que siempre nos ha sorprendido a todos, de pequeños, en mamá. Ella bajaba un momento, a por patatas, y para tu sorpresa, la veías subir con esas cuatro bolsas con "pimientos, tomates que tampoco tenía, un poco de queso del que le gusta a papá, unos pepinos y ya hago gazpacho, ajetes que tenían una pinta estupenda, unos filetes de cadera que mañana viene tu hermana" y muy probablemente, no subía las patatas; tenía que volver a bajar y un poco de lo mismo, o bien te mandaba a tí a por ellas, que seguías con cara de bobo intentando entender cómo se puede bajar a por patatas y subir con medio supermercado.

Nuestras madres han hecho esto una y mil veces, como lo hacemos y haremos tod@s l@s que somos am@s de casa, porque es lo normal. Pero no deja de ser hilarante el que estemos autoconvencidos de esa tonta frase que decimos: "me paso a por leche antes de subir a casa". Como que casi siempre acabamos haciendo la compra de la semana, vamos.

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jueves, 12 de julio de 2007

Las edades del hombre IV

No todos los sueños se cumplenTodavía no he llegado a la mitad de mi vida, pero ya he pasado ese punto en el cual te paras a hacer repaso de dónde estás, y compruebas si coincide con dónde querías estar al llegar aquí. El momento, o la frecuencia con la que hacemos esto, no es un estándar; hay gente que navega por la vida improvisando, sin plantearse nada, mientras que en el otro extremo, otros se pasan los años hamleteando sobre todo. Por ahí en medio andan los que lo hacen el 31 de diciembre a las 23:45, aunque claro, sin demasiadas pretensiones. Personalmente opino que no viene mal hacerlo de cuando en cuando, sobre todo cuando tienen lugar cambios de importancia en tu vida; los finales de etapa, los comienzos de otra. Puede ayudar a situarte, y te puede dar información valiosa sobre lo que hiciste bien o mal, por si pudieras aplicarlo en el futuro.

Y puedes encontrar que efectivamente, no estás donde creíste que ibas a estar. No tienes lo que creíste que ibas a tener. No has hecho lo que creíste que ibas a tener hecho. E incluso puede ser peor: puedes encontrar que ya no podrás tener algunas de estas cosas, que tu momento ha pasado. La sensación que te queda no es nada agradable.

Es por esto que conviene tener cuidado con lo que se desea para uno, porque no sólo puede suceder como en el dicho, que se cumpla, sino que puede pasar todo lo contrario, que no se cumpla. Y aunque sea muy, muy difícil, deberíamos hacer un ejercicio de madurez y previsión cuando lanzamos nuestros deseos al aire, y pensar cómo nos puede sentar al cuerpo si años después éstos no se ven completos.

Parece un poco pesimista el post, pero no es la intención; es sólo una reflexión con moraleja: la vida da muchas vueltas, y no está de más llevar un poco de realismo en el fondo de la maleta, porque aunque tengamos muchas ilusiones y luchemos por ellas, a veces la vida nos colocará donde no pensábamos ir, y nos será maravillosamente útil saber encajarlo sin frustraciones.

Aunque quizá sea mejor disfrutar de Diana Krall sin darle vueltas a esto...



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sábado, 7 de julio de 2007

La sociedad III

En casa me lo hacen mejorHace poco invertí en un equipo home cinema. Mucha gente no entiende el por qué de esta inversión, yo creo que porque no van al cine. Antiguamente, uno iba al cine a pasar un buen rato y a disfrutar de la película. Después, te habría gustado más o menos, pero eso ya era cuestión de tu buen ojo eligiendo. Desde hace años, la situación es bien diferente. La inmensa mayoría de las veces que he ido al cine estos últimos 5 años (¿4, 5 veces en total?) sólo me ha valido para NO disfrutar de la película y salir mosqueado. Las razones, supongo que serán conocidas por todos:


  • El grupito mixto de adolescentes sobrehormonados que sólo saben disfrutar del cine jodiéndole la película a los demás
  • La cría de 12 años que estrena su móvil personal, lo lleva bajo el brazo como hasta hace nada llevaba su muñeca de trapo, lo coge en mitad de la película y se pasa 3 minutos explicándole en tono normal a su amiga Vane que "sí...en el cine...no, no importa... sí, luego vamos a quedar todos... no, tía, paso, que he discutido con Javi... bah, lo de siempre, luego te cuento... " mientras yo pensaba qué decirle
  • Los comedores compulsivos de nachos y otras delicatessen más aromáticas
  • La pareja de grullas cincuentonas que no paran de cotorrear y reirse bien sea la peli de humor, de terror, un drama o un musical, con comentarios chistosos del tipo "¡¡mira, ese se parece al cabrón de tu ex-marido!!"
  • La butaca rota que me tocó en suerte
  • El/la imbécil que no sabe que cuando cruza las piernas una y otra vez (¿coño, tienes almorranas o qué?) y le da una patada a la butaca de alante (la tuya) es como si te diera una patada en tu propia espalda
  • El precio de las entradas, que ya se puede ver a 6,5 euros (1081 ptas. de las de antes) en muchas salas, sea la película buena o sea una bazofia infumable
  • La gente que, media hora antes de la peli, piensa en su casa "¿qué hacemos esta noche? ¿vamos al cine?" y naturalmente, llegan 10 minutos tarde (anuncios incluidos) y levantan a toda la fila
  • Los que, en vacaciones escolares, ya no saben qué hacer con los niños, y como no les tocaron dos dedos de frente cuando repartían, les llevan a ver pelis que no son adecuadas para su edad, y se tienen que salir en plan safari con porteadores a mitad de la peli
  • Los cerdos que creen que por pagar 6,5 euros tienen derecho a dejarle al siguiente que venga las butacas, suelo, etc. hechos una porquería de palomitas, refrescos, envoltorios, etc.

Podría seguir, pero creo que está claro. En la otra orilla, tenemos la inversión:

  • Invierto 12 euros en una película, que veo varias veces, en varios idiomas, con subtítulos y con extras. Hasta se las presto a los amigos/familia si se portan bien, lo que permite un rápido retorno de la inversión (ROI)
  • Me abro una cervecita, pillo unas aceitunas y un poquito de jamón, y hago de una sesión de cine en casa una experiencia mística
  • El sonido me envuelve y me permite disfrutar al 100% de la película, y además al volumen que yo considero adecuado, sin tener que agudizar el oido ni atronarme como en muchos cines
  • Puedo darle a la pausa para el momento baño
  • Puedo repetir una escena si lo considero oportuno
  • No molesto a nadie, nadie me molesta y no tiene lugar ninguna de las situaciones enumeradas anteriormente
  • Cuando acabo de ver la peli, me queda una agradable sensación de cine, sé que la he aprovechado al máximo y que recordaré los detalles (si merecía la pena), ya que no he tenido que estar más pendiente de la gente que me rodeaba que de la propia película

La única contrapartida es que no todos tus vecinos comparten tus gustos cinematográficos; pero bueno, esto es un mal menor. De cualquier modo, creo que entendereis por qué ya no voy al cine.

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viernes, 6 de julio de 2007

Los cambios IV

Pabennos mataoHoy he despedido a otro compañero. Lo fue durante 9 años. Fueron tiempos de alegrías, viajes, días duros y noches más duras (jeje). Vimos varios paises juntos y recorrimos muchos miles de kilómetros. Muchas cosas vio pasar fuera, muchas otras pasaron dentro.

Al final, como ya sabéis, hemos tenido un percance. Él se llevó la peor parte (afortunadamente). Su frontal deformable cumplió bien su cometido, como se puede apreciar. Mientras todavía estaba operativo tenía varias novias; después del accidente, ni el seguro quería arreglarlo. Los únicos que han tenido interés por él son los profesionales del despiece. Qué pena.

Pero la vida sigue, y hay que mirar hacia adelante. Despedimos a los viejos amigos, e igual dentro de poco conocemos alguno nuevo. Sólo hay que plantearse si con lo bien que funciona el metro, te compensa gastarte de nuevo un pastizal para volver a subirte a la noria consumista. Si habéis echado cuentas alguna vez, os habréis dado cuenta de que aún yendo en transporte público/taxi y alquilando coches en vacaciones y ocasiones especiales, no alcanzamos el coste que tiene un cuatro ruedas a lo largo de su vida útil. Eso sí, ¿y lo que viste?

Me quedo meditando sobre esta cuestión, y una vez más, sobre lo fugaz de nuestra efímera existencia.

Bienaventurados los siniestros totales, porque ellos serán desguazados



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jueves, 5 de julio de 2007

La soledad VII

La Eterna Solitaria, ayerAnoche lo hablaba con la luna:

- Qué sola estás; qué sola se te ve siempre.
- Sí, muy sola. Así soy yo, y así ha de ser. Pero veo que no soy la única.
- Cierto es. Son tiempos de soledad, qué le voy a hacer.
- Me parece que no lo llevas tan bien como yo. Hace meses que me asomo a tu ventana todas las noches, y salvo algunas ruidosas ocasiones, siempre te veo mirarme ahí solo, conmigo como tu única compañía.
- Sí, así es, aunque no sea lo que quiero.
- ¿No será que te está empezando a gustar?
- Creo que no; siempre pensé que yo estaba hecho para vivir en pareja; es como me he llegado a sentir mejor, y es como me gustaría estar.
- ¿Y dónde está el problema?
- "El problema" son varios. Fundamentalmente, que me falta "la materia prima", y después, que estoy empezando a dudar seriamente de que, en realidad, quiera vivir con alguien.
- ¿Por qué lo dices?
- Porque a lo mejor ya no quiero, y no me he dado cuenta todavía.
- Hablas así porque estás tristón, pero no tiene sentido; ya verás cómo, cuando menos te lo esperes...
- ...sí, ya lo sé. He oído muchas veces esa frase. Por eso me obligué a dejar pensar en esto hace tiempo. A ver si "me lo esperaba menos", y sucedía. Pero no ha sido así.
- Sin embargo, tienes lo que muchas otras buscan; las oigo cada noche solas, en sus ventanas. ¿Qué te hace pensar que no llegará lo que esperas?
- En realidad, nada. Quizá sea sólo una premonición.
- No desesperes, confía en esta eterna solitaria; he visto cosas así una y otra vez, durante milenios, y créeme, no tienes por qué preocuparte.
- Quién sabe... La verdad, a veces te envidio. La gente se enamora de ti sólo con mirarte; tienes un extraño influjo en las personas.
- Sí. Muchos de vosotros, ahí abajo, sois románticos, soñadores, y os encapricháis con lo que no podéis tener.
- No sabes cuánta razón tienes...


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martes, 3 de julio de 2007

La música IV

Chopin - Nocturno op. 37 nº 2 en SolChopin. Podría pasarme horas intentando describir su música, y lo que significa para mí, pero no le haría justicia. Sin hacer de menos a muchos otros, es de lejos el compositor que más aprecio, creo que causado en parte porque toco bastantes piezas suyas. Lo hice desde que empezaba con el piano, porque compuso algunas obras que, aunque requieren tocar con algo más que con las manos, son relativamente sencillas en el aspecto técnico.

Al fin y al cabo, con esto de la música, todos nos reducimos a lo mismo, sea el que sea el tipo de música que nos gusta: que nos llegue, que nos diga algo, que nos haga sentir. Y es en esto que Chopin, junto con Rachmaninov, me hacen bullir por dentro. En mi opinión, Chopin despliega un lirismo en sus piezas que pocos han igualado. Sus fraseos son inconfundibles, así como sus armonías y ciertas modulaciones, que ha repetido en más de una pieza. Creo que prácticamente lo que más me llena son sus modulaciones. Los cambios de tonalidad. Es de esas cosas que has envidiado tanto durante tus años de estudio que en su momento hubieras dado algo importante por tener ese don. Por más que las escucho y las analizo, no dejo de maravillarme. Supongo que tiene su técnica, como todo, pero me parecen verdaderamente meritorias.

Otro día subo una obra más gótica. Hoy ha sido el nocturno op. 37 nº 2, una delicia en la versión de Barenboim. No tiene demasiado que ver con lo de las modulaciones (salvo una progresión al final), pero mira, me apetecía. Quería probar a incrustar un objeto reproductor, para cuando suba algo que me han pedido (sí, no se me olvida), y me ha parecido muy bien y muy discreto el que le he visto a Artemis en Cruzada Oscura (thanks). A ver qué tal.





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lunes, 2 de julio de 2007

Curiosidades XIII

Feliz frikismo... al que lo seaPreocupado estoy. Lo venía pensando en el autobús. Hace poco he descubierto que un grupito del curro me llama "el friki". No me molesta, claro, ya que no lo hacen con mala intención. Pero he discutido con ellos porque pienso que ese mote es altamente inmerecido. Supongo que ellos tendrían sus razones, pero personalmente pienso que elegieron ese porque no se les ocurrió otro. O bueno, quizá por algún comentario que hice al respecto de mi disfraz de Darth Vader. Coñas aparte (no tengo ni tendré un disfraz de Darth Vader ni de nada, evidentemente), no conseguí quitarles la idea de la cabeza, y me vine a casa bastante pensativo. "Yo no soy un friki", pienso. "Estos no han conocido nunca a un friki de verdad". Como evidentemente no me quita el sueño sacarles de su error, lo dejé ahí, pero curiosamente, unos días después ví en Terra un banner sobre no sé qué del Orgullo Friki. Pensé: "ya no saben qué inventar". Pinché por curiosidad, y aparte del artículo, encontré un link a un test, que aparentemente, mide tu grado de frikismo. Convencido de tener un arma que esgrimir contra lo injusto de mi mote, me dispuse a completarlo. Así lo hice.

Ese test es claramente incorrecto XD No porque haya sacado una puntuación que no esperaba, sino porque considera que cosas como las siguientes contribuyen a que seas friki:


  • Haber estudiado alguna vez un idioma por tu cuenta
  • Haber hecho la declaración de Hacienda por tu cuenta
  • Querer un ordenador nuevo
  • Gustarte los documentales de National Geographic
  • Tener gafas o un home-cinema
  • Si acostumbras a leer libros o escuchas música clásica
  • Etc.

Vamos, que así, cualquiera saca una puntuación de friki (en concreto, 15.68). No obstante sí que hay muchas preguntas que encarrilan al sujeto para identificarlo en su verdadera naturaleza. De cualquier modo, parece ser que si pasas de 15 te puedes considerar friki (sin apellido), lo mismo que si pasas de 25 eres friki total, si pasas de 35 gran friki, y así hasta "acuda al psiquiatra" si pasas de 80.

Como pienso que en esta vida hay que ser sincero y solidario (entre otras muchas cosas), os reto, mis asidu@s lectores/as y/o visitantes ocasionales, a que seais solidarios conmigo en este mi ejecicio de sinceridad, y que contestéis el test, compartiendo aquí vuestro resultado, sea cual fuere.

Os llevará una media hora (sí, media hora) porque son un huevo de preguntas, pero se hace ameno porque mientras te van dando opciones, te vas riendo, aceptando que te gusta o practicas tal o cual cosa.

El frikitest, aquí.

Suerte; espero esas puntuaciones.

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jueves, 28 de junio de 2007

Las edades del hombre III

Echa una mano, no des ceraCrepúsculo. Espero a un amigo. Siempre llega tarde, como yo. Respiro mi temperatura ideal, como si quisiera memorizarla para siempre. No hay frío, no hay calor, no hay más estaciones. Sólo estos deliciosos 24 grados. Veo el reflejo anaranjado del sol que se oculta. Lentamente, el cielo se oscurece.

Estoy junto a una boca de metro. Veo pasar a la gente. La observo. Jóvenes, mayores, gente con prisa o sin ella. Gente que se encuentra y sonríe. Amigos, viandantes varios. De vez en cuando, algún grupo se encuentra junto a mí. Les miro, les escucho. Me meto sin querer (o no tanto) un poquito en sus vidas. No por nada en especial, sólo escucho y observo.

Unos quinceañeros se encuentran. Él, tímido, prefiere quedarse en segundo plano. Es "Carlos" (hace muy poco que salen juntos, a ella no le mola decir "mi novio", ni puede decir "un rollito" delante de él). Ellas tres se ponen rápidamente al día sobre sus últimos escarceos. Les miro a todos y siento la distancia. Estudio el lenguaje no verbal, riquísimo. Entiendo por qué hablan sobre eso, sé lo que sienten. Ya pasé por allí, hace tiempo. Me siento un poco Mr. Scrugg, observándose a sí mismo junto al fantasma de las navidades pasadas.

Otro grupo, esta vez de prejubilados (por lo de la edad). Llevan un paso lento, tranquilo. Caras serenas, de sutil satisfacción. Disfrutan del paseo, de la compañía, de la conversación. Son la imagen más alejada del agobio. Una de las mujeres cruza una corta mirada conmigo. Sus ojos ligeramente rasgados, inteligentes, se clavan en mí. Hablamos durante unas décimas de segundo. Ella vuelve a lo suyo, y me encuentro en la situación inversa a la anterior. Ella ha vivido casi el doble que yo, y es posible que en esas fracciones de segundo también haya sentido la distancia. Pienso en todo lo que me queda por vivir, en todas las experiencias que tengo que pasar. Intento adivinar qué habrá pensado ella al mirarme.

La edad nos hace tan diferentes, aunque en el fondo seamos los mismos... ¿Por qué la gente no entiende que todos nosotros hemos sido cocineros antes que frailes, que hemos pasado por la pubertad, la juventud, etc. antes de llegar a la madurez en la que nos encontremos ahora? ¿Por qué tanta gente se cree el amo del mundo a los 25, a los 30, a los 35, 45, etc.? ¿No saben que no estamos sino recorriendo un camino? ¿Que cada estadio intermedio es temporal, y que siempre habrá gente "más" que nosotros? Más experimentada, más inteligente, con más poder o más pasta. Por lo tanto, ¿por qué mirar a nadie con cualquier tipo de sentimiento de superioridad? Lo he visto tantas veces que me llego a acostumbrar. "Son unos niñatos". Si eso dices de unos chicos simplemente porque tienes 20 años más que ellos, ¿qué crees que piensa de ti la generación de tus padres cuando te ven con tus crisis existenciales de los 40? No, seguramente no te lo has planteado.

Hagamos algo útil con esa experiencia que tanto nos costó conseguir: comprendamos y apoyemos a los que están luchando por escribir esa parte del libro en la que nosotros ya escribimos.

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