martes, 12 de junio de 2007

La ciudad II

Un escote admirable como hay muchosEn muchos aspectos, me encanta Madrid. Un clima demasiado continental para mi gusto, pero delicioso en el entretiempo. Sí, las suaves temperaturas de la primavera y el otoño son demasiado cortas por estos lares. No obstante su fugacidad, la primavera en esta ciudad nos regala una explosión de cuerpos en flor, ávidos de mostrarse tras varios meses de obligada reclusión. Mujeres de todas edades, colores y condiciones muestran con una orgullosa naturalidad lo que los genes (y a veces la ciencia) les han dado, utilizándolo a modo de multiplicador de su atractivo, y a veces incluso de su belleza. La operación bikini está en su apogeo, los gimnasios están a reventar y los centros de bronceado a base de UVAs tienen unas colas (perdón, filas) por las tardes dignas de las mejores ofertas de rebajas. Todos sacamos la ropa de verano del armario y ellas sonríen al volver a ver esa camiseta que tantos beneficios les reportó el año pasado en la campaña publicitaria.

Y hete aquí que te encuentras paseando, sintiendo la brisa templada en el rostro, a veces incluso cerrando los ojos e inspirando, renaciendo de nuevo al calorcito del incipiente verano, pensando en los cálidos y agradables meses que tienes por delante, cuando te cruzas con esta marea de cuerpos que han decidido tomar el aire en bastante más superficie que la de la cara, cuello y manos. A eso le añades que tienes dos ojos en la cara, que no tienes problemas de conciencia y que adoras la belleza femenina por encima de casi todas las cosas, y... ya tienes el típico cóctel primaveral, que algunos autores expertos en la materia suelen denominar "ufff... qué calorr".

Así que ahí estás, paseando la ciudad, y disfrutando de la belleza que te sale al paso con la más limpia de las intenciones, cuando te percatas una vez más de lo de siempre (y no pretendo crear polémica con el sexo contrario): muchas mujeres disfrutan mostrando su escote bajo el lema "Got milk?" como si de un escaparate se tratara, pero se ofenden más allá de cualquier límite lógico si te cazan disfrutando del panorama. Y yo me pregunto: ¿para qué irán por la calle dejando tan, tan poco a la imaginación, si luego se ofenden cuando encuentran que algún simple va y hace lo que todos desearían hacer, es decir, echarles un buen vistazo? Es algo que escapa a mi comprensión, debo ser muy cortito. Después, si preguntas, hay algunas que, muy convencidas de su argumento, te espetan: "es que yo me pongo guapa para mí misma". Y tú piensas: "claaaro, claaro... como que si estuvieras en una isla desierta te ibas a poner todas las mañanas como un cuadro de Goya".

La verdad, hace años que ya no discuto sobre estas memeces. Pero me sigue llamando la atención el que se ofendan porque te fijas en lo que precisamente te están enseñando con el único objetivo de que sea admirado. Igual va a ser que son las dueñas del espectáculo las que van mucho más allá de lo debido con su imaginación, e imaginan que tus glándulas salivales trabajan mientras las miras, cuando lo único que haces es admirar su belleza como el que admira un Velázquez. Pero claro, ponte a explicárselo, porque ya sabes lo que pensarán de ti.

Qué le vamos a hacer. Viva la primavera.

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domingo, 10 de junio de 2007

La música II

La música nos acompaña en nuestros viajesQué forma más increíble tiene la música de despertar recuerdos, de transportarnos a otras épocas y otros lugares y hacernos volver a sentir lo que en aquellos momentos sentimos. Sentimientos de lo más variopinto, que no están ni mucho menos limitados a un buen recuerdo; que pueden ir desde la más agradable de las sensaciones de bienestar hasta una tremenda euforia, pasando por ese algo que hace que se nos hinche el pecho, o puede que incluso algún mal rollo si la hemos asociado a un mal trago. Pero la música es tan, tan poderosa en este aspecto... Se me antoja similar a los olores. Seguramente la asociación de la música con un sentimiento o un recuerdo tiene lugar en la misma zona del cerebro que la asociación entre un perfume u otro olor con una sensación. Pero pienso que la música, dada su naturaleza, se suele asociar casi siempre a sentimientos positivos, a buenos momentos.

Tengo la suerte de haber asociado, involuntariamente siempre, ciertas canciones, ciertas músicas, a ciertos viajes. Nunca he llegado a comprender por qué, pero así es. No tengo más que escucharlas de nuevo para que me inunden sin querer todo tipo de sensaciones que viví en los correspondientes viajes. Vuelvo por un momento a donde estuve, revivo algunas situaciones. Y casi siempre una sonrisa se dibuja en mi cara. Creo que soy afortunado en este aspecto.

¿Y a quién no le pasa esto? Seguro que todos tenéis una canción de aquel viaje a la playa, aquellas minivacaciones en Londres, o del viaje a EE.UU. ... ¿A que sí?

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sábado, 9 de junio de 2007

Curiosidades X

La cerveza cuando era jovenCuando empecé a salir por ahí, hace más años de los que quisiera, apenas había probado el alcohol. Estaba virgen en este aspecto, como en algún otro. Un día salí por ahí con un compañero de estudios. Me presentó a unos cuantos amigos más... y a las cervezas.

No acabo de entender qué tiene la cerveza para ser uno de las bebidas más populares de este planeta. Inventada hace miles de años, consumida en cualquier parte del mundo, por cualquier individuo, sin importar raza, ideología o religión. En este aspecto es muy similar al vino. Pero la cerveza es amarga, gaseosa. Que levante la mano al que le gustó la cerveza la primera vez que la probó. A mí no, desde luego. De hecho, aún hoy me parece que tiene un sabor que dista bastante de ser lo más maravilloso y apetecible del mundo. Pero entonces, ¿qué tiene la cerveza? ¿Por qué acudimos a ella antes que al agua en los tórridos días de verano? ¿Es la publicidad? ¿Estamos influenciados por los medios de comunicación hasta el punto de no saber en realidad qué es lo que nos apetece? (SÍ lo estamos) Pero la publicidad es cosa de hace un siglo, siglo y pico. ¿Por qué el éxito de la cerveza, pese a tener ese sabor amargo tan particular? ¿Por qué, si al tener alcohol, en el fondo no quita la sed tan bien como el agua, por ejemplo?

Me voy a tomar una cerveza mientras medito sobre esto.

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martes, 5 de junio de 2007

Los cambios II

Mi empresaUna vertiente no muy agradable de los grandes cambios es el típico aislamiento que se sufre. La gente suele tener bastante con sus propios problemas, y es raro encontrar a alguien que muestre un poco de empatía con los tuyos. Tú pasas los días intentando comprender el cambio en el que estás inmerso, intentando averiguar cuál es la mejor manera de sobrevivir a él y procurando no llevarte más heridas de las necesarias en el durante, mientras que al resto del mundo le traen al pairo todos estos temas. Lo más normal es que cada uno, independientemente de lo próximo que esté de tí, intente arrimar el ascua a su sardina, sin tener en cuenta si pasas un momento difícil, si estás bien o mal o si necesitarías un poco de ayuda. Exigen lo mismo de tí, lo que has dado siempre, lo que de continuo han tenido, como si nada pasara. Incluso te recuerdan que tú siempre has dado más, sin tener en cuenta lo más mínimo cómo tienes el cuerpo... y el alma.

Quizá deba ser así; quizá sea ley de vida esto de pasar por los grandes cambios tú solo, por aquello de hacerte fuerte. O quizá es que debemos realizar una lectura mimética de ello, y aprender a pasar de los demás del mismo modo que los demás pasan de tí, por aquello de adaptarte al entorno, de no destacar.

O quizá sea que la respuesta está oculta en la propia pregunta, y simplemente es que no se le pueden pedir peras de comprensión al olmo del que te estás bajando.

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sábado, 2 de junio de 2007

Las edades del hombre II

El puebloÉrase una vez un crío. Pasaba sus veranos, semanas santas, resto de puentes y fiestas de guardar en un pequeño pueblecillo al pie de un monte. Disfrutaba como nadie con todos los chavales de su edad. Salía de casa por la mañana y sólo aparecía a la hora de la comida y a la del bocata. Los días eran eternos. En aquella época no había consolas, ni ordenadores o internet. No había móviles ni correo electrónico. Jugaban a cualquier cosa, y lo pasaban bien todos juntos, chicos y chicas. En el prado, en el monte, en las vías del tren. En la vieja fábrica, en el túnel. En la finca del rico del pueblo, en la carretera. Cualquier sitio era bueno. Podían ir donde quisieran, salir y entrar. Una maravillosa infancia y adolescencia llena de amigos.

El tiempo pasó. Los críos crecieron. Ahora ellas son mujeres, y ellos son hombres. Muchos tienen hijos, que están empezando a disfrutar en el mismo entorno. Los viejos amigos se reencuentran. El tiempo ha sido clemente con algunos, más duro con otros. Sin embargo, las sonrisas y las miradas cómplices hacen resonar ecos de aquella maravillosa época. Las preguntas de rigor, como en la canción de Louis Armstrong, esconden un "cómo te he echado de menos, amigo". Cuántas cosas por preguntar, por saber, y qué poco tiempo para hacerlo. No se resumen 16 años en tres frases. Pero se sonríe. El brillo de aquellos días resplandece en nuestros ojos.

Te vas, volviendo la vista atrás una última vez, y contemplando lo que fue el escenario en el que tantos días disfrutaste, viviste, aprendiste y creciste. Gran parte de él ha cambiado, pero muchos rincones conservan aún la esencia. Todavía está allí aquel árbol en el que todos nos subíamos, aquella piedra en la que nos sentábamos por las noches. El mismo olor a jara, el mismo aire fresco. El canto de los grillos y los ladridos de los perros. Si cierras los ojos podrías creer que es una de aquellas noches de verano.

Todo quedó atrás. Abres los ojos y te das cuenta de que ya nada es lo mismo; ni las casas, ni los caminos, ni tus amigos... ni tú. Una agridulce sensación te invade, y una media sonrisa se dibuja en tu rostro. Intentas comprender el por qué del paso del tiempo, te preguntas si ellos te han visto a tí mejor o peor que tú a ellos, te preguntas cómo es posible que 15 años no se noten en algunos... y cómo puede estropear tanto a otros. Te preguntas dónde estaremos todos dentro de otros 15 años. Cómo seremos, quién más habrá, quién no estará. Te invade un largo silencio, como si estuvieras de luto por aquella época que ya murió. Meditas igual que se hace tras los entierros, sobre lo efímero de la vida, lo pasajero de nuestra estancia, lo corta que se te hace. Te preguntas qué serás capaz de hacer con el tiempo que se te ha dado.

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viernes, 1 de junio de 2007

La sociedad II

Tós juntosHace unas décadas éramos los españoles los que emigrábamos. Dejábamos todo, nos liábamos la manta a la cabeza, y nos íbamos a Alemania, Holanda y otros países europeos en busca de lo que no teníamos aquí. En busca de un futuro mejor, en busca del pan para nuestros hijos. Perseguíamos aquello a lo que todo ser humano tiene derecho: mejorar sus condiciones de vida, aún a costa de dejar atrás (quizá sólo temporalmente) todo lo que hasta ese momento ha sido tu vida. Dejar atrás tus raíces, tu pedacito del mundo y aventurarte en lo desconocido, sin saber si te irá bien o mal, si fracasarás o triunfarás, y lo que perderás en el intento, requiere de una alta dosis de valor. Emigrar a otro país en busca del pan y la sal requiere coraje. Y el que no lo entienda es que nunca lo ha intentado.

Ahora España ha cambiado. Es destino de inmigración, no fuente. Ahora ya no somos los españoles los que vamos por media Europa paseando nuestro salero y demostrando que somos unos currantes de pro. Ahora se ha dado la vuelta a la tortilla, y somos nosotros los que recibimos a los inmigrantes de gran cantidad de países que vienen al nuestro en busca de lo mismo que nosotros buscamos en Europa en su momento. Ahora tenemos la maravillosa oportunidad de demostrar de qué pasta estamos hechos, de demostrar cómo somos. De demostrar si tenemos memoria, y recordamos, cuando miremos a un ecuatoriano que se pierde en el metro, que hace 30 ó 40 años éramos nosotros los que nos sentíamos perdidos en mitad de Munich, rodeados de todos aquellos altos y rubios teutones que tan raro hablaban. Ahora es el momento de devolver todo aquello que nos fue dado. Lo más importante: una oportunidad. Todos los que en su momento emigraron tuvieron la oportunidad de trabajar, de demostrar que estaban allí para ganarse el pan, para ellos, para sus hijos, para sus familias en España. Es esa misma oportunidad la que necesitan los inmigrantes que hoy pueblan nuestras calles. La oportunidad de formar parte de esta sociedad.

Este es un tema espinoso, con muchísimos matices, lo sé. Y sé que lo estoy sintetizando demasiado, a riesgo de dejarme en el tintero consideraciones que todos tenemos en la cabeza. No obstante, lo básico está ahí: hace tiempo emigramos a otro país, ahora somos nosotros los que recibimos a los inmigrantes. Con tantas quejas que veo por todas partes, con tanto rechazo hacia la cantidad de extranjeros que vemos por la calle... ¿cómo nos hubiéramos sentido si cuando fuimos a trabajar a Alemania nos hubieran dado de lado? ¿qué nos hubiera parecido encontrar allí xenofobia, racismo, rechazo? Pensemos...

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jueves, 31 de mayo de 2007

Curiosidades IX

Pretty WomanMe hizo gracia la escena de Pretty Woman (Richard Gere, Julia Roberts, 1990) en la que Edward (Gere) y Vivian (Roberts) vuelven a la misma boutique en la que Vivian no fue atendida correctamente, para divertirse un rato. "Venimos a gastarnos una indecente cantidad de dinero, así que quiero que nos hagan mucho la pelota", le indica al encargado. Me encantó la filosofía. Bien es cierto que a nadie le gusta que el típico dependiente esté todo el rato dándote la murga mientras miras algo, pero no negaréis que es agradable que los vendedores se lo curren. Porque al fin y al cabo, eres el cliente, y vas a dejarte allí los cuartos.

No es esta la actitud en muchos, muchos sitios en España. En multitud de tiendas y establecimientos de todo tipo parece que los dependientes o encargados te están haciendo un favor a tí, y que les tienes que dar las gracias por dejarte entrar en su tienda a echar un vistazo. Por supuesto, te atenderán si tienen un rato, no sin antes mirarte de reojo por encima del hombro, y acabar la interesantísima conversación sobre cualquier tema intrascendente que están teniendo con su compañer@. Después te mirarán con cara de ajo si no muestras un terrible interés por comprar, y te pondrán mil pegas si te quieres probar una camisa que está dobladita y con los alfileres: "pruébese esa otra, que es igual que esta", señalando una toda doblada y medio raída que tienen para que no les hagas volver a doblar, guardar, etc. la camisa que te interesa si al final no te gusta. Igual se piensan que tenemos dotes adivinatorias y que sólo con echarle un vistacito a una camisa ya sabemos cómo nos quedará, si nos apretará la sisa, si la manga nos está larga o simplemente si nos gusta en nuestro cuerpo o no. Hay cada imbécil atendiendo al público que te preguntas si realmente está ahí porque no sabe hacer otra cosa.

En otros países, la situación es bien distinta. La gente sabe quién debe tratar bien a quién cuando alguien va de compras a gastar su dinero, sabe quién le está haciendo un favor a quién. Más aún cuando hay miles de tiendas donde elegir. Tienen el concepto competencia" bastante más claro, y actúan en consecuencia. Te tratan bien, con educación, y procuran que tengas lo que pides, aunque a veces tengan que lidiar con pesados. Esto ocurre en USA, y en muchos países europeos. Pero aquí todavía no llegamos a su nivel. Spain is different... todavía.

Hace poco he estado en El Corte Inglés (uuuuuhh). Iba con intención de dejarme pasta en un tema, por aquello del servicio integral y la comodidad de no tener que pensar en nada, que te lo den todo hecho, aún a sabiendas de que podría tenerlo más barato en otro sitio. Volví a casa decepcionado. El vendedor que me atendió cometió un fallo detrás de otro: no me catalogó correctamente (todo buen vendedor debe hacerlo de un simple vistazo), no vendió sus servicios correctamente (de hecho ni los ofreció, tuve que interrogarle yo sobre ellos), no sonrió ni se mostró afable, no me dió opciones, no mostró ni un ápice de empatía y lo peor: no dió soluciones a los problemas que yo le planteaba. Para qué más, claro. "Has perdido la venta, machote". Un par de días después he pasado por una tienda junto a mi casa, y me ha atendido una chica que, uno tras otro, ha ido clavando los aciertos en todos los fallos del otro. Resultado: al día siguiente ya me estaban llamando para venir a casa a ayudarme, y sin duda se lo llevarán, habrán ganado un cliente y recomendaré sus servicios a todo el mundo. Ahí está la diferencia. Tanto corte inglés y tanta leche... me río yo.

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domingo, 27 de mayo de 2007

Curiosidades VIII

Antes falsos que sincerosEs curioso lo poco que tolera la sinceridad esta sociedad en la que vivimos. La sinceridad se rechaza, se evita, incluso se castiga. Se valora al que sabe no utilizarla con habilidad, es decir, al que no es sincero, total o parcialmente, pero sabe hacer que parezca que sí lo es. El que miente, vamos.

Me parece horrible no poder ser totalmente sincero con las personas que tienes cerca. Pase que en este país no se esté acostumbrado a que la gente te sea hirientemente sincera por ahí, pero no cuando se trata de personas próximas. De la falta de sinceridad sólo se derivan malas cosas. Cosas tristes, consecuencias negativas y futuras frases del tipo "si hubieras sido sincero conmigo antes, otro gallo..." o "pues nunca me lo habías dicho" o "las cosas han salido así porque nadie me dijo que estuviera obrando mal". Pero veamos: ¿cómo se puede decir algo así, a toro pasado, cuando en el momento en el que se está toreando no somos mínimamente abiertos como para aceptar comentarios, críticas o simples anuncios sin rebotarnos, montar un cirio de mucho cuidado o guardar esa crítica negativa para siempre jamás en el corazón? Somos nosotros mismos los que, con nuestra actitud de rechazo ante la sinceridad, provocamos que los demás sean falsos con nosotros.

Es como cuando cualquier generación de padres (cualquiera; la historia se repite periódicamente) te pone límites en cuanto a qué hacer, o a qué hora hacerlo: en casa a las 12, no te puedes ir de fin de semana con tu novio, etc. A ver, señores: ¿cómo podemos ser tan cerrados y tan hipócritas de pensar que nuestros hijos no van a hacer a las 5 de la tarde (por ejemplo) aquello de lo que pretendemos protegerles o alejarles? "Pues harán lo que quieran, pero no será con mi consentimiento". Estúpidas frases merecedoras de constar en el libro Guiness de las gilipolleces. Prohibe a tus hijos que se vayan de fin de semana con sus parejas, no sea que le den al tema y tú no puedas hacer nada por evitarlo, y lo único que conseguirás es que hagan exactamente lo mismo (que es lo que les apetece, como a tí cuando tenías su edad), pero a las 5 de la tarde, a las 11 de la mañana, en su casa o en la tuya (e incluso en tu cama, sin duda alguna). Prohibe a tus hijos que fumen, o que beban alcohol, y ya sabes lo que harán en cuanto salgan de casa. Y así podríamos seguir.

Por lo tanto, lo único que los padres patrocinan con esta actitud es que los hijos les mientan. Ni más ni menos. La conversación sería algo así:

- Papá, mamá, me quiero ir este fin de semana a la casa que tienen los padres de Manu en la playa
- ¿Los dos solos?
- Si, claro
- Ni de coña, a ver qué te crees que es esto. Eres muy joven todavía, sólo tienes 17 años
- ¿Y?
- Y nada, que no te vas porque no queremos
- OK


Traducción de la conversación:

- Papá, mamá, me quiero ir este fin de semana a la casa que tienen los padres de Manu en la playa a pasárnoslo de puta madre, desfasar y follar todo lo que podamos
- Con mi consentimiento, ni de coña. Mis prejuicios me impiden ser partícipe de ese tipo de cosas. Eso sí, mientras yo no lo sepa, como si te lo haces con tres a la vez, pero no puedo darte mi permiso explícito, no estaría bien para mi débil conciencia. No he sido capaz de educarte correctamente ni de inculcarte unos principios sanos y correctos durante tu niñez, y ahora no me fio de tí por eso
- ¿Prefieres entonces que te mienta y te cuente algún cuento, como que me voy con Laura a cuidar a su abuela que está mala, para que no se aburra?
- Naturalmente. Cuéntame la novela que quieras, pero que sea decente para que mi conciencia quede tranquila
- OK

Lo mismo que este último comportamiento, que todos hemos vivido, patrocina la mentira de los hijos, el comportamiento de la gente que no acepta o asimila la sinceridad, patrocina la hipocresía, y también en cierto modo la mentira.

Qué pena.

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La ciudad I

MadrizMadrid huele. Supongo que en cierto modo, cada gran ciudad tiene su olor particular, que la define, la identifica frente a otras. No creí que esto sucediera hasta que fui a La Habana. Uno de los detalles más destacables de esta ciudad es que tiene su propio olor, que se puede notar perfectamente paseando por sus calles. Nunca antes lo había notado en ningún otro sitio, y tras observarlo allí, presté mucha más atención en otros lugares. Efectivamente, Madrid también tiene su propio olor. Hay zonas en las que no se nota, pero sí, lo tiene. Id al centro y pasead con los orificios nasales bien abiertos. Después me podréis decir a qué huele Madrid.

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sábado, 26 de mayo de 2007

Curiosidades VII

La sinergiaLa primera vez que oí esa palabra me pareció un término pedante de esos que se utilizan en el trabajo para impresionar a los pobres de espíritu, o para aparentar tener la cultura que no se tiene. Luego, poco después, movido por la curiosidad, comencé a entender en toda su extensión su significado. Empecé a recordar; y paseé por mi mente, y encontré personas, en el pasado, con las que tuve la oportunidad de crear eso aunque sin saberlo: sinergia.

Desde entonces la busco como el aire que respiro, y la valoro como oro en paño. Es curioso ver sus resultados cuando existe, entre dos personas, en un grupo, etc. Es la cuenta imposible: 1 + 1 > 2. Pero no hay nada más real, más tangible; tus ideas, tus palabras, tus actos, despiertan en otros más ideas, más palabras o más actos, que por sí solos no hubieran tenido. Y así puede ser una vez tras otra, y de dos o más personas juntas pueden surgir cosas maravillosas que jamás habrían surgido de cualquiera de ellas por separado.

La gente que conoce la potencia de la sinergia la busca; no sólo para ellos, sino para sus colaboradores, si hablamos de trabajo. La sinergia complementa el trabajo en equipo y multiplica sus resultados. Todo lo que necesitas es sinergia.

Pero la sinergia, como la fuerza, también tiene su lado oscuro. Al igual que podemos ganar mucho rodeándonos de las personas adecuadas, tenemos mucho que perder si nos juntamos con las personas equivocadas. La "sinergia inversa" aparecerá y rendiremos, crearemos y en general, seremos la mitad de lo que podríamos ser si estuviéramos solos. Es de estos individuos de quienes hemos de huir lo antes posible. Nada tenemos que hacer junto a ellos.

Es espectacular todo lo que puedo dar de mí cuando me rodeo de la/s persona/s adecuadas. Es curioso lo mal que puedo llegar a estar, trabajar y vivir cuando están las que no deberían.

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miércoles, 23 de mayo de 2007

Curiosidades VI

Aquí, vacilandoEn una de las últimas entrevistas que concedí en televisión, siempre para interrogarme sobre el secreto del éxito de mi blog, di finalmente la clave: el título. Sí, aunque parezca que no, ahí está la clave.

Por supuesto, en primer lugar tienes que preocuparte de aparecer en los principales buscadores de internet. En segundo lugar, y más importante, debes procurarte los primeros puestos de las búsquedas. Hay diferentes técnicas para esto, que los i-consultants conocen a la perfección. Yo elegí la más simple: buscar un título para mi blog que me garantizara aparecer en las búsquedas más comunes de internet. Es por esto que escogí ese título, tan buscado en internet, un clásico entre los clásicos, popular para todas las edades: los números romanos.

Otra solución más sencilla hubiera sido forrar mi blog con carne, pero no me parecía serio; tampoco pretendía vivir de ello. No obstante, después del apabullante número de visitas provocado por el desmesurado interés de un alto porcentaje de internautas por los números romanos, comencé a madurar la idea de procurarme ingresos a través de la publicidad. No exento de perplejidad, comprobé que los ingresos no sólo crecían y crecían, sino que me permitían dejar mi trabajo, adquirir una segunda casa en la montaña y empezar a ahorrar para un pequeño barquito (sin muchas pretensiones, 15 m. de eslora está bien).

Después fueron los anunciantes los que comenzaron a llamar a mi puerta, y los ingresos se multiplicaron. Tras unas pequeñas y hábiles maniobras, multipliqué mi número de blogs bajo la misma filosofía, y centupliqué los ingresos. Las entrevistas televisivas no se hicieron esperar, y tuve que contratar a un agente para que llevara mi relación con los medios (me roba con su sueldo, pero me quita una preocupación de encima)

Después de mis tremendos problemas para averiguar en qué invertir la pasta, y tras haber llegado al filosófico punto en el que el dinero no te importa (ya sabéis que esto sólo se cumple para los que estamos podridos de pasta), cerré todos mis blogs y me quedé con el primero, este que leéis, por motivos sentimentales. He quitado toda la publicidad y he vuelto a los orígenes. Me entretiene escribir mientras mis múltiples empresas generan empleo, beneficios y valor para mis accionistas.

Me gustan los números romanos.

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lunes, 21 de mayo de 2007

Los cambios I

Llueven cambiosEstreno palito con el convencimiento de que no será el último. Las épocas de cambios dan mucho de sí.

Los cambios se me antojan como la nieve. Puede aperecer en pequeños copos; a veces ni los notamos, y cuando llegan a su destino, desaparecen en su nuevo estado. Cambios de estos tenemos continuamente en nuestras vidas. Son tan ínfimos que muchas veces ni nos damos cuenta de que tienen lugar, y en la mayoría de los casos nos adaptamos a ellos con tanta facilidad que casi ni nos damos cuenta de que las cosas eran diferentes antes.

La nieve se puede presentar también en forma de bolas. Bolas de diferentes tamaños. En este caso, la cantidad de nieve es mayor, y perdurará más en este estado. Si una bola de estas nos golpea, incluso puede hacernos daño, dependiendo del tamaño de la bola, la fuerza que tenga y dónde nos golpee. Cuando los cambios son tamaño bola de nieve, pueden producir el mismo efecto. Ya no son cambios triviales; nos damos cuenta de que existen; nos da tiempo a verlos, a vivirlos; en circunstancias normales, a asimilarlos. Pero pueden hacernos daño y dejarnos un amargo recuerdo, que difícilmente desaparecerá.

La manifestación más brutal de la nieve es la avalancha. Cuando una de estas avalanchas tiene lugar, arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Se lleva por delante todo lo que allí había, y nada volverá a ser lo mismo. La naturaleza volverá a un estado similar con el tiempo, y las posibles construcciones arrasadas podrán volverse a levantar, pero nada será como antes. Los grandes cambios son así. Afectan definitivamente a la vida de las personas, modificando algo en ellas y dejando su huella para siempre. Después de un gran cambio nada vuelve a ser como antes, por mucho que nos empeñemos. Y seremos diferentes, queramos o no. El cambio habrá venido a formar parte de nosotros, y seremos la suma de lo que éramos mas lo que sucedió. Así se escribe nuestra historia. Así se anda el camino.

Y no debemos resistirnos, los cambios forman parte de la naturaleza humana; forman parte de nuestra propia existencia. Nos viene cómodo que no existan, pero están ahí, a la vuelta de cada esquina. Sólo debemos estar preparados para cuando vengan, lo mismo que nos podemos preparar por si un día nieva.

Hay lugares en los que nieva mucho más, lo mismo que hay épocas de muchos cambios. Como hacen los que viven en lugares montañosos, lo mejor es que nos preparemos para todos los cambios que puedan llegar, con paraguas, chubasqueros, y si llega el caso, con palas. Las quejas no son buen arma para afrontar los cambios, como no lo son para combatir una nevada. La actitud es fundamental para esto.

Así que una vez que tenemos claro que los cambios forman parte de nuestra vida, y que lo mejor que podemos hacer cuando llegan es abrazarlos y no luchar contra ellos, preparémonos, y si nos es posible, adelantémonos; de este modo reduciremos en gran parte la posibilidad de que nos puedan resultar dolorosos.

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domingo, 20 de mayo de 2007

Curiosidades V

Las cosas pequeñasHay grandes cosas en la vida que te hacen sentir bien. Te pueden hacer sentir eufórico, pletórico, realizado. Son grandes triunfos, consecuciones de algo que llevabas mucho tiempo persiguiendo, como finalizar una carrera, casarte, acabar una casa, hacer algo importante que la gente admire. Todas estas cosas te hacen sentir muy bien, te suben la moral, y es un sentimiento que dura... ¿unos días? Pasado poco tiempo, se desvanece, uno vuelve al nivel habitual de realidad y continúa trabajando encaminado hacia la consecución de otro gran hito (o no, dependiendo de lo inconformistas, imaginativos, ambiciosos, etc. que seamos). Volver a alcanzar el nuevo hito que nos fijemos volverá a ser cuestión de mucho tiempo y esfuerzo, y siempre sin garantía de éxito.

Pero hay otro tipo de cosas que también nos hacen sentir bien. Las cosas pequeñas. Este tipo de cosas son radicalmente diferentes a los grandes hitos. Nos pueden hacer sentir igual de bien o más que un hito más importante; quizá no nos provocarán euforia, pero sí pueden provocarnos ese agradable sentimiento de realización que tan placentero nos resulta. No requieren que los persigamos por días, o meses; pueden ser cosa de minutos u horas. Pero ese sentimiento tan agradable que nos invade puede durar mucho más que el de un gran hito, proporcionalmente. Perdura mucho más, en mi opinión. Y la sencillez de estas pequeñas cosas nos da la posibilidad de encontrarlas cada día casi sin buscarlas. Todo esto hace que, la mayoría de las ocasiones, nos sintamos mucho mejor persiguiendo y disfrutando las cosas pequeñas en vez de ocupar totalmente nuestro tiempo en llevar a cabo grandes hazañas.

El otro día pasé por una pomería (tienda de pomos; extraña tienda, pero sí: sólo venden pomos). Muchos y variados, originales. Decidí que le iba a dar un toque personal al armario de la entrada. Busqué algo diferente, los llevé a casa y los instalé. Para mi sorpresa, el armario cambió completamente. Qué pequeña cosa, qué tontería. Pero qué bien me hizo sentir.

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domingo, 6 de mayo de 2007

La soledad VI

No me mires así, yo también estoy como túHay que estar hecho de una pasta especial para soportar vivir solo. Eso, o ser mentalmente fuerte, tener las cosas muy claras. Aún así, es difícil, muy difícil a veces. El ser humano está hecho para vivir en grupo, llámesele como quiera: sociedad, ciudad, comunidad, familia...(¿pareja?). Lo de los lobos es otra cosa. Los humanos no somos lobos.

Y es mucho más duro cuando se está involuntariamente solo. O quizá voluntariamente, pero sólo para evitar una situación peor. Más vale solo que mal acompañado. El "se me cae la casa encima" se convierte en el pan nuestro de cada día, y los días se diferencian bastante poco unos de otros. Intentas automatizar lo más posible las tareas cotidianas para no entrar en el abandono, e intentas de todas las formas posibles salir de esa rutina en la que estás inmerso. Al final, l@s chic@s multi-actividades que tan poco me gustan son sólo productos de una soledad implacable, contra la que luchan de todas las maneras posibles, bien sea el fitness, el senderismo, montañismo y resto de -ismos, los conciertos, los paseos, las compras... cualquier cosa por no dejarse atrapar por este sentimiento de soledad que cae como una losa sobre ti cuando no ocupas tu tiempo en algo que te distraiga.

Como añadido, corremos el terrible riesgo de agregar de modo permanente (y voluntario) esas multi-actividades a nuestra vida normal, lo que nos aleja más y más de salir de este estado de soledad, ya que huimos de cualquier cosa, animal o persona (mayormente esto último) que nos esboce que esa no es la vida normal que lleva la gente con estas edades. Si nos aferramos al mantenimiento de este "delicioso" pero ficticio estadio de libertad e independencia, sólo engrosaremos las filas de ese colectivo de tíos solteros y divertidos que tan bien se lo han pasado toda la vida (pero tan solos han estado) hasta que les llega la hora de las sopitas. Eso sí, a todos nos gustaría encontrar a alguien, aunque poco hacemos por nuestra parte para que eso suceda.

¿Y lo deprisa que pasa el tiempo...?

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lunes, 9 de abril de 2007

La soledad V

Está escritoCuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de las hierbas que cogía.
¿Habrá otro, se decía,
más pobre y triste que yo?
Y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.

La vida es sueño

Calderón de la Barca

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sábado, 7 de abril de 2007

Curiosidades IV

Llueve sobre mojadoEs curioso cómo le afecta el tiempo a algunas personas. Creo que es la presión atmosférica y la luz. Sobre todo esto último. Debemos tener algo dentro que reacciona positiva o negativamente ante estos estímulos, segregando sabe dios qué hormona que nos pone como unas castañuelas o nos deprime y nos aplasta como a una hormiga. Y que no puedes hacer nada para evitarlo, oye.

Si eres de esos que en días como los de hoy en Madrid sientes que todo pesa, no tienes ganas de salir de casa ni del sillón, y te acuerdas de la madre del que inventó el refrán de "abril, aguas mil", anímate, que esto no es sino el preludio de lo que está por venir, un "mayo florido y hermoso" con mucha luz, solecito, subida generalizada de las temperaturas y después vacaciones. Mejor no puede pintar, aunque el del tiempo nos regale días como este.

Por lo menos no llueve tanto como en Matrix.

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viernes, 6 de abril de 2007

La música I

Shakira... sin palabrasCómo no. Tanto temita con números romanos, y no he hablado de la música. Ya me vale.

Lo mejor. Lo que necesitamos. Lo que nos anima, lo que nos calma. Lo que nos hace llegar al éxtasis (literalmente) o lo que nos hunde más cuando abajo estamos, y más queremos bajar. Alegra nuestros mejores momentos, la compartimos con quien más queremos; cuántos recuerdos llevan asociada una música para nosotros, y viceversa. Nosotros somos nuestra música. Dime qué música escuchas y te diré quién eres.

Bueno, no pretendía hacer de concurso de "frases con música: 1, 2, 3 responda otra vez", sólo denotar lo importante que puede ser, que es para muchos de nosotros, la música. Curioso, ¿verdad? Me gustaría hablar con algún especialista médico que me supiera decir cuáles son las reacciones químicas que tienen lugar en nuestro interior cuando escuchamos música. Por qué sentimos, qué parte del cerebro se excita al escucharla, por qué unos tienen más facilidad para entenderla y reproducirla que otros. Porque no es igual para todos, ni mucho menos, aunque a todos nos guste. Me gustaría saber también, ya de paso, en qué parte del cerebro reside la creatividad humana. La que nos permite componer, crear de la nada las melodías más bellas, y la que también nos permite crear cualquier otra manifestación de arte, sepamos plasmarla o no. Supongo que en el futuro todo esto se sabrá, y podremos, con un simple scanner, saber en el momento que nazcan nuestros hijos qué características principales tienen, si serán creativos, si tendrán más potencial para la inteligencia de tal o cual tipo (porque hay muchas cosas en las que uno puede ser bueno, y otras en las que no, aunque seamos igual de inteligentes), etc. Ahora es ciencia ficción, más que nada por nuestro rudimentario conocimiento sobre el cerebro, pero todo llega.

¿Qué hubiera sido de nuestro mundo sin música? ¿Cómo sería? Personalmente creo que sería muy triste. Mucho, mucho. Sería sosísimo. Como irse de cañas con George Bush o algo así (con Bill Clinton no, ese me da que tiene más marchilla). Imaginaos, sin villancicos en navidad, sin marcha nupcial en las bodas, sin chundarata, sin 40 Principales, sin canon de la SGAE, sin discotecas, sin salas de conciertos, sin José Luis Moreno, sin media FNAC, sin Shakira (oh, nooo!!)... y lo peor: sin Rachmaninov!!

No quiero ni pensarlo.

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martes, 3 de abril de 2007

Curiosidades III

Haz limpiezaCuriosa, pero de verdad curiosa, es la aficion de la gente a acumular cosas. No estoy hablando del síndrome de Diógenes, me refiero sólamente a esa manía que tiene un alto porcentaje de personas de no tirar nada así les maten.

La situación es relativamente fácil de describir: periódicamente te encuentras con algo (un cachivache, una prenda, etc.) que te fuerza a tomar una decisión: ¿lo tiro, o lo guardo? En este punto, la decisión, en el 90% de los casos (sí, la estadística es fiable, el universo era amplio y el número de medidas también) la decisión es la de guardarlo. Esta decisión, tomada repetidamente durante muchos años, nos lleva a la acumulación de trastos, cachivaches, cosas inútiles y ropa que todos conocemos. ¿Quién no ha caído en este 90% alguna vez en su vida? ¿Quién no ha optado por la decisión fácil de no desprenderse de algo?

Las justificaciones son tópicas, y se traducen básicamente en 3:

1ª.- Pero si está nuevo!
Esta es una de las justificaciones más rotundas. ¿Cómo vamos a deshacernos de algo, si está prácticamente nuevo? No sólo la aplicamos a cacharros inservibles (para nosotros); también es la estrella de las razones para no deshacernos de ropa que no nos ponemos hace años (¡¡sí, años!!)

2ª.- Me da pena tirarlo...
El apego emocional al cacharrito o prenda es otra de las razones usuales para no darle puerta. Preferimos esa momentánea (entre uno y dos minutos) tranquilidad de espíritu que nos entra al decidir conservar algo que en su momento tuvo para nosotros algún tipo de connotación más allá de la utilidad del objeto, antes que sentir el dolor de la pérdida (entre uno y dos minutos, también) cuando lo metemos en una bolsa de basura o para reciclar. La pena no es algo que nos agrade pasar voluntariamente.

3ª.- Es que a lo mejor lo necesito
La teórica utilidad del objeto en sí justifica el tenerlo guardado en un armario un año tras otro. El miedo a la ley de Murphy o el pavor a encontrarse desnudo nos atenazan en estos momentos de indecisión.

Las tres razones anteriores, las que más comúnmente se esgrimen para no deshacernos de lo que debería estar fuera de casa hace años, no son en realidad justificaciones justificables. Veamos por qué:

1ª.- Está nuevo precisamente porque no lo has utilizado en años. Si es una prenda, probablemente tiene 3 lavados, correspondiendo a las 3 veces que te la has puesto. Si es un cachivache, está nuevo porque no lo has utilizado en la vida, o bien porque su funcionalidad es puramente ornamental, y después de 15 años, si no es en una película de Almodóvar, ya no ha lugar verlo; los tiempos cambian. Está nuevo es, por lo tanto, una demostración de la nula utilidad del objeto en sí. Los objetos, ropa, etc. que realmente nos son o nos han sido útiles son aquellos que tenemos viejos y gastados, de tanto utilizarlos: esas zapatillas tan cómodas que no hay quién te quite, ese sofá en el que tanto te gusta dormitar, esos vaqueros que dejan ver más pierna de la que tapan. Y aún así, todas estas cosas útiles se jubilan.

2ª.- Nos da pena deshacernos de cualquier cosa que sea nuestra. Esta sociedad nos mete a todos en la cabeza la idea de propiedad, y con ella (y con algunas otras que ya comentaré en otra entrada) pretende que seamos felices y necesitemos poseer más y más cosas, lo cual nos hará más felices todavía, y de paso contribuirá a mantener en pie esta sociedad de consumo. Las cosas inertes son sólo eso, cosas. Demostrar que puedes sentir apego por algo está muy bien, pero el mundo sería un sitio mucho mejor si en vez de demostrar un amor tan exacerbado por una lámpara, lo demostraras hacia tu vecino de al lado, que es un ser humano.

3ª.- No, no lo vas a necesitar, no te engañes. Si es una prenda que no te has puesto en años, ¿por qué habrías de ponertela ahora? Si no te la has puesto en todo ese tiempo, tiene que haber una razón: que no te gusta o no te sienta bien. Si es una talla o dos más pequeña, tampoco te engañes; aunque dependa del tipo de hombre o mujer, lo más normal es que nunca más vuelvas a tener esa talla. Está bien ponerse la zanahoria delante para hacerse chantaje moral uno mismo y obligarse a ir al gimnasio, pero la alegría en sí de reducir una talla o dos debería bastar para motivarnos, no es necesario guardar dos maletas de prendas que no nos valen desde hace 10 años para motivarnos más. Piensa también que hay personas que sí tienen esa talla de por sí, y que no tienen recursos suficientes para ir a una tienda y adquirirla, y a quienes vendría mejor que bien el que te acercaras a algún sitio que te ofrezca confianza y dejaras toda esta ropa en plan altruista. Si no es ropa, que es un objeto cualquiera, tampoco te engañes. El ciclo de vida de cualquier objeto no en uso (armario => trastero => punto limpio) no debería superar los 12 meses. Eso sí... si es un martillo, un destornillador o unos alicates... hay una alta probabilidad de que los vuelvas a necesitar en algún momento, y además será cuando las tiendas estén cerradas.

Resumiendo: acumulamos objetos inservibles por norma, autojustificando el conservarlos para tranquilidad de nuestras conciencias, sin querer darnos cuenta de que este esfuerzo es inútil, que perdemos el tiempo, que impedimos que otros aprovechen lo que nosotros no utilizamos, que no disponemos de sitio para guardar cosas que sí nos son útiles, que las mudanzas parecen las caravanas por el desierto de algunas pelis...

Por lo que más quieras... limpia, dona, tira, recicla!

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lunes, 2 de abril de 2007

La sociedad I

Ahí abajo, la sociedad españolaRecuerdo las otras urbanizaciones o pisos en los que he vivido. Estaban llenos de jóvenes. Me avergüenza decir esto por la parte que me toca, pero he visto una y otra vez cómo nadie conoce a nadie en estas comunidades, y cómo a nadie le importa esto lo más mínimo. ¿Quién les enseñó a todos estos incivilizados cómo comportarse en sociedad? ¿Papá y mamá? Pues vaya con esos papás...

Las sociedades están en continuo cambio, evolucionan. Los sociólogos sabrán más de esto. Cómo va a afectar a estas generaciones una serie de temas, como el hecho de que la vivienda cueste tanto que obliga a la mayoría de las parejas a que los dos trabajen fuera de casa, lo que deja en muchos casos la educación y el control de los hijos en manos de desconocidos o peor aún, en manos de aparatos conectados a la televisión (papá 1, papá 2, papá 3). Cómo nos está afectando el que en los telediarios tengan a bien mostrarnos en primer plano los trozos sangrantes de los seres humanos despedazados por el último atentado en oriente medio. Cómo afecta a nuestros hijos el ver cómo sinvergüenzas, vagos, inútiles y vividores tienen más éxito en esta sociedad y ganan más dinero viviendo del cuento que casi cualquier trabajador decente. Tantas y tantas cosas que aparecen en los últimos años y que forman parte de nuestra cotidianidad, sin duda están afectando a las nuevas generaciones, y sólo dentro de unos cuantos años, cuando ya sea tarde para poner remedio a nada, veremos los resultados.

Volviendo al tema: es realmente reconfortante ver cómo las personas mayores, en muchos casos ancianos, nos dan lecciones de urbanidad y comportamiento sin saberlo. Ver cómo no sólo conocen a todo el mundo, sino que se interesan, te preguntan cómo estás y cómo te va con una sonrisa en la boca. Sí, de vez en cuando cotillean, pero pídeles un favor, verás cómo están ahí al pie del cañón sin más interés que el simple hecho de echarte una mano. Resulta curioso ver el contraste de este tipo de comportamiento con el de los jóvenes. En las reuniones de vecinos, sin ir más lejos. La gente mayor trata los temas pensando en el bien de la comunidad, lo que nos irá mejor a todos, saben y calibran el impacto que tendrán ciertas decisiones para algunos vecinos, su problemática, e intentan minimizarlo. Curioso, al compararlo con ciertos personajes, desgraciadamente jóvenes, supongo que educados en la calle, que se expresan tan bien como un pitbull en la arena, y sólo van a las reuniones para explicar el problemón que tienen, para que la comunidad se lo solucione, para quejarse de todo lo que pueden e incluso para reventar las reuniones. El resto de temas les trae al fresco, el resto de vecinos no existen. Que les den por saco, mientras me solucionen mi tema. Qué bonito.

Me resisto a creer que así deben ser las cosas, que debemos pensar siempre en nosotros, que no nos deben importar lo más mínimo los seres humanos que nos rodean. ¿Para qué nos habrá tocado en herencia un cerebro con tanta capacidad? ¿Para qué tendremos ojos, oídos y sentidos? ¿Es tan difícil darnos cuenta de que estamos rodeados de otros seres humanos como nosotros? ¿Es que vivimos en una burbuja? ¿O es que a algunos les gustaría?

Recuerdo cuando hace no mucho hubo grandes disturbios en Francia. Los sociólogos se apresuraron a ir a todas las televisiones a explicar los porqués de tamaña barbarie. Parece que las raíces estaban unas décadas atrás, y habían evolucionado de mala manera porque nadie se había preocupado por pensar qué pasaría dentro de unos años en zonas pobres y mal comunicadas, con las siguientes generaciones de inmigrantes, con el paro, con el aislamiento, con la falta de recursos económicos, de educación y de cultura. Los que pueden hacer, cambiar, solucionar, esos a los que votamos de vez en cuando y que gastan el dinero que nosotros ganamos como mejor les parece, no se preocupan con este tipo de situaciones a medio-largo plazo. Las elecciones, el poder, los sillones y la pasta (nuestra pasta) que manejan se renuevan cada 4 años, no hace falta planificar ni estudiar a 20 ó 30 años vista, cuando a lo mejor están los otros en el sillón. Además, qué difícil, oiga.

Así nos va.

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La muerte I

La muerte forma parte de la vida. Nacemos, y en algún momento, nos morimos. Es inevitable, aunque eso no nos consuela de la pérdida. Familia, amigos, conocidos, compañeros de trabajo. En buena lid, iremos viendo caer a todos los que nos rodean, hasta que nos toque a nosotros.

Cada vez que la muerte golpea cerca, solemos meditar aunque sólo sea un poco sobre lo efímero de nuestro paso por este mundo. Unos cuantos años y fuera. Repasamos lo que hemos hecho hasta ese momento y lo que nos queda por hacer. Las cosas pendientes, el futuro. Estimamos cuánto nos queda a nosotros.

Ya no tengo abuelos. Sólo me queda la generación de mis padres. Dentro de no muchos años nos visitará de nuevo. Y esta vez pegará duro. Perder a tus padres debe ser lo peor de este mundo. Y después, claro está, perder a tus hermanos. Eso te pone el siguiente en la cola. Tu tiempo se va acabando. Bueno, supongo. La verdad es que cada vez que me he planteado que mis hermanos son mayores que yo, y de lo que pasará dentro de 30 años, se me saltan las lágrimas. Qué no pasará cuando suceda lo inevitable.

Recuerdo cuando mi guapísima perdió una de sus tortugas. Qué mal momento. Qué mal lo pasó. Aparte del mal trago, la muerte había sido...traumática. La tortuga en sí no me daba ni frío ni calor, pero el verla a ella desconsolada me partía en dos. Los seres humanos, junto a algunos otros animales, somos capaces de desarrollar sentimientos afectivos por otras personas, por animales, e incluso por cosas. Respeto, admiro y comparto este afecto, pero sólo en el caso de personas y/o animales. No acabo de comprender muy bien el apego a las cosas materiales.

Siempre lo recordaréUn miembro de mi familia ha fallecido hace poco. Era bastante próximo en parentesco, pero la distancia geográfica y los años sin vernos nos acabaron haciendo inevitablemente lejanos. Tanto, que su pérdida no ha supuesto para algunos ni de cerca lo que significará cuando otra persona, con igual parentesco y total cercanía física, nos abandone. Esto nos hace plantearnos esa idea que siempre se dice respecto a la invariabilidad de los lazos familiares, frente a los amistosos o los de pareja. "Siempre estarán ahí". Sí, siempre estarán legalmente. Pero el roce hace el cariño, queramos o no, y la falta de roce, aunque nos pese, hace la falta de cariño. No creo que esto sea una regla fija, pero podríamos tomarlo como la norma. De cualquier modo, esto confirma también que las relaciones entre seres humanos nacen, se alimentan, crecen y, si no las mantenemos, acaban muriendo, por muy oficiales que sean. Cuántas veces nos habrá sucedido esto, y cuántas nos sucederá. ¿Queremos que nos vuelva a pasar otra vez? ¿Le pondremos remedio cuando todavía estamos a tiempo? Todo depende de nosotros; en nuestra mano está.

Descansa en paz.

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