Mostrando entradas con la etiqueta edades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta edades. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de marzo de 2008

Las edades del hombre VII

El finalRecuerdo una vez, hace muchos años. Alguien me hizo una comparación. En aquel momento me gustó, pero no le hice mucho caso. El objeto de la comparación era algo que yo tenía, y que nunca había perdido. Aquellos eran tiempos en los que todo nace, y mi corta comprensión de las cosas de la vida no me permitió entender la profundidad del consejo que me estaban ofreciendo.

Las amistades son como un árbol. Crecen con el tiempo. Al principio puede que sólo sea un único tronco, pero a poco que le des lo que necesita, verás crecer sus ramas, sus hojas. Incluso habrá un tiempo en el que lo veas crecer casi sin preocuparte por él. Pero a los árboles, como a las amistades, hay que cuidarlos. Hay que regarlos, hay que abonarlos. Hay que alimentarlos. Porque llegará un momento en el que, si no lo haces, el árbol comenzará a secarse. Empezarás a ver caer sus hojas, se arrugarán sus ramas. Perderá color, y al final, si no lo evitas, se secará. Si te das cuenta antes de que se seque del todo, y luchas por salvarlo, puede que tengas suerte y consigas recuperarlo, pero si no lo haces, si crees que puede vivir solo, sin que te ocupes de él, lo verás morir. Y en ese momento ya no podrás hacer nada por recuperarlo. No valdrá de nada abonarlo, ni regarlo. Habrá muerto, y sólo podrás lamentarte de no haberlo cuidado como se merecía.

Una buena amistad es algo vivo, que debes cuidar. Es el mayor de los tesoros, y sólo te das cuenta de la profundidad de esta simple afirmación con el paso de los años, con la edad. Cuando ya has visto secarse a varios árboles, te preguntas por qué; con lo fácil que habría sido cuidarles un poco, mantenerles vivos. Qué poco habría costado.

In English, please

domingo, 2 de diciembre de 2007

Las edades del hombre VI

Otra vuelta másEsa noche Marc estaba más pensativo de lo habitual. La mirada perdida en el fondo de su vaso de whiskey añejo y esa suave música de Brahms. Hace balance de lo que tiene, de lo que es. Repasa el debe y el haber. Sabe que hay tantas cosas en el debe que no encuentra importante su haber. Sabe dónde querría estar, dónde no está. Tan lejos se encuentra de su Shagri-la que la ve perdida. Cree que ya nunca podrá alcanzarla. La ve alejarse día tras día, como el puerto que deja atrás el barco que zarpa. Cada vez más pequeño, hasta que desaparece.


Agita su vaso en círculos, haciendo que el líquido ámbar se apriete contra las paredes. Se detiene, observando cómo pierde velocidad. "Es bello", piensa. La luz halógena hace todo tipo de reflejos en la bebida. Por momentos, todo desaparece, y pasan por su mente flashes de todas sus oportunidades perdidas. "No es justo", se plantea, aunque enseguida cae en la cuenta de que hay tantas injusticias realmente importantes en este mundo, que entiende que ésta es insignificante, por muy triste que le haga sentir.

Mira hacia su izquierda, viendo su imagen reflejada en la ventana, enmarcada por la negra noche. Descubre la tristeza en su rostro, una tristeza marcada y profunda, que nace del interior. Le da pena de sí mismo por ello, sabedor de que las cosas no eran así hace un tiempo. Pero el tiempo avanza para no volver; la vida es un continuo cambio. Se mira a los ojos para decirse una última frase antes de abandonar:

"Feliz cumpleaños, Marc".

In English, please

domingo, 28 de octubre de 2007

La música V

Ahí están los recuerdosEs sábado por la tarde, y un hombre, ensimismado en sus pensamientos, avanza entre la ruidosa riada de gente que se desplaza por el túnel buscando su destino. Al fondo, en una esquina, un guitarrista finaliza una pieza. "Éste es bueno", piensa el viajero. Tras una breve pausa en la que se pregunta por qué alguien que toca tan bien la guitarra pide en el metro, comienza a tocar de nuevo. Suenan los primeros acordes de esa pieza que tantas veces escuchó hace años: Recuerdos de la Alhambra, de Tárrega.


Las notas de las seis cuerdas inundan el túnel. Un escalofrío le recorre el cuerpo de arriba a abajo. Con la mirada fija, todo comienza a desaparecer ante sus ojos: la gente, los carteles, las paredes. El bullicio de la gente se disipa y sólo parece sonar esa melodía arpegiada que se desplaza delicadamente hacia él y le envuelve. Un eco de la música que forma parte de su vida. Un pasado que aparece de repente de la mano de esa melodía, al que decide dejarse llevar por unos instantes.

Fue un tiempo en el que la vida era sencilla, no había preocupaciones ni obligaciones, y disfrutar de su infancia era lo único en lo que tenía que pensar mientras veía pasar los días. La música de una guitarra llenaba sus tardes, bordando aquella época con una tranquilidad que ya nunca le abandonaría.

Mientras pasa junto al músico, nota como sus ojos se estremecen con el recuerdo. Se aleja, y la fuerza de ese sentimiento se desvanece poco a poco, al igual que los arpegios que parecen juguetear saltando a su lado. Antes de doblar la esquina, vuelve la cabeza una última vez. Sólo ve, al fondo, una brillante luz blanca. En ella, su hermano mayor. Sentado en el sofá-cama de su habitación, toca la guitarra. Albéniz, Granados, Tárrega. Se ve él mismo, sentado en el suelo, jugando con aquellos cochecitos que tanto le gustaban, escuchándole. Hora tras hora.

Dobla la esquina y deja ir el recuerdo como aquel globo que se le escapó. Piensa en el tiempo que ha pasado. "28 años... vaya, parece que fue ayer". Mientras medita sobre el paso del tiempo, se pierde entre la gente. Mañana habrá otra melodía que despierte de nuevo esa mente llena de buenos recuerdos.

A mi hermano, que aunque a su manera, está ahí siempre que le necesito.

In English, please

sábado, 20 de octubre de 2007

El sexo II

Tomaos algo si pasais por allíHoy va de oportunidades. Va de actitudes, de ondas, de miradas y de sonrisas. Del tiempo que pasa, de cómo se siente uno en diferentes paises. De lo diferente de las sociedades, del frío y del calor, de las edades del hombre. Del sí y del no, y del por qué no.

A veces tienes sed. La Ley de Murphy dice que en ese momento no tendrás agua cerca. Otras veces, sin entender muy bien por qué, también sientes sed, pero todo es diferente. En estas otras, simplemente sabes que vas a encontrar agua en breve, muy pronto. Te sientes zahorí, y sólo has de saber mirar a tu alrededor para hallarla. No sabes explicarlo, pero sucede. Es como mágico. De repente, sólo tienes que alargar la mano y coger lo que deseas.

Pero no la alargas. No, no lo haces. Y te pasas el resto de la noche haciéndote preguntas que ya no tienen contestación. Has abandonado el sencillo proceso "tengo sed, bebo" justo antes de tomar el vaso. Agua cristalina, limpia, fresca. Lo que tu necesitas. Pero simplemente, no la tomas. ¿Por qué?

La vida está llena de preguntas sin respuesta y de oportunidades perdidas.

In English, please

lunes, 8 de octubre de 2007

Las edades del hombre V

Este será el único príncipe azul que encuentresTodos evolucionamos con el tiempo. Es como subir por la ladera de una montaña, despacito. La mayoría del tiempo miras hacia el suelo, decidiendo dónde pones los pies para no caer. A veces levantas la vista buscando el punto al que te has propuesto llegar, tu referencia. Incluso imaginas cómo será estar allí, aunque entiendes que sólo lo sabrás cuando llegues. Alguien te contó cómo es aquello allá arriba, pero lo que te cuenten no es comparable a verte allí, a vivirlo, a sentirlo. Quieres andar el camino, avanzar, llegar.

A veces, en el camino, te detienes, y haces algo que a todos nos viene extraordinariamente bien de vez en cuando: volver la vista atrás y comprobar cuánto hemos avanzado. Lo alto que estamos ya. Desde ahí, se ve todo pequeñito, allá a lo lejos.

No obstante, sucede algo más: ves gente subiendo por donde tu subiste; ves gente andar el camino que tu dejaste atrás. Los ves allí, lejos. Sabes qué camino seguirán, más o menos, hasta llegar a donde tu estás. Pero sabes que les queda mucho todavía. Que esa parte del camino es dura. Que si les adviertes de lo que hay donde tu estás, no harán caso, querrán elegir su propia ruta, como tu eliges la tuya para continuar subiendo. Por eso lo entiendes, y los respetas. Pero no puedes evitar sentir la distancia.

Hubo una época en que creía en el amor ideal, la mujer perfecta. Idealista como es uno, buscaba la perfección en mi compañera como el que busca una rara perla negra, dejando a un lado bellas perlas blancas. Luego vinieron los desengaños, los golpes y la cruda realidad: ni tu perla negra existe, ni si existiera la ibas a encontrar, y si la encontraras... tu no serías su perla negra. Al final, te acabas dando cuenta: eso no es lo que hay que buscar; la perfección no es lo importante.

Esta visión que me da la perspectiva de la altura (relativa, como todo), me separa de quien, allá abajo, no sabe que si sigue por ese camino, encontrará unos enormes zarzales en los que despertar de ese sueño de amor idealista. Pero claro, es la típica mala noticia que uno no quiere escuchar.

Hay quienes todavía creen en príncipes azules. No saben que... destiñen.

In English, please

jueves, 12 de julio de 2007

Las edades del hombre IV

No todos los sueños se cumplenTodavía no he llegado a la mitad de mi vida, pero ya he pasado ese punto en el cual te paras a hacer repaso de dónde estás, y compruebas si coincide con dónde querías estar al llegar aquí. El momento, o la frecuencia con la que hacemos esto, no es un estándar; hay gente que navega por la vida improvisando, sin plantearse nada, mientras que en el otro extremo, otros se pasan los años hamleteando sobre todo. Por ahí en medio andan los que lo hacen el 31 de diciembre a las 23:45, aunque claro, sin demasiadas pretensiones. Personalmente opino que no viene mal hacerlo de cuando en cuando, sobre todo cuando tienen lugar cambios de importancia en tu vida; los finales de etapa, los comienzos de otra. Puede ayudar a situarte, y te puede dar información valiosa sobre lo que hiciste bien o mal, por si pudieras aplicarlo en el futuro.

Y puedes encontrar que efectivamente, no estás donde creíste que ibas a estar. No tienes lo que creíste que ibas a tener. No has hecho lo que creíste que ibas a tener hecho. E incluso puede ser peor: puedes encontrar que ya no podrás tener algunas de estas cosas, que tu momento ha pasado. La sensación que te queda no es nada agradable.

Es por esto que conviene tener cuidado con lo que se desea para uno, porque no sólo puede suceder como en el dicho, que se cumpla, sino que puede pasar todo lo contrario, que no se cumpla. Y aunque sea muy, muy difícil, deberíamos hacer un ejercicio de madurez y previsión cuando lanzamos nuestros deseos al aire, y pensar cómo nos puede sentar al cuerpo si años después éstos no se ven completos.

Parece un poco pesimista el post, pero no es la intención; es sólo una reflexión con moraleja: la vida da muchas vueltas, y no está de más llevar un poco de realismo en el fondo de la maleta, porque aunque tengamos muchas ilusiones y luchemos por ellas, a veces la vida nos colocará donde no pensábamos ir, y nos será maravillosamente útil saber encajarlo sin frustraciones.

Aunque quizá sea mejor disfrutar de Diana Krall sin darle vueltas a esto...



In English, please

jueves, 28 de junio de 2007

Las edades del hombre III

Echa una mano, no des ceraCrepúsculo. Espero a un amigo. Siempre llega tarde, como yo. Respiro mi temperatura ideal, como si quisiera memorizarla para siempre. No hay frío, no hay calor, no hay más estaciones. Sólo estos deliciosos 24 grados. Veo el reflejo anaranjado del sol que se oculta. Lentamente, el cielo se oscurece.

Estoy junto a una boca de metro. Veo pasar a la gente. La observo. Jóvenes, mayores, gente con prisa o sin ella. Gente que se encuentra y sonríe. Amigos, viandantes varios. De vez en cuando, algún grupo se encuentra junto a mí. Les miro, les escucho. Me meto sin querer (o no tanto) un poquito en sus vidas. No por nada en especial, sólo escucho y observo.

Unos quinceañeros se encuentran. Él, tímido, prefiere quedarse en segundo plano. Es "Carlos" (hace muy poco que salen juntos, a ella no le mola decir "mi novio", ni puede decir "un rollito" delante de él). Ellas tres se ponen rápidamente al día sobre sus últimos escarceos. Les miro a todos y siento la distancia. Estudio el lenguaje no verbal, riquísimo. Entiendo por qué hablan sobre eso, sé lo que sienten. Ya pasé por allí, hace tiempo. Me siento un poco Mr. Scrugg, observándose a sí mismo junto al fantasma de las navidades pasadas.

Otro grupo, esta vez de prejubilados (por lo de la edad). Llevan un paso lento, tranquilo. Caras serenas, de sutil satisfacción. Disfrutan del paseo, de la compañía, de la conversación. Son la imagen más alejada del agobio. Una de las mujeres cruza una corta mirada conmigo. Sus ojos ligeramente rasgados, inteligentes, se clavan en mí. Hablamos durante unas décimas de segundo. Ella vuelve a lo suyo, y me encuentro en la situación inversa a la anterior. Ella ha vivido casi el doble que yo, y es posible que en esas fracciones de segundo también haya sentido la distancia. Pienso en todo lo que me queda por vivir, en todas las experiencias que tengo que pasar. Intento adivinar qué habrá pensado ella al mirarme.

La edad nos hace tan diferentes, aunque en el fondo seamos los mismos... ¿Por qué la gente no entiende que todos nosotros hemos sido cocineros antes que frailes, que hemos pasado por la pubertad, la juventud, etc. antes de llegar a la madurez en la que nos encontremos ahora? ¿Por qué tanta gente se cree el amo del mundo a los 25, a los 30, a los 35, 45, etc.? ¿No saben que no estamos sino recorriendo un camino? ¿Que cada estadio intermedio es temporal, y que siempre habrá gente "más" que nosotros? Más experimentada, más inteligente, con más poder o más pasta. Por lo tanto, ¿por qué mirar a nadie con cualquier tipo de sentimiento de superioridad? Lo he visto tantas veces que me llego a acostumbrar. "Son unos niñatos". Si eso dices de unos chicos simplemente porque tienes 20 años más que ellos, ¿qué crees que piensa de ti la generación de tus padres cuando te ven con tus crisis existenciales de los 40? No, seguramente no te lo has planteado.

Hagamos algo útil con esa experiencia que tanto nos costó conseguir: comprendamos y apoyemos a los que están luchando por escribir esa parte del libro en la que nosotros ya escribimos.

In English, please

sábado, 2 de junio de 2007

Las edades del hombre II

El puebloÉrase una vez un crío. Pasaba sus veranos, semanas santas, resto de puentes y fiestas de guardar en un pequeño pueblecillo al pie de un monte. Disfrutaba como nadie con todos los chavales de su edad. Salía de casa por la mañana y sólo aparecía a la hora de la comida y a la del bocata. Los días eran eternos. En aquella época no había consolas, ni ordenadores o internet. No había móviles ni correo electrónico. Jugaban a cualquier cosa, y lo pasaban bien todos juntos, chicos y chicas. En el prado, en el monte, en las vías del tren. En la vieja fábrica, en el túnel. En la finca del rico del pueblo, en la carretera. Cualquier sitio era bueno. Podían ir donde quisieran, salir y entrar. Una maravillosa infancia y adolescencia llena de amigos.

El tiempo pasó. Los críos crecieron. Ahora ellas son mujeres, y ellos son hombres. Muchos tienen hijos, que están empezando a disfrutar en el mismo entorno. Los viejos amigos se reencuentran. El tiempo ha sido clemente con algunos, más duro con otros. Sin embargo, las sonrisas y las miradas cómplices hacen resonar ecos de aquella maravillosa época. Las preguntas de rigor, como en la canción de Louis Armstrong, esconden un "cómo te he echado de menos, amigo". Cuántas cosas por preguntar, por saber, y qué poco tiempo para hacerlo. No se resumen 16 años en tres frases. Pero se sonríe. El brillo de aquellos días resplandece en nuestros ojos.

Te vas, volviendo la vista atrás una última vez, y contemplando lo que fue el escenario en el que tantos días disfrutaste, viviste, aprendiste y creciste. Gran parte de él ha cambiado, pero muchos rincones conservan aún la esencia. Todavía está allí aquel árbol en el que todos nos subíamos, aquella piedra en la que nos sentábamos por las noches. El mismo olor a jara, el mismo aire fresco. El canto de los grillos y los ladridos de los perros. Si cierras los ojos podrías creer que es una de aquellas noches de verano.

Todo quedó atrás. Abres los ojos y te das cuenta de que ya nada es lo mismo; ni las casas, ni los caminos, ni tus amigos... ni tú. Una agridulce sensación te invade, y una media sonrisa se dibuja en tu rostro. Intentas comprender el por qué del paso del tiempo, te preguntas si ellos te han visto a tí mejor o peor que tú a ellos, te preguntas cómo es posible que 15 años no se noten en algunos... y cómo puede estropear tanto a otros. Te preguntas dónde estaremos todos dentro de otros 15 años. Cómo seremos, quién más habrá, quién no estará. Te invade un largo silencio, como si estuvieras de luto por aquella época que ya murió. Meditas igual que se hace tras los entierros, sobre lo efímero de la vida, lo pasajero de nuestra estancia, lo corta que se te hace. Te preguntas qué serás capaz de hacer con el tiempo que se te ha dado.

In English, please

sábado, 24 de febrero de 2007

El amor I

¿Amor o necesidad?Fina es la línea que separa el amor de la necesidad. "When I was young, I never needed anyone", nos canta Eric Carmen. Efectivamente, cuando somos jóvenes, la balanza entre el amor y la necesidad está totalmente desequilibrada a favor del amor. La necesidad no está entre los parámetros de los jóvenes, salvo raras excepciones (sólo conozco un caso). Pero las cosas cambian con la edad. Cada vez nos movemos menos, salimos menos, y nos es más difícil conocer gente y entablar relaciones, por lo que los períodos de soledad (si existen) se van haciendo cada vez más largos. Esto, junto a ciertos temas relativos al arroz, se ponen en el otro lado de la balanza. También, con la edad, se va apagando esa necesidad de sentir amor en su vertiente más fogosa, pasional y visceral, y otras necesidades ligeramente diferentes van tomando protagonismo: la de sentirnos queridos, la de tener cariño a nuestro alrededor, la de contar con alguien a tu lado.

Querer a alguien no es lo mismo que necesitar a alguien. Hay gente que no sabe estar sola, que no puede vivir sola. Estar solo es fácil de decir, pero muy difícil de soportar. Las personas que necesitan a alguien a su lado no conciben la vida sin su pareja, no son capaces de imaginar cómo vivirían sin alguien junto a ellas. Este fenómeno es curioso de ver, pero existe, incluso en jóvenes. Hay personas que necesitan tener a alguien que esté pendiente de ellas, sólo para sentirse bien. La componente egoísta de estos perfiles es enorme, y ni siquiera conciben que tengan ningún tipo de problema.

Leaving Las Vegas (Nicolas Cage, Elizabeth Shue, 1995) dibuja a la perfección esta línea de la que hablo. Sera (la buscona) se enamora (¿necesita?) de Ben, el alcohólico. Él la trata bien, la respeta, seguramente más de lo que nadie lo hizo nunca. Ella le quiere, le necesita. No quiere estar sola. Él es la única persona que ha demostrado sentimientos por ella, quitando su chulo, que no parecía apreciarla mucho. Ella tiene necesidad de tener alguien a su lado. Es también esta necesidad la que mantiene "unidas" a muchas parejas, que ven cómo su relación se ha ido al traste hace tiempo, pero que no quieren dejarla atrás por esta razón. Tantos años teniendo, para dejar de tener casi de golpe... Verdaderamente duro.

Es algo para plantearse, cuando conoces a alguien nuevo. Se mete en tu vida y de repente, ahí está. ¿La quieres? ¿O...la necesitas? No estaría mal que nos hiciéramos esta pregunta al poco de comenzar con alguien. Nos ahorraríamos muchos disgustos futuros...

In English, please

viernes, 23 de febrero de 2007

Las edades del hombre I

Todos somos más o menos igualesEs curioso ver cómo cambiamos con el tiempo. Cómo evolucionamos. Cómo eso que creíamos un principio fundamental de nuestra personalidad, se ajusta, se moldea, cambia... y a veces incluso desaparece. Sí, las cosas cambian; las personas también. No lo sabemos hasta que nos pasa la primera vez. "Yo soy así, y no cambiaré" es una frase de quien no ha vivido lo suficiente. Al que ha vivido, la propia vida se ha encargado de hacerle ver cuán equivocado estaba.

Cuando tenía titantos veía a las chicas de taitantos como mujeres mayores. Lo del bolso me asustaba. Cuando me acercaba a los 30 fui entendiendo que lo del bolso no quería decir que sólo pensaran en casarse o en sus hijos. Y ahora, año tras año, me doy cuenta de que da lo mismo la edad. Somos más o menos las mismas personas, con matices, pero los mismos. Solo que más mayores. Todo aquel a quien preguntes, te dirá lo mismo: "yo me veo básicamente igual que cuando tenía 10 ó 15 años menos". Todos nos vemos más o menos igual. Son sólo los ojos de los demás los que nos ven mayores. Todos tenemos esa extraña sensación a veces, cuando alguien 7 u 8 años menor que tú dice de hacer algo, y te mira como pensando "a ver éste, que como está mayor, no le apetecerá". Tú lo notas y piensas "joer, chaval, que yo soy exactamente igual que tú, sólo que nací 6 años antes..."

¿Quién no ha tenido nunca esa sensación?

In English, please