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viernes, 8 de agosto de 2008

Curiosidades XV

Dime cómo cruzas...Llevo 20 años conduciendo diferentes vehículos, y unos 35 cruzando calles por donde debía y por dónde no debía. Como persona observadora que soy, y dado que mientras esperas que un peatón cruce ante ti no puedes hacer otra cosa, he ido catalogando a los personajes que he visto cruzar, y los he agrupado en lo que pienso que son las clases de peatones a la hora de atravesar un paso de cebra:

El tímido
Es el que se queda 3 horas esperando a que pasen todos los coches, estén estos a 15 m. o a 300. Sólo pasarán cuando, después de haberte parado, les indiques con la mano o la mirada que pueden hacerlo.

El suicida
Este peatón se lanza a la calzada por cualquier sitio y sin mirar. Son los que salen en el telediario.

La retrasada
Es aquella madre que, sin mirar, saca el cochecito con su bebé al centro del paso de cebra, y cuando ella (como hace cuando va sola, claro) llega al borde del coche aparcado, entonces mira a ver si viene alguno. Ni que decir tiene que para cuando empieza a mirar, el bebé está en medio de la calzada, por supuesto. Qué lástima que no lo hagan al revés, cáchis...

Patapalo
Estos son esos peatones que, vagamente pendientes de si vienen coches o no, lanzados o no, o de si van a parar o no, clavan su mirada en el muñequito rojo de la acera de enfrente que les impide cruzar legalmente. Y son los que, con reflejos felinos, se lanzan a cruzar 12 milisegundos después de que aparezca el muñequito verde, sin importarles lo que pueda suceder a su izquierda. No recuerdan que las normativas de circulación y las leyes no les protegen del acero de los coches. No saben que "estaba en verde" no son las palabras mágicas para volver a andar.

El paradiña
Este peatón tiene típicamente entre 15 y 25 años. Obra de la siguiente manera: todavía desde la acera, cuando calcula que vas a llegar antes que él al centro del paso de cebra y que por lo tanto no pararás (tendría que pararse él), acelera disimuladamente su paso lo justo para llegar antes, y una vez que comprueba que te obligará a detenerte, realiza una paradiña con un espectacular juego de cadera, bajando la cadencia de su paso hasta igualar el de un bebé, para subrayar su brillante y merecida victoria sobre el conductor de la máquina asesina. Es fácil encontrar este tipo de peatón en grupos de 3-5 adolescentes que buscan ese fugaz momento de gloria vacilando al conductor.

El esquinero
Este tipo de peatón encuentra estadísticamente su mayoría en el colectivo femenino, no me preguntéis por qué. Son las que se ponen a cruzar en esa calle por la que tu vas a girar a la izquierda o a la derecha, en la que no hay ningún paso de cebra, y pese a que ven perfectamente tu intermitente, que calculan que te harán parar en medio de la calle para no llevártelas por delante y que probablemente obstaculizarás el tráfico si te quedas ahí parado esperando a que pase. A diferencia de el paradiña, no modifican su paso ni un ápice, y en su rostro no se refleja el triunfo, sino la indiferencia y la superioridad a partes iguales. Ni te miran.

El torero
Este es el peatón más divertido de observar. Se comporta exactamente igual que un torero en los últimos pases antes de entrar a matar. Cuando se lanza al paso de cebra lo hace mirándote desafiante y con el paso firme ("tú quieto ahí"). Cuando, haciendo uso del ABS y el ancla, consigues detener tu coche a dos palmos de sus piernas, reproducen el gesto del torero que, tras detenerse a 30 cm. del toro exhausto y ponerle la mano en la testuz, la retira con gesto de desaire y se da la vuelta, dándole la espalda a la bestia y esperando la ovación del respetable ante tamaña muestra de valor. Una vez que el peatón ha hecho parar al coche a 50 cm. de sus piernas sin vacilar, se limita a volver con desprecio la cabeza, normalmente en dirección contraria al coche, para seguir su orgulloso paseillo mientras imagina la plaza a su alrededor y a la muchedumbre que le grita "¡¡olé!! ¡¡torero!!"

Afortunadamente para todos, la mayoría de la gente se comporta como una persona normal cuando cruza una calle. Pero apuesto a que todos habéis visto a algún individuo de estos alguna vez. ¿Me equivoco?

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sábado, 20 de octubre de 2007

El sexo II

Tomaos algo si pasais por allíHoy va de oportunidades. Va de actitudes, de ondas, de miradas y de sonrisas. Del tiempo que pasa, de cómo se siente uno en diferentes paises. De lo diferente de las sociedades, del frío y del calor, de las edades del hombre. Del sí y del no, y del por qué no.

A veces tienes sed. La Ley de Murphy dice que en ese momento no tendrás agua cerca. Otras veces, sin entender muy bien por qué, también sientes sed, pero todo es diferente. En estas otras, simplemente sabes que vas a encontrar agua en breve, muy pronto. Te sientes zahorí, y sólo has de saber mirar a tu alrededor para hallarla. No sabes explicarlo, pero sucede. Es como mágico. De repente, sólo tienes que alargar la mano y coger lo que deseas.

Pero no la alargas. No, no lo haces. Y te pasas el resto de la noche haciéndote preguntas que ya no tienen contestación. Has abandonado el sencillo proceso "tengo sed, bebo" justo antes de tomar el vaso. Agua cristalina, limpia, fresca. Lo que tu necesitas. Pero simplemente, no la tomas. ¿Por qué?

La vida está llena de preguntas sin respuesta y de oportunidades perdidas.

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miércoles, 18 de julio de 2007

Curiosidades XIV

...y sólo bajaba a por patatasHay una manera infalible de saber si uno es verdaderamente el amo de la casa en la que vive, o si juega un papel secundario: bajar al super a comprar algo, pero única y exclusivamente 3 cosas. ¿Bajar a comprar 3 cosas nos dirá si somos los amos? No, pero ahí se deriva la clave, ya que la respuesta no está en que bajemos a por tres, sino en cuántas traemos cuando subimos. Si traemos sólo esas 3, a no ser que pertenezcamos a ese 1% de metódicos, seremos unos mandaos. Pero si de verdad somos los amos, será sencillo comprobarlo: subiremos cargados como burros con cuatro bolsas llenas de cosas a por las que en principio no bajábamos. Para más inri, no traeremos dos de las tres cosas que bajábamos a buscar, porque entre tantas otras, se nos han olvidado.

Esto es muestra inequívoca de que nosotros somos los que manejamos el cotarro. Nadie que no lo maneje tiene la iniciativa de llenar esas cuatro bolsas, ni sabe qué hay/qué falta en casa. En caso de que tengáis parte de esta iniciativa, pero sintáis la irrefrenable necesidad de llamar a cariño (o cualquier otra modalidad de ser con la que conviváis) para preguntar algo, no lo dudéis, NO sois el am@ del calabozo; el verdadero amo es el/la que recibe la llamada.

Esto viene al hilo de lo que siempre nos ha sorprendido a todos, de pequeños, en mamá. Ella bajaba un momento, a por patatas, y para tu sorpresa, la veías subir con esas cuatro bolsas con "pimientos, tomates que tampoco tenía, un poco de queso del que le gusta a papá, unos pepinos y ya hago gazpacho, ajetes que tenían una pinta estupenda, unos filetes de cadera que mañana viene tu hermana" y muy probablemente, no subía las patatas; tenía que volver a bajar y un poco de lo mismo, o bien te mandaba a tí a por ellas, que seguías con cara de bobo intentando entender cómo se puede bajar a por patatas y subir con medio supermercado.

Nuestras madres han hecho esto una y mil veces, como lo hacemos y haremos tod@s l@s que somos am@s de casa, porque es lo normal. Pero no deja de ser hilarante el que estemos autoconvencidos de esa tonta frase que decimos: "me paso a por leche antes de subir a casa". Como que casi siempre acabamos haciendo la compra de la semana, vamos.

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lunes, 2 de julio de 2007

Curiosidades XIII

Feliz frikismo... al que lo seaPreocupado estoy. Lo venía pensando en el autobús. Hace poco he descubierto que un grupito del curro me llama "el friki". No me molesta, claro, ya que no lo hacen con mala intención. Pero he discutido con ellos porque pienso que ese mote es altamente inmerecido. Supongo que ellos tendrían sus razones, pero personalmente pienso que elegieron ese porque no se les ocurrió otro. O bueno, quizá por algún comentario que hice al respecto de mi disfraz de Darth Vader. Coñas aparte (no tengo ni tendré un disfraz de Darth Vader ni de nada, evidentemente), no conseguí quitarles la idea de la cabeza, y me vine a casa bastante pensativo. "Yo no soy un friki", pienso. "Estos no han conocido nunca a un friki de verdad". Como evidentemente no me quita el sueño sacarles de su error, lo dejé ahí, pero curiosamente, unos días después ví en Terra un banner sobre no sé qué del Orgullo Friki. Pensé: "ya no saben qué inventar". Pinché por curiosidad, y aparte del artículo, encontré un link a un test, que aparentemente, mide tu grado de frikismo. Convencido de tener un arma que esgrimir contra lo injusto de mi mote, me dispuse a completarlo. Así lo hice.

Ese test es claramente incorrecto XD No porque haya sacado una puntuación que no esperaba, sino porque considera que cosas como las siguientes contribuyen a que seas friki:


  • Haber estudiado alguna vez un idioma por tu cuenta
  • Haber hecho la declaración de Hacienda por tu cuenta
  • Querer un ordenador nuevo
  • Gustarte los documentales de National Geographic
  • Tener gafas o un home-cinema
  • Si acostumbras a leer libros o escuchas música clásica
  • Etc.

Vamos, que así, cualquiera saca una puntuación de friki (en concreto, 15.68). No obstante sí que hay muchas preguntas que encarrilan al sujeto para identificarlo en su verdadera naturaleza. De cualquier modo, parece ser que si pasas de 15 te puedes considerar friki (sin apellido), lo mismo que si pasas de 25 eres friki total, si pasas de 35 gran friki, y así hasta "acuda al psiquiatra" si pasas de 80.

Como pienso que en esta vida hay que ser sincero y solidario (entre otras muchas cosas), os reto, mis asidu@s lectores/as y/o visitantes ocasionales, a que seais solidarios conmigo en este mi ejecicio de sinceridad, y que contestéis el test, compartiendo aquí vuestro resultado, sea cual fuere.

Os llevará una media hora (sí, media hora) porque son un huevo de preguntas, pero se hace ameno porque mientras te van dando opciones, te vas riendo, aceptando que te gusta o practicas tal o cual cosa.

El frikitest, aquí.

Suerte; espero esas puntuaciones.

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miércoles, 27 de junio de 2007

Curiosidades XII

La perfección sólo existe en la naturalezaHay circunstancias que, por su reiteración, son casi leyes. En cuestión de parejas, ¿quién no ha comprobado en muchas ocasiones lo de el punto y la I? Es decir, ¿quién no conoce parejas en las que ella es un palillo y él está pasadito de peso, o parejas en las que ella mide 1,50 y él 1,90? Hay bastantes combinaciones chocantes en cuanto a lo heterogéneo del 2, que no por comunes dejan de ser hilarantes. Pero la que más se aproxima a la categoría de REGLA (con mayúsculas) y la que más me divierte es la discordancia en cuanto a las cosas nimias.

¿Qué son estas cosas nimias a las que me refiero? Sencillo: son esa serie de cosas que, a primera vista, tienen tan poca importancia que ninguno de los miembros de la pareja se acuerda de mencionar hasta que llega el temido momento de descubrirlas en directo. Y lo más normal (de ahí lo de elevarlo a la categoría de regla) es que, si uno de los miembros de la pareja tiene un comportamiento bien definido frente a estas cosas, el otro también lo tenga, pero exactamente en dirección contraria. Pero vamos con una lista de estas cosas nimias, que os hará entender de golpe de qué va este rollo que os estoy metiendo, y os hará sin duda polarizaros de inmediato a favor del lado oscuro o del lado luminoso.

El lado luminoso // El lado oscuro

Cerrar completamente los cajones // Dejarlos abiertos exactamente dos dedos

Apretar meticulosamente el tubo de dentífrico desde su parte posterior // Apretarlo por la mitad

Tapar todos los botes (champú, gel, lavavajillas, etc.) tras su uso // Dejarlos todos sin tapar

Tapar el cubo de la basura // Dejar la tapa junto al cubo

[Se aceptan contribuciones a esta lista]

Los que viven en el lado luminoso son tildados por sus parejas de maniáticos, tiquismiquis o perfeccionistas. Los del lado oscuro, de descuidados, vagos o desastres. Cuando lo ves desde fuera, y es otra la pareja que monta una discusión bizantina a este respecto, te ríes e incluso te aventuras a espetar un "bueno, chicos, que no es para tanto". Por supuesto, no es la misma frase que te viene a la cabeza cuando eres tú uno de los protagonistas de la escena. No obstante, no me digais que no es curioso comprobar cómo cosas tan nimias son capaces de inflarnos la narices con tanta facilidad.

¿Con qué lado se me identifican, amigos?

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lunes, 25 de junio de 2007

Curiosidades XI

La junglaEl otro día cogí el metro. Como las últimas veces, en cada trayecto coincido con una más de las muchas personas que vagan por los trenes pidiéndote una ayuda cuando no es hora punta. No sé cómo se organizan, pero siempre me encuentro con alguna.

Recuerdo mis tiempos de universitario (17 estaciones desde mi casa, alta probabilidad de coincidencia), y pienso “todo evoluciona”. A mis tiernos 20 se llevaba el “es más triste de robar que de pedir”. A algunos no les avergonzaba decir que acababan de salir de la cárcel y tenían el síndrome. Después, todo ha ido evolucionando. Los mensajes, también.

En el apartado musical también hemos podido ver cambios en los últimos años, fruto de la mezcolanza de inmigrantes que estamos acogiendo. Antiguamente era casi exclusividad de algunos zíngaros y rumanos el amenizar el túnel con algún acordeón. De vez en cuando te encontrabas con algún violinista que te hacía pensar “¿cómo es posible que este tío este pidiendo en el metro con lo bien que toca, el jodío?”. Otros te hacían rogar “por favor, que le den algo, pero que deje de rascar las cuerdas, por lo que más quiera”. En estos últimos tiempos no es raro encontrar suaves guitarristas de bossa-nova, alguna pareja de flautas peruanas o algún vocalista ruso. Lo que sí han avanzado han sido las tecnologías. Ahora, algunos ya llevan el mini-amplificador a cuestas (con carrito de la compra, pero sin carrito; no sé si me explico) y se lucen con el micrófono mientras el dispositivo les proporciona un hábil acompañamiento. Otras, como la ¿oriental? que vi el otro día en Diego de León, compartían lo del ampli, pero sin pasearlo; los túneles de esos trasbordos dan para intentar lucirse.

Pero reconozco que la palma se la lleva la mujer (creo) que entró el otro día en mi vagón. Vestía como Doña Rogelia (pañuelo incluido), bajita, muy encorvada, creo que un poco contrahecha y apoyándose en un bastón, muleta o algo parecido. No daba la impresión de ser española, y desde luego, si quería llamar la atención de todo el mundo, lo consiguió con creces, porque con el mismo soniquete que empleaban en tiempos los pregoneros, comenzó a contarnos a voz en grito todo lo que no tenía. A juzgar por las caras de la gente, creo que todos debieron pensar lo mismo que yo, porque entre la pinta que tenía la mujer, la “entonación” y lo que decía, no estaba claro si iba en serio o era alguna broma de cámara oculta. Ni siquiera recuerdo si alguien le dio algo; estaba demasiado entretenido fijándome en la expresión de todos los que, alucinados, la miraban. Cuando salió, la reacción evidente de todo el mundo: mirarnos unos a otros preguntándonos si aquello iba en serio…

Desde luego, no podemos negar que el metro es una fuente inagotable de gente particular.

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sábado, 9 de junio de 2007

Curiosidades X

La cerveza cuando era jovenCuando empecé a salir por ahí, hace más años de los que quisiera, apenas había probado el alcohol. Estaba virgen en este aspecto, como en algún otro. Un día salí por ahí con un compañero de estudios. Me presentó a unos cuantos amigos más... y a las cervezas.

No acabo de entender qué tiene la cerveza para ser uno de las bebidas más populares de este planeta. Inventada hace miles de años, consumida en cualquier parte del mundo, por cualquier individuo, sin importar raza, ideología o religión. En este aspecto es muy similar al vino. Pero la cerveza es amarga, gaseosa. Que levante la mano al que le gustó la cerveza la primera vez que la probó. A mí no, desde luego. De hecho, aún hoy me parece que tiene un sabor que dista bastante de ser lo más maravilloso y apetecible del mundo. Pero entonces, ¿qué tiene la cerveza? ¿Por qué acudimos a ella antes que al agua en los tórridos días de verano? ¿Es la publicidad? ¿Estamos influenciados por los medios de comunicación hasta el punto de no saber en realidad qué es lo que nos apetece? (SÍ lo estamos) Pero la publicidad es cosa de hace un siglo, siglo y pico. ¿Por qué el éxito de la cerveza, pese a tener ese sabor amargo tan particular? ¿Por qué, si al tener alcohol, en el fondo no quita la sed tan bien como el agua, por ejemplo?

Me voy a tomar una cerveza mientras medito sobre esto.

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jueves, 31 de mayo de 2007

Curiosidades IX

Pretty WomanMe hizo gracia la escena de Pretty Woman (Richard Gere, Julia Roberts, 1990) en la que Edward (Gere) y Vivian (Roberts) vuelven a la misma boutique en la que Vivian no fue atendida correctamente, para divertirse un rato. "Venimos a gastarnos una indecente cantidad de dinero, así que quiero que nos hagan mucho la pelota", le indica al encargado. Me encantó la filosofía. Bien es cierto que a nadie le gusta que el típico dependiente esté todo el rato dándote la murga mientras miras algo, pero no negaréis que es agradable que los vendedores se lo curren. Porque al fin y al cabo, eres el cliente, y vas a dejarte allí los cuartos.

No es esta la actitud en muchos, muchos sitios en España. En multitud de tiendas y establecimientos de todo tipo parece que los dependientes o encargados te están haciendo un favor a tí, y que les tienes que dar las gracias por dejarte entrar en su tienda a echar un vistazo. Por supuesto, te atenderán si tienen un rato, no sin antes mirarte de reojo por encima del hombro, y acabar la interesantísima conversación sobre cualquier tema intrascendente que están teniendo con su compañer@. Después te mirarán con cara de ajo si no muestras un terrible interés por comprar, y te pondrán mil pegas si te quieres probar una camisa que está dobladita y con los alfileres: "pruébese esa otra, que es igual que esta", señalando una toda doblada y medio raída que tienen para que no les hagas volver a doblar, guardar, etc. la camisa que te interesa si al final no te gusta. Igual se piensan que tenemos dotes adivinatorias y que sólo con echarle un vistacito a una camisa ya sabemos cómo nos quedará, si nos apretará la sisa, si la manga nos está larga o simplemente si nos gusta en nuestro cuerpo o no. Hay cada imbécil atendiendo al público que te preguntas si realmente está ahí porque no sabe hacer otra cosa.

En otros países, la situación es bien distinta. La gente sabe quién debe tratar bien a quién cuando alguien va de compras a gastar su dinero, sabe quién le está haciendo un favor a quién. Más aún cuando hay miles de tiendas donde elegir. Tienen el concepto competencia" bastante más claro, y actúan en consecuencia. Te tratan bien, con educación, y procuran que tengas lo que pides, aunque a veces tengan que lidiar con pesados. Esto ocurre en USA, y en muchos países europeos. Pero aquí todavía no llegamos a su nivel. Spain is different... todavía.

Hace poco he estado en El Corte Inglés (uuuuuhh). Iba con intención de dejarme pasta en un tema, por aquello del servicio integral y la comodidad de no tener que pensar en nada, que te lo den todo hecho, aún a sabiendas de que podría tenerlo más barato en otro sitio. Volví a casa decepcionado. El vendedor que me atendió cometió un fallo detrás de otro: no me catalogó correctamente (todo buen vendedor debe hacerlo de un simple vistazo), no vendió sus servicios correctamente (de hecho ni los ofreció, tuve que interrogarle yo sobre ellos), no sonrió ni se mostró afable, no me dió opciones, no mostró ni un ápice de empatía y lo peor: no dió soluciones a los problemas que yo le planteaba. Para qué más, claro. "Has perdido la venta, machote". Un par de días después he pasado por una tienda junto a mi casa, y me ha atendido una chica que, uno tras otro, ha ido clavando los aciertos en todos los fallos del otro. Resultado: al día siguiente ya me estaban llamando para venir a casa a ayudarme, y sin duda se lo llevarán, habrán ganado un cliente y recomendaré sus servicios a todo el mundo. Ahí está la diferencia. Tanto corte inglés y tanta leche... me río yo.

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domingo, 27 de mayo de 2007

Curiosidades VIII

Antes falsos que sincerosEs curioso lo poco que tolera la sinceridad esta sociedad en la que vivimos. La sinceridad se rechaza, se evita, incluso se castiga. Se valora al que sabe no utilizarla con habilidad, es decir, al que no es sincero, total o parcialmente, pero sabe hacer que parezca que sí lo es. El que miente, vamos.

Me parece horrible no poder ser totalmente sincero con las personas que tienes cerca. Pase que en este país no se esté acostumbrado a que la gente te sea hirientemente sincera por ahí, pero no cuando se trata de personas próximas. De la falta de sinceridad sólo se derivan malas cosas. Cosas tristes, consecuencias negativas y futuras frases del tipo "si hubieras sido sincero conmigo antes, otro gallo..." o "pues nunca me lo habías dicho" o "las cosas han salido así porque nadie me dijo que estuviera obrando mal". Pero veamos: ¿cómo se puede decir algo así, a toro pasado, cuando en el momento en el que se está toreando no somos mínimamente abiertos como para aceptar comentarios, críticas o simples anuncios sin rebotarnos, montar un cirio de mucho cuidado o guardar esa crítica negativa para siempre jamás en el corazón? Somos nosotros mismos los que, con nuestra actitud de rechazo ante la sinceridad, provocamos que los demás sean falsos con nosotros.

Es como cuando cualquier generación de padres (cualquiera; la historia se repite periódicamente) te pone límites en cuanto a qué hacer, o a qué hora hacerlo: en casa a las 12, no te puedes ir de fin de semana con tu novio, etc. A ver, señores: ¿cómo podemos ser tan cerrados y tan hipócritas de pensar que nuestros hijos no van a hacer a las 5 de la tarde (por ejemplo) aquello de lo que pretendemos protegerles o alejarles? "Pues harán lo que quieran, pero no será con mi consentimiento". Estúpidas frases merecedoras de constar en el libro Guiness de las gilipolleces. Prohibe a tus hijos que se vayan de fin de semana con sus parejas, no sea que le den al tema y tú no puedas hacer nada por evitarlo, y lo único que conseguirás es que hagan exactamente lo mismo (que es lo que les apetece, como a tí cuando tenías su edad), pero a las 5 de la tarde, a las 11 de la mañana, en su casa o en la tuya (e incluso en tu cama, sin duda alguna). Prohibe a tus hijos que fumen, o que beban alcohol, y ya sabes lo que harán en cuanto salgan de casa. Y así podríamos seguir.

Por lo tanto, lo único que los padres patrocinan con esta actitud es que los hijos les mientan. Ni más ni menos. La conversación sería algo así:

- Papá, mamá, me quiero ir este fin de semana a la casa que tienen los padres de Manu en la playa
- ¿Los dos solos?
- Si, claro
- Ni de coña, a ver qué te crees que es esto. Eres muy joven todavía, sólo tienes 17 años
- ¿Y?
- Y nada, que no te vas porque no queremos
- OK


Traducción de la conversación:

- Papá, mamá, me quiero ir este fin de semana a la casa que tienen los padres de Manu en la playa a pasárnoslo de puta madre, desfasar y follar todo lo que podamos
- Con mi consentimiento, ni de coña. Mis prejuicios me impiden ser partícipe de ese tipo de cosas. Eso sí, mientras yo no lo sepa, como si te lo haces con tres a la vez, pero no puedo darte mi permiso explícito, no estaría bien para mi débil conciencia. No he sido capaz de educarte correctamente ni de inculcarte unos principios sanos y correctos durante tu niñez, y ahora no me fio de tí por eso
- ¿Prefieres entonces que te mienta y te cuente algún cuento, como que me voy con Laura a cuidar a su abuela que está mala, para que no se aburra?
- Naturalmente. Cuéntame la novela que quieras, pero que sea decente para que mi conciencia quede tranquila
- OK

Lo mismo que este último comportamiento, que todos hemos vivido, patrocina la mentira de los hijos, el comportamiento de la gente que no acepta o asimila la sinceridad, patrocina la hipocresía, y también en cierto modo la mentira.

Qué pena.

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sábado, 26 de mayo de 2007

Curiosidades VII

La sinergiaLa primera vez que oí esa palabra me pareció un término pedante de esos que se utilizan en el trabajo para impresionar a los pobres de espíritu, o para aparentar tener la cultura que no se tiene. Luego, poco después, movido por la curiosidad, comencé a entender en toda su extensión su significado. Empecé a recordar; y paseé por mi mente, y encontré personas, en el pasado, con las que tuve la oportunidad de crear eso aunque sin saberlo: sinergia.

Desde entonces la busco como el aire que respiro, y la valoro como oro en paño. Es curioso ver sus resultados cuando existe, entre dos personas, en un grupo, etc. Es la cuenta imposible: 1 + 1 > 2. Pero no hay nada más real, más tangible; tus ideas, tus palabras, tus actos, despiertan en otros más ideas, más palabras o más actos, que por sí solos no hubieran tenido. Y así puede ser una vez tras otra, y de dos o más personas juntas pueden surgir cosas maravillosas que jamás habrían surgido de cualquiera de ellas por separado.

La gente que conoce la potencia de la sinergia la busca; no sólo para ellos, sino para sus colaboradores, si hablamos de trabajo. La sinergia complementa el trabajo en equipo y multiplica sus resultados. Todo lo que necesitas es sinergia.

Pero la sinergia, como la fuerza, también tiene su lado oscuro. Al igual que podemos ganar mucho rodeándonos de las personas adecuadas, tenemos mucho que perder si nos juntamos con las personas equivocadas. La "sinergia inversa" aparecerá y rendiremos, crearemos y en general, seremos la mitad de lo que podríamos ser si estuviéramos solos. Es de estos individuos de quienes hemos de huir lo antes posible. Nada tenemos que hacer junto a ellos.

Es espectacular todo lo que puedo dar de mí cuando me rodeo de la/s persona/s adecuadas. Es curioso lo mal que puedo llegar a estar, trabajar y vivir cuando están las que no deberían.

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miércoles, 23 de mayo de 2007

Curiosidades VI

Aquí, vacilandoEn una de las últimas entrevistas que concedí en televisión, siempre para interrogarme sobre el secreto del éxito de mi blog, di finalmente la clave: el título. Sí, aunque parezca que no, ahí está la clave.

Por supuesto, en primer lugar tienes que preocuparte de aparecer en los principales buscadores de internet. En segundo lugar, y más importante, debes procurarte los primeros puestos de las búsquedas. Hay diferentes técnicas para esto, que los i-consultants conocen a la perfección. Yo elegí la más simple: buscar un título para mi blog que me garantizara aparecer en las búsquedas más comunes de internet. Es por esto que escogí ese título, tan buscado en internet, un clásico entre los clásicos, popular para todas las edades: los números romanos.

Otra solución más sencilla hubiera sido forrar mi blog con carne, pero no me parecía serio; tampoco pretendía vivir de ello. No obstante, después del apabullante número de visitas provocado por el desmesurado interés de un alto porcentaje de internautas por los números romanos, comencé a madurar la idea de procurarme ingresos a través de la publicidad. No exento de perplejidad, comprobé que los ingresos no sólo crecían y crecían, sino que me permitían dejar mi trabajo, adquirir una segunda casa en la montaña y empezar a ahorrar para un pequeño barquito (sin muchas pretensiones, 15 m. de eslora está bien).

Después fueron los anunciantes los que comenzaron a llamar a mi puerta, y los ingresos se multiplicaron. Tras unas pequeñas y hábiles maniobras, multipliqué mi número de blogs bajo la misma filosofía, y centupliqué los ingresos. Las entrevistas televisivas no se hicieron esperar, y tuve que contratar a un agente para que llevara mi relación con los medios (me roba con su sueldo, pero me quita una preocupación de encima)

Después de mis tremendos problemas para averiguar en qué invertir la pasta, y tras haber llegado al filosófico punto en el que el dinero no te importa (ya sabéis que esto sólo se cumple para los que estamos podridos de pasta), cerré todos mis blogs y me quedé con el primero, este que leéis, por motivos sentimentales. He quitado toda la publicidad y he vuelto a los orígenes. Me entretiene escribir mientras mis múltiples empresas generan empleo, beneficios y valor para mis accionistas.

Me gustan los números romanos.

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domingo, 20 de mayo de 2007

Curiosidades V

Las cosas pequeñasHay grandes cosas en la vida que te hacen sentir bien. Te pueden hacer sentir eufórico, pletórico, realizado. Son grandes triunfos, consecuciones de algo que llevabas mucho tiempo persiguiendo, como finalizar una carrera, casarte, acabar una casa, hacer algo importante que la gente admire. Todas estas cosas te hacen sentir muy bien, te suben la moral, y es un sentimiento que dura... ¿unos días? Pasado poco tiempo, se desvanece, uno vuelve al nivel habitual de realidad y continúa trabajando encaminado hacia la consecución de otro gran hito (o no, dependiendo de lo inconformistas, imaginativos, ambiciosos, etc. que seamos). Volver a alcanzar el nuevo hito que nos fijemos volverá a ser cuestión de mucho tiempo y esfuerzo, y siempre sin garantía de éxito.

Pero hay otro tipo de cosas que también nos hacen sentir bien. Las cosas pequeñas. Este tipo de cosas son radicalmente diferentes a los grandes hitos. Nos pueden hacer sentir igual de bien o más que un hito más importante; quizá no nos provocarán euforia, pero sí pueden provocarnos ese agradable sentimiento de realización que tan placentero nos resulta. No requieren que los persigamos por días, o meses; pueden ser cosa de minutos u horas. Pero ese sentimiento tan agradable que nos invade puede durar mucho más que el de un gran hito, proporcionalmente. Perdura mucho más, en mi opinión. Y la sencillez de estas pequeñas cosas nos da la posibilidad de encontrarlas cada día casi sin buscarlas. Todo esto hace que, la mayoría de las ocasiones, nos sintamos mucho mejor persiguiendo y disfrutando las cosas pequeñas en vez de ocupar totalmente nuestro tiempo en llevar a cabo grandes hazañas.

El otro día pasé por una pomería (tienda de pomos; extraña tienda, pero sí: sólo venden pomos). Muchos y variados, originales. Decidí que le iba a dar un toque personal al armario de la entrada. Busqué algo diferente, los llevé a casa y los instalé. Para mi sorpresa, el armario cambió completamente. Qué pequeña cosa, qué tontería. Pero qué bien me hizo sentir.

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sábado, 7 de abril de 2007

Curiosidades IV

Llueve sobre mojadoEs curioso cómo le afecta el tiempo a algunas personas. Creo que es la presión atmosférica y la luz. Sobre todo esto último. Debemos tener algo dentro que reacciona positiva o negativamente ante estos estímulos, segregando sabe dios qué hormona que nos pone como unas castañuelas o nos deprime y nos aplasta como a una hormiga. Y que no puedes hacer nada para evitarlo, oye.

Si eres de esos que en días como los de hoy en Madrid sientes que todo pesa, no tienes ganas de salir de casa ni del sillón, y te acuerdas de la madre del que inventó el refrán de "abril, aguas mil", anímate, que esto no es sino el preludio de lo que está por venir, un "mayo florido y hermoso" con mucha luz, solecito, subida generalizada de las temperaturas y después vacaciones. Mejor no puede pintar, aunque el del tiempo nos regale días como este.

Por lo menos no llueve tanto como en Matrix.

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martes, 3 de abril de 2007

Curiosidades III

Haz limpiezaCuriosa, pero de verdad curiosa, es la aficion de la gente a acumular cosas. No estoy hablando del síndrome de Diógenes, me refiero sólamente a esa manía que tiene un alto porcentaje de personas de no tirar nada así les maten.

La situación es relativamente fácil de describir: periódicamente te encuentras con algo (un cachivache, una prenda, etc.) que te fuerza a tomar una decisión: ¿lo tiro, o lo guardo? En este punto, la decisión, en el 90% de los casos (sí, la estadística es fiable, el universo era amplio y el número de medidas también) la decisión es la de guardarlo. Esta decisión, tomada repetidamente durante muchos años, nos lleva a la acumulación de trastos, cachivaches, cosas inútiles y ropa que todos conocemos. ¿Quién no ha caído en este 90% alguna vez en su vida? ¿Quién no ha optado por la decisión fácil de no desprenderse de algo?

Las justificaciones son tópicas, y se traducen básicamente en 3:

1ª.- Pero si está nuevo!
Esta es una de las justificaciones más rotundas. ¿Cómo vamos a deshacernos de algo, si está prácticamente nuevo? No sólo la aplicamos a cacharros inservibles (para nosotros); también es la estrella de las razones para no deshacernos de ropa que no nos ponemos hace años (¡¡sí, años!!)

2ª.- Me da pena tirarlo...
El apego emocional al cacharrito o prenda es otra de las razones usuales para no darle puerta. Preferimos esa momentánea (entre uno y dos minutos) tranquilidad de espíritu que nos entra al decidir conservar algo que en su momento tuvo para nosotros algún tipo de connotación más allá de la utilidad del objeto, antes que sentir el dolor de la pérdida (entre uno y dos minutos, también) cuando lo metemos en una bolsa de basura o para reciclar. La pena no es algo que nos agrade pasar voluntariamente.

3ª.- Es que a lo mejor lo necesito
La teórica utilidad del objeto en sí justifica el tenerlo guardado en un armario un año tras otro. El miedo a la ley de Murphy o el pavor a encontrarse desnudo nos atenazan en estos momentos de indecisión.

Las tres razones anteriores, las que más comúnmente se esgrimen para no deshacernos de lo que debería estar fuera de casa hace años, no son en realidad justificaciones justificables. Veamos por qué:

1ª.- Está nuevo precisamente porque no lo has utilizado en años. Si es una prenda, probablemente tiene 3 lavados, correspondiendo a las 3 veces que te la has puesto. Si es un cachivache, está nuevo porque no lo has utilizado en la vida, o bien porque su funcionalidad es puramente ornamental, y después de 15 años, si no es en una película de Almodóvar, ya no ha lugar verlo; los tiempos cambian. Está nuevo es, por lo tanto, una demostración de la nula utilidad del objeto en sí. Los objetos, ropa, etc. que realmente nos son o nos han sido útiles son aquellos que tenemos viejos y gastados, de tanto utilizarlos: esas zapatillas tan cómodas que no hay quién te quite, ese sofá en el que tanto te gusta dormitar, esos vaqueros que dejan ver más pierna de la que tapan. Y aún así, todas estas cosas útiles se jubilan.

2ª.- Nos da pena deshacernos de cualquier cosa que sea nuestra. Esta sociedad nos mete a todos en la cabeza la idea de propiedad, y con ella (y con algunas otras que ya comentaré en otra entrada) pretende que seamos felices y necesitemos poseer más y más cosas, lo cual nos hará más felices todavía, y de paso contribuirá a mantener en pie esta sociedad de consumo. Las cosas inertes son sólo eso, cosas. Demostrar que puedes sentir apego por algo está muy bien, pero el mundo sería un sitio mucho mejor si en vez de demostrar un amor tan exacerbado por una lámpara, lo demostraras hacia tu vecino de al lado, que es un ser humano.

3ª.- No, no lo vas a necesitar, no te engañes. Si es una prenda que no te has puesto en años, ¿por qué habrías de ponertela ahora? Si no te la has puesto en todo ese tiempo, tiene que haber una razón: que no te gusta o no te sienta bien. Si es una talla o dos más pequeña, tampoco te engañes; aunque dependa del tipo de hombre o mujer, lo más normal es que nunca más vuelvas a tener esa talla. Está bien ponerse la zanahoria delante para hacerse chantaje moral uno mismo y obligarse a ir al gimnasio, pero la alegría en sí de reducir una talla o dos debería bastar para motivarnos, no es necesario guardar dos maletas de prendas que no nos valen desde hace 10 años para motivarnos más. Piensa también que hay personas que sí tienen esa talla de por sí, y que no tienen recursos suficientes para ir a una tienda y adquirirla, y a quienes vendría mejor que bien el que te acercaras a algún sitio que te ofrezca confianza y dejaras toda esta ropa en plan altruista. Si no es ropa, que es un objeto cualquiera, tampoco te engañes. El ciclo de vida de cualquier objeto no en uso (armario => trastero => punto limpio) no debería superar los 12 meses. Eso sí... si es un martillo, un destornillador o unos alicates... hay una alta probabilidad de que los vuelvas a necesitar en algún momento, y además será cuando las tiendas estén cerradas.

Resumiendo: acumulamos objetos inservibles por norma, autojustificando el conservarlos para tranquilidad de nuestras conciencias, sin querer darnos cuenta de que este esfuerzo es inútil, que perdemos el tiempo, que impedimos que otros aprovechen lo que nosotros no utilizamos, que no disponemos de sitio para guardar cosas que sí nos son útiles, que las mudanzas parecen las caravanas por el desierto de algunas pelis...

Por lo que más quieras... limpia, dona, tira, recicla!

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sábado, 24 de febrero de 2007

Curiosidades II

Cántate algo, no te privesAcabo de descubrir algo que merece la pena en Windows Vista: el software de reconocimiento de voz. Con este software, mediante la voz, podemos escribir texto, controlar las ventanas, movernos de una aplicación a otra, pulsar botones, navegar por internet, abrir y cerrar programas, realizar búsquedas, e incluso manejar el ratón.

Este sistema requiere un poco de entrenamiento, pero la herramienta dispone de un tutorial que, a la vez que nos enseña cómo funciona, irá aprendiendo cómo pronunciamos, nuestro tono de voz, etc. y nos permitirá comenzar a utilizar la voz en cuanto finalicemos. Conviene empezar realizando este tutorial, ya que descubriremos que algunas operaciones no son tan intuitivas.

La navegación por internet es bastante cómoda, ya que basta con decir el texto del link que queremos seguir para activar el hiperenlace. La navegación por ventanas o carpetas también, ya que allá donde haya un texto, podemos pulsar con la voz.

El sistema de reconocimiento de voz dispone de otra opción que facilita mucho su uso: en caso de que veamos que este software no acierta, disponemos de la opción de decir "mostrar números", lo que identificará con un número cada zona susceptible de ser pulsada. Esto nos salvará de muchos contratiempos.

No hay que explicar lo cómodo que resulta dictar los textos en vez de escribirlos; los cuatro primero párrafos de esta entrada del blog han sido escritos mediante la voz. Lo malo es que de vez en cuando reconoce mal una palabra, y salta a otra parte del navegador que no es el editor de texto en el que estamos escribiendo. Cuando esto sucede, ya no sabe volver, y no podemos seguir dictando, ni aunque hagamos clic manualmente en la zona de texto. A partir de que se vaya de la zona de edición de texto, el reconocedor creerá que cualquier cosa que digamos se refiere a alguna zona de la ventana, y no escribirá lo que decimos. Quizá haya una manera de decirle que queremos seguir dictando texto, pero yo no la he encontrado todavía.

Este sistema de reconocimiento de voz puede ser muy útil aunque no tengamos problemas de accesibilidad, por lo que os recomiendo que si os instaláis Vista, lo probéis. El consumo de recursos del reconocedor es alto por razones evidentes, pero si dictamos frases de 5 ó 6 palabras cada vez (este es mi caso, en el vuestro dependerá de la potencia de vuestro equipo), las reconoce perfectamente.

Una funcionalidad más incluida en el sistema operativo, otras empresas de software que empezarán a perder sus ingresos y a desaparecer.

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lunes, 19 de febrero de 2007

Curiosidades I

Ábrete...a los que te rodeanMe llama mucho la atención la facilidad con la que la gente airea en los blogs sus más íntimos sentimientos, pero luego no es capaz de contárselos a la persona que más cerca tiene. A veces esa persona es su pareja, a veces es un amig@...pero no. Prefieren contárselo a todo el mundo en un blog, y por escrito. ¿Cuál es la razón? ¿La distancia? ¿Que no estás mirando a los ojos a la persona a la que se lo cuentas? ¿La naturaleza asíncrona de esa comunicación? No lo sé, pero me parece triste. Luego nos quejamos todos de que no tenemos con quién hablar, que a nadie le importa lo que tenemos que decir, que la gente no escucha... y para empezar, somos nosotros mismos los que no nos abrimos a contarle en persona a la gente lo que tenemos dentro. Luego que si soledades (jaja), que si nadie me quiere, que si tal o que si cual. Empecemos a luchar contra esa falta de comunicación por nosotros mismos, y hablemos con la gente, comuniquémonos. No es tan difícil. A no ser...

...que tengas un problema. Supongo que sí, que hay gente que lo tiene. Me refiero a un problema psicológico, relativo a su capacidad para comunicarse con el resto de seres humanos. Yo conozco a una persona así. No podía hacerlo. Prefería escribir un correo de 7 páginas antes que decir lo que fuera en directo. Curioso de entender, sobre todo para alguien que le encanta pasar horas conversando con los amigos. Pero así es. Es un problema realmente importante, y la persona que lo sufre no puede superarlo sin ayuda. No obstante, es difícil que teniendo un problema así, reconozcas que debes tratarlo con un profesional, ya que afecta radicalmente a la manera en la que te relacionas con el resto de seres humanos, y no hablo sólo de los compañeros de trabajo, vecinos o conocidos. Hablo también de tu familia, amigos íntimos y/o pareja.

Pero me resisto a creer que tod@s l@s que tienden su ropa interior en un blog tengan este problema.

Sí, yo también escribo en un blog. Pero escribo lo mismo que comento con mis colegas delante de una cerveza... por cierto, me deben una.

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