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domingo, 28 de octubre de 2007

El amor IV

Sexo en Nueva YorkNunca me ha gustado especialmente la televisión; de hecho, rara vez la veo. Me parece una bazofia infumable, sobre todo los canales generalistas. Pero últimamente me estoy americanizando, y he descubierto que la única TV que se salva es la de pago. Hay algunos canales que merece la pena ver; algunos de vez en cuando y algunos continuamente. Entre los primeros, el que emite la serie que veo siempre que pillo: Sex and the city, o Sexo en Nueva York, el título que han decidido darle aquí.

La serie está protagonizada por cuatro amigas de taitantos que viven en Manhattan. Relata sus peripecias, crisis existenciales, sus pequeños y grandes triunfos y sus miserias. Sobre todo éstas. Cada una de las cuatro mujeres es diferente, y aún así comparten su amistad, cada una a su manera.

Casi todo lo que se cuenta en la serie está relacionado de alguna manera con los hombres y el sexo. Al ser cuatro mujeres muy distintas, cubren un amplio espectro de personalidades, estando reflejadas las más comunes que nos encontramos en la vida real. Creo que por eso me gusta esta serie, porque en cierto modo me veo reflejado en algunas de las situaciones que se relatan, ya que aunque algunas sean bastante previsibles, en general son auténticas.

Lo que no me parece tan bien es que ponen a todos los tíos a caer de un burro como si eso fuera la norma. Es cierto que si las cosas fueran más light la serie no tendría tanta audiencia, pero vamos, tampoco creo yo que sea para tanto. Es como si no supieran encontrar nada más que psicópatas, trastornados y tíos raros en general. El único consuelo para esto es que ellas tampoco son ninguna perita en dulce. Las cuatro distan bastante de lo que llamaríamos una mujer normal. Exigentes, maniáticas y envidiosas, van de relación en relación, de hombre en hombre sin encontrar nunca su media naranja. Mientras, se lo van contando frente a cafés, cenas o cervezas y se lo pasan estupendamente, aunque al final acaben durmiendo solas después de un nuevo fracaso.

En realidad, es la vida misma. A los treinta y tantos, a poco que te hayas movido por ahí, estás en una situación parecida a la de estas chicas. Buscas ese alguien que te haga levantar el vuelo para no volver a pisar tierra, y mientras tanto te mueves dando saltitos, pero no despegas. Te vuelves cada vez más especial y más egoista, aguantas cada vez menos y tu persona ideal es cada vez más una utopía y menos una realidad. Si te descuidas un poco y decides salirle al paso a tu destino, puedes incluso hacer tu propia serie.

Me parece entretenida, la verdad. En toda la parrilla, aparte de House, no hay muchas más series que se dejen ver, y muchas menos aún alguna con la que te puedas sentir en cierto modo identificado. Así que, especialmente si andais entre la treintena y la cuarentena, os la recomiendo efusivamente. Hasta puede que aprendais algo, como yo.

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domingo, 14 de octubre de 2007

El sexo I

Aquí, negociandoCuando quedo con mis amigos siempre acabamos hablando de los mismos temas. En concreto, el tema de las mujeres es un clásico (las mujeres también hablais de hombres, todos lo sabemos). Hablando de mujeres, es raro que no acabemos hablando de sexo. Y hoy no ha sido una excepción. Al final, el tema ha derivado hacia la frecuencia. Que cuántas veces es normal hacerlo al día (algun@ se preguntará si de verdad hay alguien que lo hace varias veces al día), o quizá a la semana. En qué momentos se hace o no se hace, y todo eso.

Después del intercambio de ideas y de confesiones de rigor, acabamos acordando que lo jodido no es hacerlo más o menos; lo verdaderamente jodido es la diferencia de ganas, cuando a uno le apetece más a menudo que a otro: a uno le apetece un par de veces al mes como mucho, al otro le apetecería varias veces a la semana. Uno tiene bastante para tres o cuatro días con cada intercambio de fluidos y al otro le gustaría intercambiarlos a diario. El problema aparece si los dos miembros de la pareja están desfasados. No importa quién ni cuánto. A uno le apetece más que al otro.

Y es que en esto del sexo no hay reglas; es lo que a cada uno le apetece, y no es cosa que se debiera hacer simplemente por contentar al otro. Además, ninguna postura ni gusto es censurable. Si te apetece menos, bien; si te apetece mucho, pues también. Que no es malo, vamos. Lo único malo es que, al cabo del tiempo, conlleva incomodidad y agobio para la persona con menos necesidad, y frustración, desazón (evidentemente) e insatisfacción para la persona que necesita más. Esto deriva en otros problemas en las parejas, en los que no entraré ahora. Pero que suele ser fuente de problemas, está claro.

Hace algún tiempo, en un curso de trabajo en grupo, conocí a una profesora que consideraba el sexo como una necesidad básica del cuerpo humano, equiparable al comer o al dormir. Sin estar del todo de acuerdo, me interesó mucho su forma de pensar (mucho mucho); el resto de la gente no lo consideraba una necesidad básica por el simple hecho de que se puede estar años sin sexo (¿de verdad se puede?), pero no años sin comer o sin dormir. Sí, es correcto, pero nadie puede negar tampoco la vital importancia que tiene en casi todas las parejas, por no hablar de lo importante que ha sido a lo largo de la historia de todas las civilizaciones... Bueno, mejor no complicarlo.

Al final, es difícil coincidir en esto con tu pareja, lo mismo que es difícil coincidir en la frecuencia con la que hay que visitar a la suegra o el lugar al que hay que ir de vacaciones en verano; coincidir es difícil en general. Eso sí: recomiendo personalmente que busquéis esa coincidencia con vuestras parejas, porque cuando coincide... el séptimo cielo queda abajo, en comparación.

Dos velitas a la Virgen de la Coincidencia.


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martes, 12 de junio de 2007

La ciudad II

Un escote admirable como hay muchosEn muchos aspectos, me encanta Madrid. Un clima demasiado continental para mi gusto, pero delicioso en el entretiempo. Sí, las suaves temperaturas de la primavera y el otoño son demasiado cortas por estos lares. No obstante su fugacidad, la primavera en esta ciudad nos regala una explosión de cuerpos en flor, ávidos de mostrarse tras varios meses de obligada reclusión. Mujeres de todas edades, colores y condiciones muestran con una orgullosa naturalidad lo que los genes (y a veces la ciencia) les han dado, utilizándolo a modo de multiplicador de su atractivo, y a veces incluso de su belleza. La operación bikini está en su apogeo, los gimnasios están a reventar y los centros de bronceado a base de UVAs tienen unas colas (perdón, filas) por las tardes dignas de las mejores ofertas de rebajas. Todos sacamos la ropa de verano del armario y ellas sonríen al volver a ver esa camiseta que tantos beneficios les reportó el año pasado en la campaña publicitaria.

Y hete aquí que te encuentras paseando, sintiendo la brisa templada en el rostro, a veces incluso cerrando los ojos e inspirando, renaciendo de nuevo al calorcito del incipiente verano, pensando en los cálidos y agradables meses que tienes por delante, cuando te cruzas con esta marea de cuerpos que han decidido tomar el aire en bastante más superficie que la de la cara, cuello y manos. A eso le añades que tienes dos ojos en la cara, que no tienes problemas de conciencia y que adoras la belleza femenina por encima de casi todas las cosas, y... ya tienes el típico cóctel primaveral, que algunos autores expertos en la materia suelen denominar "ufff... qué calorr".

Así que ahí estás, paseando la ciudad, y disfrutando de la belleza que te sale al paso con la más limpia de las intenciones, cuando te percatas una vez más de lo de siempre (y no pretendo crear polémica con el sexo contrario): muchas mujeres disfrutan mostrando su escote bajo el lema "Got milk?" como si de un escaparate se tratara, pero se ofenden más allá de cualquier límite lógico si te cazan disfrutando del panorama. Y yo me pregunto: ¿para qué irán por la calle dejando tan, tan poco a la imaginación, si luego se ofenden cuando encuentran que algún simple va y hace lo que todos desearían hacer, es decir, echarles un buen vistazo? Es algo que escapa a mi comprensión, debo ser muy cortito. Después, si preguntas, hay algunas que, muy convencidas de su argumento, te espetan: "es que yo me pongo guapa para mí misma". Y tú piensas: "claaaro, claaro... como que si estuvieras en una isla desierta te ibas a poner todas las mañanas como un cuadro de Goya".

La verdad, hace años que ya no discuto sobre estas memeces. Pero me sigue llamando la atención el que se ofendan porque te fijas en lo que precisamente te están enseñando con el único objetivo de que sea admirado. Igual va a ser que son las dueñas del espectáculo las que van mucho más allá de lo debido con su imaginación, e imaginan que tus glándulas salivales trabajan mientras las miras, cuando lo único que haces es admirar su belleza como el que admira un Velázquez. Pero claro, ponte a explicárselo, porque ya sabes lo que pensarán de ti.

Qué le vamos a hacer. Viva la primavera.

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viernes, 30 de marzo de 2007

La confianza I

La confianza nos lleva a cometer errores de concepto con nuestras parejas¿Por qué la confianza da asco? Hay pocos refranes tan ciertos como este, y mira que normalmente los refranes suelen dar en el clavo (la sabiduría popular, ya se sabe). ¿Qué impulsa a los seres humanos a sentir que llegado cierto punto de confianza, ya tienen derecho a comportarse como no lo hacían anteriormente? ¿Aparece algún derecho adquirido tras sobrepasar cierta barrera temporal en una relación? ¿Está escrito en algún sitio que debemos respetarnos hasta que pasen x meses o años? ¿Qué sitio es ese? ¿Es algún documento, libro, contrato o similar de cuya existencia desconocemos algunos?

Así son las relaciones entre los dos sexos; iba a decir "algunas veces" pero... me temo que es así siempre. Y que es inevitable, que va con la naturaleza humana. El creer que el tiempo nos da derechos. El perder las buenas costumbres con su paso. Deberíamos estar acostumbrados a verlo, a sufrirlo. Pero oye... que no me acostumbro! Qué rarito soy... Y ya meditando sobre ello...¿tiene alguna ventaja lo de la confianza? Le sacamos algún provecho los que notamos que a partir de cierto momento empieza a "dar asco"? Porque personalmente siempre he visto huecos cuando todavía no había confianza, pero raramente se han llenado cuando la ha empezado a haber. Y no es por quejarme...

Hablando de los tópicos que tanto odia una antigua amiga, ¿hay ascos de éstos típicos de hombres o de mujeres? ¿Es más típico de hombres ventosear pasado cierto punto, o de mujeres obligarte a ir a comer en casa de la suegra el domingo? ¿Es más típico de alguno de los dos sexos el dejar de arreglarse y querer verse bien una vez que piensas que has pillao? ¿o empezar a criticar despiadadamente la música que le gusta al otro? ¿Somos diferentes también en esto?

Lo ideal en una relación parece que sería el tener confianza desde el principio, para saber a qué atenernos todos, ¿no? Pero qué difícil es ser así de abierto... y no me refiero a ser abierto para mostrarte como eres... sino a ser abierto para aceptar que sean abiertos contigo. Las normas de educación que nos han enseñado desde pequeñitos nos hacen mantener las distancias siendo adultos, no sé por qué infausto motivo, mientras que cuando somos niños (todavía sin educar), aparte de decir la verdad con la más apabullante naturalidad, nos relacionamos con los otros críos sin prejuicios tontos, nos tocamos, nos besamos y mira... como que no pasa nada. En otras civilizaciones que no son la occidental, quizá "menos avanzadas" desde nuestro punto de vista, tienen un comportamiento mucho más natural que el nuestro, mucho menos encorsetado, y mira, sobreviven... no como aquí, que estamos acostumbrados a pegar un respingo cuando alguien nos roza la mano.

Pero hablábamos de la confianza. La que existe en las parejas. Bueno, la que debería existir, mejor dicho. Me río yo al suponer que en todas las parejas existe una confianza total. Esto no es como el valor en la mili, hay que currárselo, y depende de cada persona. Hay algunas personas tan retraídas y tan cerradas que aún con años de relación no logran tener un grado de confianza aceptable con sus parejas. Y eso, durmiendo todas las noches en la misma cama.

Haciendo un inciso, me viene a la mente una graciosa situación, acaecida tras una buena dosis de sexo, en la que la parte femenina se levanta a vestirse y uno se regodea visualmente con el espectáculo (los mejores pechos que vieron estos ojos... por lo menos hasta ese momento). Dándose cuenta de mi felicidad visual, ella se los tapa toda púdica y me espeta: "¿¡¿qué miras!?!". Años y años después todavía me pregunto el porqué y el sentido de aquella frase, sinceramente. ¿Cómo puede levantarse alguien de una cama en la que llevas horas haciendo todo lo impronunciable y sentirse extraña cuando te miran con todo el deseo del mundo tus turgentes, firmes, desafiantes y estupendísimos pechos? Perplejo sigo, todavía. De lo que surge otra cuestión: ¿da algún tipo de confianza intercambiar fluidos? ¿puede un@ practicar de 15 a 20 posturas del Kama-Sutra con alguien, y decir después que te vas al baño a vestirte, que te da corte que te miren? Me gustaría saber qué respondería la gente en general, y cada sexo en particular...

Resumiendo: qué bien está tener confianza para algunas cosas... pero qué triste es ver que ha llegado el momento de tenerla para otras.

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El amor II

Ven aquí, que te explique un par de cosas...Amor y sexo son dos cosas diferentes, aunque en muchos casos vayan de la mano. Muchos nombres diferentes les ponemos, y muchos apellidos. Como todas las cosas del ser humano, cada uno tiene su ideica sobre cómo deben ser las cosas. Un@s piensan que son inseparables, otr@s, que si uno es bueno, el otro no puede serlo. Personalmente, y por la experiencia más que otra cosa, estoy más con lo segundo que con lo primero, aunque hay honrosas excepciones.

Suponiendo (que suponemos de más, pero bueno) que todo el mundo es bueno en la cama, el ideal es que la confianza con tu pareja te lleve a cotas cada vez más placenteras de disfrute del sexo. El acoplamiento paulatino, y sobre todo, el profundizar en las necesidades y en las fantasías de la pareja nos puede hacer tocar el cielo. Pero esto es la teoría. Si esa confianza total no existe, su falta irá creando lentamente el efecto contrario.

No todo el mundo sabe - o puede - separar el sexo del amor. Para unos es cosa natural; a otros nos cuesta más. Otra vez la educación... con lo tábula rasa que estamos cuando nacemos. Cuántos prejuicios imponen las normas educativas y la sociedad en general. ¿Tan malo es querer disfrutar de un buen rato con alguien? ¿Podemos quedar con una amiga y disfrutar de una peli en el cine pero no quedar para hacer un lujurioso intercambio de fluidos?

Luego viene la segunda parte: las connotaciones que tenga para cada uno el mencionado intercambio. Tirarse a esta piscina no suele ser bueno si para uno de los dos es sólo sexo y para el otro no. Pequeño problema. Y mira que es difícil coincidir totalmente con alguien en esto. Recuerdo cuando estaba en la universidad; un amigo tenía otro amigo que había encontrado una tía con la que, después de un brillante primer encuentro, ambos quedaban los viernes única y exclusivamente para darle rienda suelta a sus instintos. Después, cada uno a su casa, y si te he visto no me acuerdo hasta el viernes siguiente. Perplejo me quedé, y reconozco que me invadió un ligero sentimiento de envidia. Sana, eso si. Pero vamos, este no suele ser el caso, a no ser que alguien me diga lo contrario. O digamos que si lo es, tampoco lo suele ser por mucho tiempo.

Porque al fin y al cabo...¿no es el sexo una necesidad fisiológica como puede serlo el comer o el dormir? ¿No nos entran ganas a todos con mayor o menor frecuencia? ¿No lo echamos todos de menos en mayor o menor medida cuando carecemos de él por una temporada? Si es así, ¿por qué no considerarlo una necesidad como cualquier otra? ¿y por qué no debería estar bien saciarla cuando lo creas oportuno? ¿Debería alguien sentirse mal por hacerlo? ¿Debería alguien sentirse mal por buscarlo? ¿Debería alguien sentirse mal si le apetece... mucho? Yo creo que no. En el fondo, a quién debería importarle que cada uno haga con su cuerpo lo que mejor le parezca... Gracia me hacen aquell@s que critican a la gente que lo tiene claro y lo disfruta todo lo que puede... Qué ganas de meterse en la vida de los demás... como si los demás se metieran en la suya.

Pero qué absolutamente increíble es cuando los dos van juntos, ¿verdad?

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viernes, 9 de marzo de 2007

El alcohol I

No conducía yo, que consteVaya horas para llegar a casa y encender el ordenador. ¿Por qué? No sé, seguramente porque tengo algo que escribir.

Estoy medio pedo. Y del otro medio, sólo me falta medio para estarlo del todo. Las caipirinhas tienen la culpa. Y fijaros que sólo han sido dos... Pero claro, las mezclas con el vino espirituoso que dice mi amigo tocayo... ahí está la clave. Bueno, tampoco es tanto. He llegado a casa, lo cual quiere decir que muy mal no estaré.

Hoy he sido un dechado de felicidad, reestrenando mi vitalicia condición de madrileño, pero ahora en la capital. He quedado a cenar, he ido al centro centroso... en metro! La leche. En 20 minutos, en Callao. Lo nunca visto. Supongo que la gente no se imaginaría por qué sonreía. Ceno con mi amigo el liberal... vino espirituoso, comida japonesa, charla, la vida, el trabajo... lo de siempre. La penúltima en algún local de por aquí... el centro es pródigo. Un local agradable, lleno de gente que lo pasa bien. Muchas mujeres, la verdad. Media de edad sobre los 33-35. Agradable :-P El grupo de las 6 de 42. Miran como posesas. "¿Y porqué no?", le comento. ¿No tienen derecho a mirar lo mismo que yo? Faltaba más... Sólo les falta decir "porque no es plan, pero te comería ahora mismo, chavalito". Pues muy bien, hombre. Yo las provoco, y mi amigo se asusta, no sea que vengan. "¿Y qué?" le explico. Son tías igual que tú y que yo, que tienen 42 en vez de 36 ó 31, pero que no se diferencian básicamente de ti o de mí por tener unos pocos años más. Además, tienen las cosas bastante más claritas que las de 20, y no les importa lo más mínimo que se las note. "A buenas horas", pienso, "podían ser así también a los 20, los 24, los 26..." pero no. España no es el país de las tías abiertas, que miren y que ataquen. Que sepan lo que quieren y que vayan a por ello. Es el país del ven tú aquí, que la hija de mi madre es terciopelo. Una lástima. Tanto arrastrarnos para subirles el ego durante los titantos, y ahora los papeles están invertidos... Sí que son tristes las cosas en España. Qué envidia me han dado los oriundos cuando he estado en algún otro país de Europa, o me han hablado de EE.UU. Ellas saben lo que quieren, y cómo conseguirlo, desde jovencitas. No tienen esta mentalidad divina que tienen aquí. Si quieren algo, simplemente lo piden o lo buscan, y punto. ¿Por qué no?

Pero bueno, que yo sólo quería comentar lo bonito de la amistad (primer grado de alcoholización, exaltación amistosa), lo cómodo que me siento con mi edad, y lo mal que me voy a sentir mañana en el trabajo. Menos mal que es San Viernes, adios a la oficina hasta el lunes, y podré echarme una siestecita para recuperar un poco mi body.

Larga vida a las mujeres abiertas de mente, a las que saben lo que quieren, a las que no se asustan de lo que pensarán de ellas si lo manifiestan, y a las que toman la iniciativa. De ellas es el reino de los cielos.

He dicho.

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viernes, 23 de febrero de 2007

Las edades del hombre I

Todos somos más o menos igualesEs curioso ver cómo cambiamos con el tiempo. Cómo evolucionamos. Cómo eso que creíamos un principio fundamental de nuestra personalidad, se ajusta, se moldea, cambia... y a veces incluso desaparece. Sí, las cosas cambian; las personas también. No lo sabemos hasta que nos pasa la primera vez. "Yo soy así, y no cambiaré" es una frase de quien no ha vivido lo suficiente. Al que ha vivido, la propia vida se ha encargado de hacerle ver cuán equivocado estaba.

Cuando tenía titantos veía a las chicas de taitantos como mujeres mayores. Lo del bolso me asustaba. Cuando me acercaba a los 30 fui entendiendo que lo del bolso no quería decir que sólo pensaran en casarse o en sus hijos. Y ahora, año tras año, me doy cuenta de que da lo mismo la edad. Somos más o menos las mismas personas, con matices, pero los mismos. Solo que más mayores. Todo aquel a quien preguntes, te dirá lo mismo: "yo me veo básicamente igual que cuando tenía 10 ó 15 años menos". Todos nos vemos más o menos igual. Son sólo los ojos de los demás los que nos ven mayores. Todos tenemos esa extraña sensación a veces, cuando alguien 7 u 8 años menor que tú dice de hacer algo, y te mira como pensando "a ver éste, que como está mayor, no le apetecerá". Tú lo notas y piensas "joer, chaval, que yo soy exactamente igual que tú, sólo que nací 6 años antes..."

¿Quién no ha tenido nunca esa sensación?

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