Mostrando entradas con la etiqueta ciudad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciudad. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de agosto de 2008

Curiosidades XV

Dime cómo cruzas...Llevo 20 años conduciendo diferentes vehículos, y unos 35 cruzando calles por donde debía y por dónde no debía. Como persona observadora que soy, y dado que mientras esperas que un peatón cruce ante ti no puedes hacer otra cosa, he ido catalogando a los personajes que he visto cruzar, y los he agrupado en lo que pienso que son las clases de peatones a la hora de atravesar un paso de cebra:

El tímido
Es el que se queda 3 horas esperando a que pasen todos los coches, estén estos a 15 m. o a 300. Sólo pasarán cuando, después de haberte parado, les indiques con la mano o la mirada que pueden hacerlo.

El suicida
Este peatón se lanza a la calzada por cualquier sitio y sin mirar. Son los que salen en el telediario.

La retrasada
Es aquella madre que, sin mirar, saca el cochecito con su bebé al centro del paso de cebra, y cuando ella (como hace cuando va sola, claro) llega al borde del coche aparcado, entonces mira a ver si viene alguno. Ni que decir tiene que para cuando empieza a mirar, el bebé está en medio de la calzada, por supuesto. Qué lástima que no lo hagan al revés, cáchis...

Patapalo
Estos son esos peatones que, vagamente pendientes de si vienen coches o no, lanzados o no, o de si van a parar o no, clavan su mirada en el muñequito rojo de la acera de enfrente que les impide cruzar legalmente. Y son los que, con reflejos felinos, se lanzan a cruzar 12 milisegundos después de que aparezca el muñequito verde, sin importarles lo que pueda suceder a su izquierda. No recuerdan que las normativas de circulación y las leyes no les protegen del acero de los coches. No saben que "estaba en verde" no son las palabras mágicas para volver a andar.

El paradiña
Este peatón tiene típicamente entre 15 y 25 años. Obra de la siguiente manera: todavía desde la acera, cuando calcula que vas a llegar antes que él al centro del paso de cebra y que por lo tanto no pararás (tendría que pararse él), acelera disimuladamente su paso lo justo para llegar antes, y una vez que comprueba que te obligará a detenerte, realiza una paradiña con un espectacular juego de cadera, bajando la cadencia de su paso hasta igualar el de un bebé, para subrayar su brillante y merecida victoria sobre el conductor de la máquina asesina. Es fácil encontrar este tipo de peatón en grupos de 3-5 adolescentes que buscan ese fugaz momento de gloria vacilando al conductor.

El esquinero
Este tipo de peatón encuentra estadísticamente su mayoría en el colectivo femenino, no me preguntéis por qué. Son las que se ponen a cruzar en esa calle por la que tu vas a girar a la izquierda o a la derecha, en la que no hay ningún paso de cebra, y pese a que ven perfectamente tu intermitente, que calculan que te harán parar en medio de la calle para no llevártelas por delante y que probablemente obstaculizarás el tráfico si te quedas ahí parado esperando a que pase. A diferencia de el paradiña, no modifican su paso ni un ápice, y en su rostro no se refleja el triunfo, sino la indiferencia y la superioridad a partes iguales. Ni te miran.

El torero
Este es el peatón más divertido de observar. Se comporta exactamente igual que un torero en los últimos pases antes de entrar a matar. Cuando se lanza al paso de cebra lo hace mirándote desafiante y con el paso firme ("tú quieto ahí"). Cuando, haciendo uso del ABS y el ancla, consigues detener tu coche a dos palmos de sus piernas, reproducen el gesto del torero que, tras detenerse a 30 cm. del toro exhausto y ponerle la mano en la testuz, la retira con gesto de desaire y se da la vuelta, dándole la espalda a la bestia y esperando la ovación del respetable ante tamaña muestra de valor. Una vez que el peatón ha hecho parar al coche a 50 cm. de sus piernas sin vacilar, se limita a volver con desprecio la cabeza, normalmente en dirección contraria al coche, para seguir su orgulloso paseillo mientras imagina la plaza a su alrededor y a la muchedumbre que le grita "¡¡olé!! ¡¡torero!!"

Afortunadamente para todos, la mayoría de la gente se comporta como una persona normal cuando cruza una calle. Pero apuesto a que todos habéis visto a algún individuo de estos alguna vez. ¿Me equivoco?

In English, please

jueves, 8 de noviembre de 2007

La soledad VIII

Vuela, vuelaEs un ventoso día de otoño, y aunque ya empieza a hacer frío, Marc decide caminar. No tiene prisa, nadie le espera. Cierra su gabardina y alza el cuello para protegerse un poco mejor. En el fondo le gusta sentir el aire fresco en la cara, pero hoy está un poco despacible. Un gesto en su bolsillo y su MP3 comienza a sonar. Amaral le canta una canción que conoce perfectamente.


Las calles se suceden. El viento le alborota el pelo mientras se fija en lo curioso de la letra. Parece que la está viviendo. Recuerda una situación; recuerda haber hecho daño a alguien. No está orgulloso de ello, pero sabe que a veces viene bien darse de bruces con la realidad. Duele, pero indica por dónde no puedes ir. Ayuda a encontrar otro camino.

Se acabaron los días de verano. Llegan, una vez más, los días de otoño y los de invierno, que le harán recordar de nuevo lo solo que está. Las noches cada vez más largas pondrán a prueba su aguante. Pero está decidido a seguir caminando, donde quiera que le lleven sus pies. Sabe que no puede pararse.

Al pasar por el templo de Debod decide verlo de nuevo, a la luz del día. Al fondo hay una bonita vista. Apoya sus manos en la valla y deja que el aire frío de la tarde inunde sus pulmones. Por unos instantes, es como si nada sucediera. La mirada fija en el horizonte, la mente muy lejos de allí. Un avión, una isla. El tiempo pasa y no vuelve.

De vuelta al presente, da media vuelta y regresa a su ruta habitual. Se cruza con unos y otros, desconocidos todos. Hay movimiento. La ciudad, en el fondo, parece alegre. Parece.

In English, please

domingo, 28 de octubre de 2007

El amor IV

Sexo en Nueva YorkNunca me ha gustado especialmente la televisión; de hecho, rara vez la veo. Me parece una bazofia infumable, sobre todo los canales generalistas. Pero últimamente me estoy americanizando, y he descubierto que la única TV que se salva es la de pago. Hay algunos canales que merece la pena ver; algunos de vez en cuando y algunos continuamente. Entre los primeros, el que emite la serie que veo siempre que pillo: Sex and the city, o Sexo en Nueva York, el título que han decidido darle aquí.

La serie está protagonizada por cuatro amigas de taitantos que viven en Manhattan. Relata sus peripecias, crisis existenciales, sus pequeños y grandes triunfos y sus miserias. Sobre todo éstas. Cada una de las cuatro mujeres es diferente, y aún así comparten su amistad, cada una a su manera.

Casi todo lo que se cuenta en la serie está relacionado de alguna manera con los hombres y el sexo. Al ser cuatro mujeres muy distintas, cubren un amplio espectro de personalidades, estando reflejadas las más comunes que nos encontramos en la vida real. Creo que por eso me gusta esta serie, porque en cierto modo me veo reflejado en algunas de las situaciones que se relatan, ya que aunque algunas sean bastante previsibles, en general son auténticas.

Lo que no me parece tan bien es que ponen a todos los tíos a caer de un burro como si eso fuera la norma. Es cierto que si las cosas fueran más light la serie no tendría tanta audiencia, pero vamos, tampoco creo yo que sea para tanto. Es como si no supieran encontrar nada más que psicópatas, trastornados y tíos raros en general. El único consuelo para esto es que ellas tampoco son ninguna perita en dulce. Las cuatro distan bastante de lo que llamaríamos una mujer normal. Exigentes, maniáticas y envidiosas, van de relación en relación, de hombre en hombre sin encontrar nunca su media naranja. Mientras, se lo van contando frente a cafés, cenas o cervezas y se lo pasan estupendamente, aunque al final acaben durmiendo solas después de un nuevo fracaso.

En realidad, es la vida misma. A los treinta y tantos, a poco que te hayas movido por ahí, estás en una situación parecida a la de estas chicas. Buscas ese alguien que te haga levantar el vuelo para no volver a pisar tierra, y mientras tanto te mueves dando saltitos, pero no despegas. Te vuelves cada vez más especial y más egoista, aguantas cada vez menos y tu persona ideal es cada vez más una utopía y menos una realidad. Si te descuidas un poco y decides salirle al paso a tu destino, puedes incluso hacer tu propia serie.

Me parece entretenida, la verdad. En toda la parrilla, aparte de House, no hay muchas más series que se dejen ver, y muchas menos aún alguna con la que te puedas sentir en cierto modo identificado. Así que, especialmente si andais entre la treintena y la cuarentena, os la recomiendo efusivamente. Hasta puede que aprendais algo, como yo.

In English, please

sábado, 7 de julio de 2007

La sociedad III

En casa me lo hacen mejorHace poco invertí en un equipo home cinema. Mucha gente no entiende el por qué de esta inversión, yo creo que porque no van al cine. Antiguamente, uno iba al cine a pasar un buen rato y a disfrutar de la película. Después, te habría gustado más o menos, pero eso ya era cuestión de tu buen ojo eligiendo. Desde hace años, la situación es bien diferente. La inmensa mayoría de las veces que he ido al cine estos últimos 5 años (¿4, 5 veces en total?) sólo me ha valido para NO disfrutar de la película y salir mosqueado. Las razones, supongo que serán conocidas por todos:


  • El grupito mixto de adolescentes sobrehormonados que sólo saben disfrutar del cine jodiéndole la película a los demás
  • La cría de 12 años que estrena su móvil personal, lo lleva bajo el brazo como hasta hace nada llevaba su muñeca de trapo, lo coge en mitad de la película y se pasa 3 minutos explicándole en tono normal a su amiga Vane que "sí...en el cine...no, no importa... sí, luego vamos a quedar todos... no, tía, paso, que he discutido con Javi... bah, lo de siempre, luego te cuento... " mientras yo pensaba qué decirle
  • Los comedores compulsivos de nachos y otras delicatessen más aromáticas
  • La pareja de grullas cincuentonas que no paran de cotorrear y reirse bien sea la peli de humor, de terror, un drama o un musical, con comentarios chistosos del tipo "¡¡mira, ese se parece al cabrón de tu ex-marido!!"
  • La butaca rota que me tocó en suerte
  • El/la imbécil que no sabe que cuando cruza las piernas una y otra vez (¿coño, tienes almorranas o qué?) y le da una patada a la butaca de alante (la tuya) es como si te diera una patada en tu propia espalda
  • El precio de las entradas, que ya se puede ver a 6,5 euros (1081 ptas. de las de antes) en muchas salas, sea la película buena o sea una bazofia infumable
  • La gente que, media hora antes de la peli, piensa en su casa "¿qué hacemos esta noche? ¿vamos al cine?" y naturalmente, llegan 10 minutos tarde (anuncios incluidos) y levantan a toda la fila
  • Los que, en vacaciones escolares, ya no saben qué hacer con los niños, y como no les tocaron dos dedos de frente cuando repartían, les llevan a ver pelis que no son adecuadas para su edad, y se tienen que salir en plan safari con porteadores a mitad de la peli
  • Los cerdos que creen que por pagar 6,5 euros tienen derecho a dejarle al siguiente que venga las butacas, suelo, etc. hechos una porquería de palomitas, refrescos, envoltorios, etc.

Podría seguir, pero creo que está claro. En la otra orilla, tenemos la inversión:

  • Invierto 12 euros en una película, que veo varias veces, en varios idiomas, con subtítulos y con extras. Hasta se las presto a los amigos/familia si se portan bien, lo que permite un rápido retorno de la inversión (ROI)
  • Me abro una cervecita, pillo unas aceitunas y un poquito de jamón, y hago de una sesión de cine en casa una experiencia mística
  • El sonido me envuelve y me permite disfrutar al 100% de la película, y además al volumen que yo considero adecuado, sin tener que agudizar el oido ni atronarme como en muchos cines
  • Puedo darle a la pausa para el momento baño
  • Puedo repetir una escena si lo considero oportuno
  • No molesto a nadie, nadie me molesta y no tiene lugar ninguna de las situaciones enumeradas anteriormente
  • Cuando acabo de ver la peli, me queda una agradable sensación de cine, sé que la he aprovechado al máximo y que recordaré los detalles (si merecía la pena), ya que no he tenido que estar más pendiente de la gente que me rodeaba que de la propia película

La única contrapartida es que no todos tus vecinos comparten tus gustos cinematográficos; pero bueno, esto es un mal menor. De cualquier modo, creo que entendereis por qué ya no voy al cine.

In English, please

lunes, 25 de junio de 2007

Curiosidades XI

La junglaEl otro día cogí el metro. Como las últimas veces, en cada trayecto coincido con una más de las muchas personas que vagan por los trenes pidiéndote una ayuda cuando no es hora punta. No sé cómo se organizan, pero siempre me encuentro con alguna.

Recuerdo mis tiempos de universitario (17 estaciones desde mi casa, alta probabilidad de coincidencia), y pienso “todo evoluciona”. A mis tiernos 20 se llevaba el “es más triste de robar que de pedir”. A algunos no les avergonzaba decir que acababan de salir de la cárcel y tenían el síndrome. Después, todo ha ido evolucionando. Los mensajes, también.

En el apartado musical también hemos podido ver cambios en los últimos años, fruto de la mezcolanza de inmigrantes que estamos acogiendo. Antiguamente era casi exclusividad de algunos zíngaros y rumanos el amenizar el túnel con algún acordeón. De vez en cuando te encontrabas con algún violinista que te hacía pensar “¿cómo es posible que este tío este pidiendo en el metro con lo bien que toca, el jodío?”. Otros te hacían rogar “por favor, que le den algo, pero que deje de rascar las cuerdas, por lo que más quiera”. En estos últimos tiempos no es raro encontrar suaves guitarristas de bossa-nova, alguna pareja de flautas peruanas o algún vocalista ruso. Lo que sí han avanzado han sido las tecnologías. Ahora, algunos ya llevan el mini-amplificador a cuestas (con carrito de la compra, pero sin carrito; no sé si me explico) y se lucen con el micrófono mientras el dispositivo les proporciona un hábil acompañamiento. Otras, como la ¿oriental? que vi el otro día en Diego de León, compartían lo del ampli, pero sin pasearlo; los túneles de esos trasbordos dan para intentar lucirse.

Pero reconozco que la palma se la lleva la mujer (creo) que entró el otro día en mi vagón. Vestía como Doña Rogelia (pañuelo incluido), bajita, muy encorvada, creo que un poco contrahecha y apoyándose en un bastón, muleta o algo parecido. No daba la impresión de ser española, y desde luego, si quería llamar la atención de todo el mundo, lo consiguió con creces, porque con el mismo soniquete que empleaban en tiempos los pregoneros, comenzó a contarnos a voz en grito todo lo que no tenía. A juzgar por las caras de la gente, creo que todos debieron pensar lo mismo que yo, porque entre la pinta que tenía la mujer, la “entonación” y lo que decía, no estaba claro si iba en serio o era alguna broma de cámara oculta. Ni siquiera recuerdo si alguien le dio algo; estaba demasiado entretenido fijándome en la expresión de todos los que, alucinados, la miraban. Cuando salió, la reacción evidente de todo el mundo: mirarnos unos a otros preguntándonos si aquello iba en serio…

Desde luego, no podemos negar que el metro es una fuente inagotable de gente particular.

In English, please

martes, 12 de junio de 2007

La ciudad II

Un escote admirable como hay muchosEn muchos aspectos, me encanta Madrid. Un clima demasiado continental para mi gusto, pero delicioso en el entretiempo. Sí, las suaves temperaturas de la primavera y el otoño son demasiado cortas por estos lares. No obstante su fugacidad, la primavera en esta ciudad nos regala una explosión de cuerpos en flor, ávidos de mostrarse tras varios meses de obligada reclusión. Mujeres de todas edades, colores y condiciones muestran con una orgullosa naturalidad lo que los genes (y a veces la ciencia) les han dado, utilizándolo a modo de multiplicador de su atractivo, y a veces incluso de su belleza. La operación bikini está en su apogeo, los gimnasios están a reventar y los centros de bronceado a base de UVAs tienen unas colas (perdón, filas) por las tardes dignas de las mejores ofertas de rebajas. Todos sacamos la ropa de verano del armario y ellas sonríen al volver a ver esa camiseta que tantos beneficios les reportó el año pasado en la campaña publicitaria.

Y hete aquí que te encuentras paseando, sintiendo la brisa templada en el rostro, a veces incluso cerrando los ojos e inspirando, renaciendo de nuevo al calorcito del incipiente verano, pensando en los cálidos y agradables meses que tienes por delante, cuando te cruzas con esta marea de cuerpos que han decidido tomar el aire en bastante más superficie que la de la cara, cuello y manos. A eso le añades que tienes dos ojos en la cara, que no tienes problemas de conciencia y que adoras la belleza femenina por encima de casi todas las cosas, y... ya tienes el típico cóctel primaveral, que algunos autores expertos en la materia suelen denominar "ufff... qué calorr".

Así que ahí estás, paseando la ciudad, y disfrutando de la belleza que te sale al paso con la más limpia de las intenciones, cuando te percatas una vez más de lo de siempre (y no pretendo crear polémica con el sexo contrario): muchas mujeres disfrutan mostrando su escote bajo el lema "Got milk?" como si de un escaparate se tratara, pero se ofenden más allá de cualquier límite lógico si te cazan disfrutando del panorama. Y yo me pregunto: ¿para qué irán por la calle dejando tan, tan poco a la imaginación, si luego se ofenden cuando encuentran que algún simple va y hace lo que todos desearían hacer, es decir, echarles un buen vistazo? Es algo que escapa a mi comprensión, debo ser muy cortito. Después, si preguntas, hay algunas que, muy convencidas de su argumento, te espetan: "es que yo me pongo guapa para mí misma". Y tú piensas: "claaaro, claaro... como que si estuvieras en una isla desierta te ibas a poner todas las mañanas como un cuadro de Goya".

La verdad, hace años que ya no discuto sobre estas memeces. Pero me sigue llamando la atención el que se ofendan porque te fijas en lo que precisamente te están enseñando con el único objetivo de que sea admirado. Igual va a ser que son las dueñas del espectáculo las que van mucho más allá de lo debido con su imaginación, e imaginan que tus glándulas salivales trabajan mientras las miras, cuando lo único que haces es admirar su belleza como el que admira un Velázquez. Pero claro, ponte a explicárselo, porque ya sabes lo que pensarán de ti.

Qué le vamos a hacer. Viva la primavera.

In English, please

viernes, 1 de junio de 2007

La sociedad II

Tós juntosHace unas décadas éramos los españoles los que emigrábamos. Dejábamos todo, nos liábamos la manta a la cabeza, y nos íbamos a Alemania, Holanda y otros países europeos en busca de lo que no teníamos aquí. En busca de un futuro mejor, en busca del pan para nuestros hijos. Perseguíamos aquello a lo que todo ser humano tiene derecho: mejorar sus condiciones de vida, aún a costa de dejar atrás (quizá sólo temporalmente) todo lo que hasta ese momento ha sido tu vida. Dejar atrás tus raíces, tu pedacito del mundo y aventurarte en lo desconocido, sin saber si te irá bien o mal, si fracasarás o triunfarás, y lo que perderás en el intento, requiere de una alta dosis de valor. Emigrar a otro país en busca del pan y la sal requiere coraje. Y el que no lo entienda es que nunca lo ha intentado.

Ahora España ha cambiado. Es destino de inmigración, no fuente. Ahora ya no somos los españoles los que vamos por media Europa paseando nuestro salero y demostrando que somos unos currantes de pro. Ahora se ha dado la vuelta a la tortilla, y somos nosotros los que recibimos a los inmigrantes de gran cantidad de países que vienen al nuestro en busca de lo mismo que nosotros buscamos en Europa en su momento. Ahora tenemos la maravillosa oportunidad de demostrar de qué pasta estamos hechos, de demostrar cómo somos. De demostrar si tenemos memoria, y recordamos, cuando miremos a un ecuatoriano que se pierde en el metro, que hace 30 ó 40 años éramos nosotros los que nos sentíamos perdidos en mitad de Munich, rodeados de todos aquellos altos y rubios teutones que tan raro hablaban. Ahora es el momento de devolver todo aquello que nos fue dado. Lo más importante: una oportunidad. Todos los que en su momento emigraron tuvieron la oportunidad de trabajar, de demostrar que estaban allí para ganarse el pan, para ellos, para sus hijos, para sus familias en España. Es esa misma oportunidad la que necesitan los inmigrantes que hoy pueblan nuestras calles. La oportunidad de formar parte de esta sociedad.

Este es un tema espinoso, con muchísimos matices, lo sé. Y sé que lo estoy sintetizando demasiado, a riesgo de dejarme en el tintero consideraciones que todos tenemos en la cabeza. No obstante, lo básico está ahí: hace tiempo emigramos a otro país, ahora somos nosotros los que recibimos a los inmigrantes. Con tantas quejas que veo por todas partes, con tanto rechazo hacia la cantidad de extranjeros que vemos por la calle... ¿cómo nos hubiéramos sentido si cuando fuimos a trabajar a Alemania nos hubieran dado de lado? ¿qué nos hubiera parecido encontrar allí xenofobia, racismo, rechazo? Pensemos...

In English, please

domingo, 27 de mayo de 2007

La ciudad I

MadrizMadrid huele. Supongo que en cierto modo, cada gran ciudad tiene su olor particular, que la define, la identifica frente a otras. No creí que esto sucediera hasta que fui a La Habana. Uno de los detalles más destacables de esta ciudad es que tiene su propio olor, que se puede notar perfectamente paseando por sus calles. Nunca antes lo había notado en ningún otro sitio, y tras observarlo allí, presté mucha más atención en otros lugares. Efectivamente, Madrid también tiene su propio olor. Hay zonas en las que no se nota, pero sí, lo tiene. Id al centro y pasead con los orificios nasales bien abiertos. Después me podréis decir a qué huele Madrid.

In English, please

lunes, 2 de abril de 2007

La sociedad I

Ahí abajo, la sociedad españolaRecuerdo las otras urbanizaciones o pisos en los que he vivido. Estaban llenos de jóvenes. Me avergüenza decir esto por la parte que me toca, pero he visto una y otra vez cómo nadie conoce a nadie en estas comunidades, y cómo a nadie le importa esto lo más mínimo. ¿Quién les enseñó a todos estos incivilizados cómo comportarse en sociedad? ¿Papá y mamá? Pues vaya con esos papás...

Las sociedades están en continuo cambio, evolucionan. Los sociólogos sabrán más de esto. Cómo va a afectar a estas generaciones una serie de temas, como el hecho de que la vivienda cueste tanto que obliga a la mayoría de las parejas a que los dos trabajen fuera de casa, lo que deja en muchos casos la educación y el control de los hijos en manos de desconocidos o peor aún, en manos de aparatos conectados a la televisión (papá 1, papá 2, papá 3). Cómo nos está afectando el que en los telediarios tengan a bien mostrarnos en primer plano los trozos sangrantes de los seres humanos despedazados por el último atentado en oriente medio. Cómo afecta a nuestros hijos el ver cómo sinvergüenzas, vagos, inútiles y vividores tienen más éxito en esta sociedad y ganan más dinero viviendo del cuento que casi cualquier trabajador decente. Tantas y tantas cosas que aparecen en los últimos años y que forman parte de nuestra cotidianidad, sin duda están afectando a las nuevas generaciones, y sólo dentro de unos cuantos años, cuando ya sea tarde para poner remedio a nada, veremos los resultados.

Volviendo al tema: es realmente reconfortante ver cómo las personas mayores, en muchos casos ancianos, nos dan lecciones de urbanidad y comportamiento sin saberlo. Ver cómo no sólo conocen a todo el mundo, sino que se interesan, te preguntan cómo estás y cómo te va con una sonrisa en la boca. Sí, de vez en cuando cotillean, pero pídeles un favor, verás cómo están ahí al pie del cañón sin más interés que el simple hecho de echarte una mano. Resulta curioso ver el contraste de este tipo de comportamiento con el de los jóvenes. En las reuniones de vecinos, sin ir más lejos. La gente mayor trata los temas pensando en el bien de la comunidad, lo que nos irá mejor a todos, saben y calibran el impacto que tendrán ciertas decisiones para algunos vecinos, su problemática, e intentan minimizarlo. Curioso, al compararlo con ciertos personajes, desgraciadamente jóvenes, supongo que educados en la calle, que se expresan tan bien como un pitbull en la arena, y sólo van a las reuniones para explicar el problemón que tienen, para que la comunidad se lo solucione, para quejarse de todo lo que pueden e incluso para reventar las reuniones. El resto de temas les trae al fresco, el resto de vecinos no existen. Que les den por saco, mientras me solucionen mi tema. Qué bonito.

Me resisto a creer que así deben ser las cosas, que debemos pensar siempre en nosotros, que no nos deben importar lo más mínimo los seres humanos que nos rodean. ¿Para qué nos habrá tocado en herencia un cerebro con tanta capacidad? ¿Para qué tendremos ojos, oídos y sentidos? ¿Es tan difícil darnos cuenta de que estamos rodeados de otros seres humanos como nosotros? ¿Es que vivimos en una burbuja? ¿O es que a algunos les gustaría?

Recuerdo cuando hace no mucho hubo grandes disturbios en Francia. Los sociólogos se apresuraron a ir a todas las televisiones a explicar los porqués de tamaña barbarie. Parece que las raíces estaban unas décadas atrás, y habían evolucionado de mala manera porque nadie se había preocupado por pensar qué pasaría dentro de unos años en zonas pobres y mal comunicadas, con las siguientes generaciones de inmigrantes, con el paro, con el aislamiento, con la falta de recursos económicos, de educación y de cultura. Los que pueden hacer, cambiar, solucionar, esos a los que votamos de vez en cuando y que gastan el dinero que nosotros ganamos como mejor les parece, no se preocupan con este tipo de situaciones a medio-largo plazo. Las elecciones, el poder, los sillones y la pasta (nuestra pasta) que manejan se renuevan cada 4 años, no hace falta planificar ni estudiar a 20 ó 30 años vista, cuando a lo mejor están los otros en el sillón. Además, qué difícil, oiga.

Así nos va.

In English, please

viernes, 9 de marzo de 2007

El alcohol I

No conducía yo, que consteVaya horas para llegar a casa y encender el ordenador. ¿Por qué? No sé, seguramente porque tengo algo que escribir.

Estoy medio pedo. Y del otro medio, sólo me falta medio para estarlo del todo. Las caipirinhas tienen la culpa. Y fijaros que sólo han sido dos... Pero claro, las mezclas con el vino espirituoso que dice mi amigo tocayo... ahí está la clave. Bueno, tampoco es tanto. He llegado a casa, lo cual quiere decir que muy mal no estaré.

Hoy he sido un dechado de felicidad, reestrenando mi vitalicia condición de madrileño, pero ahora en la capital. He quedado a cenar, he ido al centro centroso... en metro! La leche. En 20 minutos, en Callao. Lo nunca visto. Supongo que la gente no se imaginaría por qué sonreía. Ceno con mi amigo el liberal... vino espirituoso, comida japonesa, charla, la vida, el trabajo... lo de siempre. La penúltima en algún local de por aquí... el centro es pródigo. Un local agradable, lleno de gente que lo pasa bien. Muchas mujeres, la verdad. Media de edad sobre los 33-35. Agradable :-P El grupo de las 6 de 42. Miran como posesas. "¿Y porqué no?", le comento. ¿No tienen derecho a mirar lo mismo que yo? Faltaba más... Sólo les falta decir "porque no es plan, pero te comería ahora mismo, chavalito". Pues muy bien, hombre. Yo las provoco, y mi amigo se asusta, no sea que vengan. "¿Y qué?" le explico. Son tías igual que tú y que yo, que tienen 42 en vez de 36 ó 31, pero que no se diferencian básicamente de ti o de mí por tener unos pocos años más. Además, tienen las cosas bastante más claritas que las de 20, y no les importa lo más mínimo que se las note. "A buenas horas", pienso, "podían ser así también a los 20, los 24, los 26..." pero no. España no es el país de las tías abiertas, que miren y que ataquen. Que sepan lo que quieren y que vayan a por ello. Es el país del ven tú aquí, que la hija de mi madre es terciopelo. Una lástima. Tanto arrastrarnos para subirles el ego durante los titantos, y ahora los papeles están invertidos... Sí que son tristes las cosas en España. Qué envidia me han dado los oriundos cuando he estado en algún otro país de Europa, o me han hablado de EE.UU. Ellas saben lo que quieren, y cómo conseguirlo, desde jovencitas. No tienen esta mentalidad divina que tienen aquí. Si quieren algo, simplemente lo piden o lo buscan, y punto. ¿Por qué no?

Pero bueno, que yo sólo quería comentar lo bonito de la amistad (primer grado de alcoholización, exaltación amistosa), lo cómodo que me siento con mi edad, y lo mal que me voy a sentir mañana en el trabajo. Menos mal que es San Viernes, adios a la oficina hasta el lunes, y podré echarme una siestecita para recuperar un poco mi body.

Larga vida a las mujeres abiertas de mente, a las que saben lo que quieren, a las que no se asustan de lo que pensarán de ellas si lo manifiestan, y a las que toman la iniciativa. De ellas es el reino de los cielos.

He dicho.

In English, please

sábado, 20 de enero de 2007

La soledad I

Los árboles, reyes de la soledadCurioso estado, éste de estar solo. ¿Cómo puede estar uno solo, rodeado de varios millones de personas, entre familia, amigos, vecinos y desconocidos? Al final, es cuestión de cómo te sientes, no de cómo estás.

¿Por qué esta sociedad en la que vivimos hoy genera este sentimiento de soledad, aún siéndonos difícil aislarnos del resto de las personas aunque lo intentemos? Las costumbres, la educación, la cultura... todas estas cosas nos hacen vivir en un entorno en el que el individuo pierde su identidad como tal, para pasar a formar parte de un colectivo en el cual, como en los hormigueros, carece de importancia quién eres, y sólo importa el resultado de lo que haces. Si eres útil puedes continuar en el sistema, si no eres útil se te arrinconará paulatinamente hasta eliminarte de él.

Me gustan los pueblos. Esos antiguos en los que ya sólo queda gente mayor. Pueblos en los que la gente te saluda por la calle aunque no te conozca. Te da los buenos días con la mejor de las intenciones. Te ayuda desinteresadamente si lo necesitas; incluso te abre su casa. Costumbres éstas que van desapareciendo como las gentes que todavía las conservan. Hoy, en las grandes ciudades como Madrid, plagadas de jóvenes tratando de abrirse camino, de medianaedaderos frustrados por una y mil cosas, y mayores que ven cómo la sociedad les aparta, conseguir que tus vecinos te miren a la cara o te saluden cuando te los encuentras en el pasillo es poco más o menos que una hazaña. Cada vez nos importa menos el resto de la gente y más nosotros mismos. Cada vez vamos más a lo nuestro y más a pisar al de al lado, no sea que nos pise a nosotros. En un panorama como éste, a veces se hace difícil no sentirse solo.

In English, please