lunes, 9 de abril de 2007

La soledad V

Está escritoCuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de las hierbas que cogía.
¿Habrá otro, se decía,
más pobre y triste que yo?
Y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.

La vida es sueño

Calderón de la Barca

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sábado, 7 de abril de 2007

Curiosidades IV

Llueve sobre mojadoEs curioso cómo le afecta el tiempo a algunas personas. Creo que es la presión atmosférica y la luz. Sobre todo esto último. Debemos tener algo dentro que reacciona positiva o negativamente ante estos estímulos, segregando sabe dios qué hormona que nos pone como unas castañuelas o nos deprime y nos aplasta como a una hormiga. Y que no puedes hacer nada para evitarlo, oye.

Si eres de esos que en días como los de hoy en Madrid sientes que todo pesa, no tienes ganas de salir de casa ni del sillón, y te acuerdas de la madre del que inventó el refrán de "abril, aguas mil", anímate, que esto no es sino el preludio de lo que está por venir, un "mayo florido y hermoso" con mucha luz, solecito, subida generalizada de las temperaturas y después vacaciones. Mejor no puede pintar, aunque el del tiempo nos regale días como este.

Por lo menos no llueve tanto como en Matrix.

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viernes, 6 de abril de 2007

La música I

Shakira... sin palabrasCómo no. Tanto temita con números romanos, y no he hablado de la música. Ya me vale.

Lo mejor. Lo que necesitamos. Lo que nos anima, lo que nos calma. Lo que nos hace llegar al éxtasis (literalmente) o lo que nos hunde más cuando abajo estamos, y más queremos bajar. Alegra nuestros mejores momentos, la compartimos con quien más queremos; cuántos recuerdos llevan asociada una música para nosotros, y viceversa. Nosotros somos nuestra música. Dime qué música escuchas y te diré quién eres.

Bueno, no pretendía hacer de concurso de "frases con música: 1, 2, 3 responda otra vez", sólo denotar lo importante que puede ser, que es para muchos de nosotros, la música. Curioso, ¿verdad? Me gustaría hablar con algún especialista médico que me supiera decir cuáles son las reacciones químicas que tienen lugar en nuestro interior cuando escuchamos música. Por qué sentimos, qué parte del cerebro se excita al escucharla, por qué unos tienen más facilidad para entenderla y reproducirla que otros. Porque no es igual para todos, ni mucho menos, aunque a todos nos guste. Me gustaría saber también, ya de paso, en qué parte del cerebro reside la creatividad humana. La que nos permite componer, crear de la nada las melodías más bellas, y la que también nos permite crear cualquier otra manifestación de arte, sepamos plasmarla o no. Supongo que en el futuro todo esto se sabrá, y podremos, con un simple scanner, saber en el momento que nazcan nuestros hijos qué características principales tienen, si serán creativos, si tendrán más potencial para la inteligencia de tal o cual tipo (porque hay muchas cosas en las que uno puede ser bueno, y otras en las que no, aunque seamos igual de inteligentes), etc. Ahora es ciencia ficción, más que nada por nuestro rudimentario conocimiento sobre el cerebro, pero todo llega.

¿Qué hubiera sido de nuestro mundo sin música? ¿Cómo sería? Personalmente creo que sería muy triste. Mucho, mucho. Sería sosísimo. Como irse de cañas con George Bush o algo así (con Bill Clinton no, ese me da que tiene más marchilla). Imaginaos, sin villancicos en navidad, sin marcha nupcial en las bodas, sin chundarata, sin 40 Principales, sin canon de la SGAE, sin discotecas, sin salas de conciertos, sin José Luis Moreno, sin media FNAC, sin Shakira (oh, nooo!!)... y lo peor: sin Rachmaninov!!

No quiero ni pensarlo.

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martes, 3 de abril de 2007

Curiosidades III

Haz limpiezaCuriosa, pero de verdad curiosa, es la aficion de la gente a acumular cosas. No estoy hablando del síndrome de Diógenes, me refiero sólamente a esa manía que tiene un alto porcentaje de personas de no tirar nada así les maten.

La situación es relativamente fácil de describir: periódicamente te encuentras con algo (un cachivache, una prenda, etc.) que te fuerza a tomar una decisión: ¿lo tiro, o lo guardo? En este punto, la decisión, en el 90% de los casos (sí, la estadística es fiable, el universo era amplio y el número de medidas también) la decisión es la de guardarlo. Esta decisión, tomada repetidamente durante muchos años, nos lleva a la acumulación de trastos, cachivaches, cosas inútiles y ropa que todos conocemos. ¿Quién no ha caído en este 90% alguna vez en su vida? ¿Quién no ha optado por la decisión fácil de no desprenderse de algo?

Las justificaciones son tópicas, y se traducen básicamente en 3:

1ª.- Pero si está nuevo!
Esta es una de las justificaciones más rotundas. ¿Cómo vamos a deshacernos de algo, si está prácticamente nuevo? No sólo la aplicamos a cacharros inservibles (para nosotros); también es la estrella de las razones para no deshacernos de ropa que no nos ponemos hace años (¡¡sí, años!!)

2ª.- Me da pena tirarlo...
El apego emocional al cacharrito o prenda es otra de las razones usuales para no darle puerta. Preferimos esa momentánea (entre uno y dos minutos) tranquilidad de espíritu que nos entra al decidir conservar algo que en su momento tuvo para nosotros algún tipo de connotación más allá de la utilidad del objeto, antes que sentir el dolor de la pérdida (entre uno y dos minutos, también) cuando lo metemos en una bolsa de basura o para reciclar. La pena no es algo que nos agrade pasar voluntariamente.

3ª.- Es que a lo mejor lo necesito
La teórica utilidad del objeto en sí justifica el tenerlo guardado en un armario un año tras otro. El miedo a la ley de Murphy o el pavor a encontrarse desnudo nos atenazan en estos momentos de indecisión.

Las tres razones anteriores, las que más comúnmente se esgrimen para no deshacernos de lo que debería estar fuera de casa hace años, no son en realidad justificaciones justificables. Veamos por qué:

1ª.- Está nuevo precisamente porque no lo has utilizado en años. Si es una prenda, probablemente tiene 3 lavados, correspondiendo a las 3 veces que te la has puesto. Si es un cachivache, está nuevo porque no lo has utilizado en la vida, o bien porque su funcionalidad es puramente ornamental, y después de 15 años, si no es en una película de Almodóvar, ya no ha lugar verlo; los tiempos cambian. Está nuevo es, por lo tanto, una demostración de la nula utilidad del objeto en sí. Los objetos, ropa, etc. que realmente nos son o nos han sido útiles son aquellos que tenemos viejos y gastados, de tanto utilizarlos: esas zapatillas tan cómodas que no hay quién te quite, ese sofá en el que tanto te gusta dormitar, esos vaqueros que dejan ver más pierna de la que tapan. Y aún así, todas estas cosas útiles se jubilan.

2ª.- Nos da pena deshacernos de cualquier cosa que sea nuestra. Esta sociedad nos mete a todos en la cabeza la idea de propiedad, y con ella (y con algunas otras que ya comentaré en otra entrada) pretende que seamos felices y necesitemos poseer más y más cosas, lo cual nos hará más felices todavía, y de paso contribuirá a mantener en pie esta sociedad de consumo. Las cosas inertes son sólo eso, cosas. Demostrar que puedes sentir apego por algo está muy bien, pero el mundo sería un sitio mucho mejor si en vez de demostrar un amor tan exacerbado por una lámpara, lo demostraras hacia tu vecino de al lado, que es un ser humano.

3ª.- No, no lo vas a necesitar, no te engañes. Si es una prenda que no te has puesto en años, ¿por qué habrías de ponertela ahora? Si no te la has puesto en todo ese tiempo, tiene que haber una razón: que no te gusta o no te sienta bien. Si es una talla o dos más pequeña, tampoco te engañes; aunque dependa del tipo de hombre o mujer, lo más normal es que nunca más vuelvas a tener esa talla. Está bien ponerse la zanahoria delante para hacerse chantaje moral uno mismo y obligarse a ir al gimnasio, pero la alegría en sí de reducir una talla o dos debería bastar para motivarnos, no es necesario guardar dos maletas de prendas que no nos valen desde hace 10 años para motivarnos más. Piensa también que hay personas que sí tienen esa talla de por sí, y que no tienen recursos suficientes para ir a una tienda y adquirirla, y a quienes vendría mejor que bien el que te acercaras a algún sitio que te ofrezca confianza y dejaras toda esta ropa en plan altruista. Si no es ropa, que es un objeto cualquiera, tampoco te engañes. El ciclo de vida de cualquier objeto no en uso (armario => trastero => punto limpio) no debería superar los 12 meses. Eso sí... si es un martillo, un destornillador o unos alicates... hay una alta probabilidad de que los vuelvas a necesitar en algún momento, y además será cuando las tiendas estén cerradas.

Resumiendo: acumulamos objetos inservibles por norma, autojustificando el conservarlos para tranquilidad de nuestras conciencias, sin querer darnos cuenta de que este esfuerzo es inútil, que perdemos el tiempo, que impedimos que otros aprovechen lo que nosotros no utilizamos, que no disponemos de sitio para guardar cosas que sí nos son útiles, que las mudanzas parecen las caravanas por el desierto de algunas pelis...

Por lo que más quieras... limpia, dona, tira, recicla!

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lunes, 2 de abril de 2007

La sociedad I

Ahí abajo, la sociedad españolaRecuerdo las otras urbanizaciones o pisos en los que he vivido. Estaban llenos de jóvenes. Me avergüenza decir esto por la parte que me toca, pero he visto una y otra vez cómo nadie conoce a nadie en estas comunidades, y cómo a nadie le importa esto lo más mínimo. ¿Quién les enseñó a todos estos incivilizados cómo comportarse en sociedad? ¿Papá y mamá? Pues vaya con esos papás...

Las sociedades están en continuo cambio, evolucionan. Los sociólogos sabrán más de esto. Cómo va a afectar a estas generaciones una serie de temas, como el hecho de que la vivienda cueste tanto que obliga a la mayoría de las parejas a que los dos trabajen fuera de casa, lo que deja en muchos casos la educación y el control de los hijos en manos de desconocidos o peor aún, en manos de aparatos conectados a la televisión (papá 1, papá 2, papá 3). Cómo nos está afectando el que en los telediarios tengan a bien mostrarnos en primer plano los trozos sangrantes de los seres humanos despedazados por el último atentado en oriente medio. Cómo afecta a nuestros hijos el ver cómo sinvergüenzas, vagos, inútiles y vividores tienen más éxito en esta sociedad y ganan más dinero viviendo del cuento que casi cualquier trabajador decente. Tantas y tantas cosas que aparecen en los últimos años y que forman parte de nuestra cotidianidad, sin duda están afectando a las nuevas generaciones, y sólo dentro de unos cuantos años, cuando ya sea tarde para poner remedio a nada, veremos los resultados.

Volviendo al tema: es realmente reconfortante ver cómo las personas mayores, en muchos casos ancianos, nos dan lecciones de urbanidad y comportamiento sin saberlo. Ver cómo no sólo conocen a todo el mundo, sino que se interesan, te preguntan cómo estás y cómo te va con una sonrisa en la boca. Sí, de vez en cuando cotillean, pero pídeles un favor, verás cómo están ahí al pie del cañón sin más interés que el simple hecho de echarte una mano. Resulta curioso ver el contraste de este tipo de comportamiento con el de los jóvenes. En las reuniones de vecinos, sin ir más lejos. La gente mayor trata los temas pensando en el bien de la comunidad, lo que nos irá mejor a todos, saben y calibran el impacto que tendrán ciertas decisiones para algunos vecinos, su problemática, e intentan minimizarlo. Curioso, al compararlo con ciertos personajes, desgraciadamente jóvenes, supongo que educados en la calle, que se expresan tan bien como un pitbull en la arena, y sólo van a las reuniones para explicar el problemón que tienen, para que la comunidad se lo solucione, para quejarse de todo lo que pueden e incluso para reventar las reuniones. El resto de temas les trae al fresco, el resto de vecinos no existen. Que les den por saco, mientras me solucionen mi tema. Qué bonito.

Me resisto a creer que así deben ser las cosas, que debemos pensar siempre en nosotros, que no nos deben importar lo más mínimo los seres humanos que nos rodean. ¿Para qué nos habrá tocado en herencia un cerebro con tanta capacidad? ¿Para qué tendremos ojos, oídos y sentidos? ¿Es tan difícil darnos cuenta de que estamos rodeados de otros seres humanos como nosotros? ¿Es que vivimos en una burbuja? ¿O es que a algunos les gustaría?

Recuerdo cuando hace no mucho hubo grandes disturbios en Francia. Los sociólogos se apresuraron a ir a todas las televisiones a explicar los porqués de tamaña barbarie. Parece que las raíces estaban unas décadas atrás, y habían evolucionado de mala manera porque nadie se había preocupado por pensar qué pasaría dentro de unos años en zonas pobres y mal comunicadas, con las siguientes generaciones de inmigrantes, con el paro, con el aislamiento, con la falta de recursos económicos, de educación y de cultura. Los que pueden hacer, cambiar, solucionar, esos a los que votamos de vez en cuando y que gastan el dinero que nosotros ganamos como mejor les parece, no se preocupan con este tipo de situaciones a medio-largo plazo. Las elecciones, el poder, los sillones y la pasta (nuestra pasta) que manejan se renuevan cada 4 años, no hace falta planificar ni estudiar a 20 ó 30 años vista, cuando a lo mejor están los otros en el sillón. Además, qué difícil, oiga.

Así nos va.

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La muerte I

La muerte forma parte de la vida. Nacemos, y en algún momento, nos morimos. Es inevitable, aunque eso no nos consuela de la pérdida. Familia, amigos, conocidos, compañeros de trabajo. En buena lid, iremos viendo caer a todos los que nos rodean, hasta que nos toque a nosotros.

Cada vez que la muerte golpea cerca, solemos meditar aunque sólo sea un poco sobre lo efímero de nuestro paso por este mundo. Unos cuantos años y fuera. Repasamos lo que hemos hecho hasta ese momento y lo que nos queda por hacer. Las cosas pendientes, el futuro. Estimamos cuánto nos queda a nosotros.

Ya no tengo abuelos. Sólo me queda la generación de mis padres. Dentro de no muchos años nos visitará de nuevo. Y esta vez pegará duro. Perder a tus padres debe ser lo peor de este mundo. Y después, claro está, perder a tus hermanos. Eso te pone el siguiente en la cola. Tu tiempo se va acabando. Bueno, supongo. La verdad es que cada vez que me he planteado que mis hermanos son mayores que yo, y de lo que pasará dentro de 30 años, se me saltan las lágrimas. Qué no pasará cuando suceda lo inevitable.

Recuerdo cuando mi guapísima perdió una de sus tortugas. Qué mal momento. Qué mal lo pasó. Aparte del mal trago, la muerte había sido...traumática. La tortuga en sí no me daba ni frío ni calor, pero el verla a ella desconsolada me partía en dos. Los seres humanos, junto a algunos otros animales, somos capaces de desarrollar sentimientos afectivos por otras personas, por animales, e incluso por cosas. Respeto, admiro y comparto este afecto, pero sólo en el caso de personas y/o animales. No acabo de comprender muy bien el apego a las cosas materiales.

Siempre lo recordaréUn miembro de mi familia ha fallecido hace poco. Era bastante próximo en parentesco, pero la distancia geográfica y los años sin vernos nos acabaron haciendo inevitablemente lejanos. Tanto, que su pérdida no ha supuesto para algunos ni de cerca lo que significará cuando otra persona, con igual parentesco y total cercanía física, nos abandone. Esto nos hace plantearnos esa idea que siempre se dice respecto a la invariabilidad de los lazos familiares, frente a los amistosos o los de pareja. "Siempre estarán ahí". Sí, siempre estarán legalmente. Pero el roce hace el cariño, queramos o no, y la falta de roce, aunque nos pese, hace la falta de cariño. No creo que esto sea una regla fija, pero podríamos tomarlo como la norma. De cualquier modo, esto confirma también que las relaciones entre seres humanos nacen, se alimentan, crecen y, si no las mantenemos, acaban muriendo, por muy oficiales que sean. Cuántas veces nos habrá sucedido esto, y cuántas nos sucederá. ¿Queremos que nos vuelva a pasar otra vez? ¿Le pondremos remedio cuando todavía estamos a tiempo? Todo depende de nosotros; en nuestra mano está.

Descansa en paz.

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viernes, 30 de marzo de 2007

La confianza I

La confianza nos lleva a cometer errores de concepto con nuestras parejas¿Por qué la confianza da asco? Hay pocos refranes tan ciertos como este, y mira que normalmente los refranes suelen dar en el clavo (la sabiduría popular, ya se sabe). ¿Qué impulsa a los seres humanos a sentir que llegado cierto punto de confianza, ya tienen derecho a comportarse como no lo hacían anteriormente? ¿Aparece algún derecho adquirido tras sobrepasar cierta barrera temporal en una relación? ¿Está escrito en algún sitio que debemos respetarnos hasta que pasen x meses o años? ¿Qué sitio es ese? ¿Es algún documento, libro, contrato o similar de cuya existencia desconocemos algunos?

Así son las relaciones entre los dos sexos; iba a decir "algunas veces" pero... me temo que es así siempre. Y que es inevitable, que va con la naturaleza humana. El creer que el tiempo nos da derechos. El perder las buenas costumbres con su paso. Deberíamos estar acostumbrados a verlo, a sufrirlo. Pero oye... que no me acostumbro! Qué rarito soy... Y ya meditando sobre ello...¿tiene alguna ventaja lo de la confianza? Le sacamos algún provecho los que notamos que a partir de cierto momento empieza a "dar asco"? Porque personalmente siempre he visto huecos cuando todavía no había confianza, pero raramente se han llenado cuando la ha empezado a haber. Y no es por quejarme...

Hablando de los tópicos que tanto odia una antigua amiga, ¿hay ascos de éstos típicos de hombres o de mujeres? ¿Es más típico de hombres ventosear pasado cierto punto, o de mujeres obligarte a ir a comer en casa de la suegra el domingo? ¿Es más típico de alguno de los dos sexos el dejar de arreglarse y querer verse bien una vez que piensas que has pillao? ¿o empezar a criticar despiadadamente la música que le gusta al otro? ¿Somos diferentes también en esto?

Lo ideal en una relación parece que sería el tener confianza desde el principio, para saber a qué atenernos todos, ¿no? Pero qué difícil es ser así de abierto... y no me refiero a ser abierto para mostrarte como eres... sino a ser abierto para aceptar que sean abiertos contigo. Las normas de educación que nos han enseñado desde pequeñitos nos hacen mantener las distancias siendo adultos, no sé por qué infausto motivo, mientras que cuando somos niños (todavía sin educar), aparte de decir la verdad con la más apabullante naturalidad, nos relacionamos con los otros críos sin prejuicios tontos, nos tocamos, nos besamos y mira... como que no pasa nada. En otras civilizaciones que no son la occidental, quizá "menos avanzadas" desde nuestro punto de vista, tienen un comportamiento mucho más natural que el nuestro, mucho menos encorsetado, y mira, sobreviven... no como aquí, que estamos acostumbrados a pegar un respingo cuando alguien nos roza la mano.

Pero hablábamos de la confianza. La que existe en las parejas. Bueno, la que debería existir, mejor dicho. Me río yo al suponer que en todas las parejas existe una confianza total. Esto no es como el valor en la mili, hay que currárselo, y depende de cada persona. Hay algunas personas tan retraídas y tan cerradas que aún con años de relación no logran tener un grado de confianza aceptable con sus parejas. Y eso, durmiendo todas las noches en la misma cama.

Haciendo un inciso, me viene a la mente una graciosa situación, acaecida tras una buena dosis de sexo, en la que la parte femenina se levanta a vestirse y uno se regodea visualmente con el espectáculo (los mejores pechos que vieron estos ojos... por lo menos hasta ese momento). Dándose cuenta de mi felicidad visual, ella se los tapa toda púdica y me espeta: "¿¡¿qué miras!?!". Años y años después todavía me pregunto el porqué y el sentido de aquella frase, sinceramente. ¿Cómo puede levantarse alguien de una cama en la que llevas horas haciendo todo lo impronunciable y sentirse extraña cuando te miran con todo el deseo del mundo tus turgentes, firmes, desafiantes y estupendísimos pechos? Perplejo sigo, todavía. De lo que surge otra cuestión: ¿da algún tipo de confianza intercambiar fluidos? ¿puede un@ practicar de 15 a 20 posturas del Kama-Sutra con alguien, y decir después que te vas al baño a vestirte, que te da corte que te miren? Me gustaría saber qué respondería la gente en general, y cada sexo en particular...

Resumiendo: qué bien está tener confianza para algunas cosas... pero qué triste es ver que ha llegado el momento de tenerla para otras.

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El amor II

Ven aquí, que te explique un par de cosas...Amor y sexo son dos cosas diferentes, aunque en muchos casos vayan de la mano. Muchos nombres diferentes les ponemos, y muchos apellidos. Como todas las cosas del ser humano, cada uno tiene su ideica sobre cómo deben ser las cosas. Un@s piensan que son inseparables, otr@s, que si uno es bueno, el otro no puede serlo. Personalmente, y por la experiencia más que otra cosa, estoy más con lo segundo que con lo primero, aunque hay honrosas excepciones.

Suponiendo (que suponemos de más, pero bueno) que todo el mundo es bueno en la cama, el ideal es que la confianza con tu pareja te lleve a cotas cada vez más placenteras de disfrute del sexo. El acoplamiento paulatino, y sobre todo, el profundizar en las necesidades y en las fantasías de la pareja nos puede hacer tocar el cielo. Pero esto es la teoría. Si esa confianza total no existe, su falta irá creando lentamente el efecto contrario.

No todo el mundo sabe - o puede - separar el sexo del amor. Para unos es cosa natural; a otros nos cuesta más. Otra vez la educación... con lo tábula rasa que estamos cuando nacemos. Cuántos prejuicios imponen las normas educativas y la sociedad en general. ¿Tan malo es querer disfrutar de un buen rato con alguien? ¿Podemos quedar con una amiga y disfrutar de una peli en el cine pero no quedar para hacer un lujurioso intercambio de fluidos?

Luego viene la segunda parte: las connotaciones que tenga para cada uno el mencionado intercambio. Tirarse a esta piscina no suele ser bueno si para uno de los dos es sólo sexo y para el otro no. Pequeño problema. Y mira que es difícil coincidir totalmente con alguien en esto. Recuerdo cuando estaba en la universidad; un amigo tenía otro amigo que había encontrado una tía con la que, después de un brillante primer encuentro, ambos quedaban los viernes única y exclusivamente para darle rienda suelta a sus instintos. Después, cada uno a su casa, y si te he visto no me acuerdo hasta el viernes siguiente. Perplejo me quedé, y reconozco que me invadió un ligero sentimiento de envidia. Sana, eso si. Pero vamos, este no suele ser el caso, a no ser que alguien me diga lo contrario. O digamos que si lo es, tampoco lo suele ser por mucho tiempo.

Porque al fin y al cabo...¿no es el sexo una necesidad fisiológica como puede serlo el comer o el dormir? ¿No nos entran ganas a todos con mayor o menor frecuencia? ¿No lo echamos todos de menos en mayor o menor medida cuando carecemos de él por una temporada? Si es así, ¿por qué no considerarlo una necesidad como cualquier otra? ¿y por qué no debería estar bien saciarla cuando lo creas oportuno? ¿Debería alguien sentirse mal por hacerlo? ¿Debería alguien sentirse mal por buscarlo? ¿Debería alguien sentirse mal si le apetece... mucho? Yo creo que no. En el fondo, a quién debería importarle que cada uno haga con su cuerpo lo que mejor le parezca... Gracia me hacen aquell@s que critican a la gente que lo tiene claro y lo disfruta todo lo que puede... Qué ganas de meterse en la vida de los demás... como si los demás se metieran en la suya.

Pero qué absolutamente increíble es cuando los dos van juntos, ¿verdad?

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domingo, 25 de marzo de 2007

Los principios I

Los principiosTodos los seres humanos deberíamos tener principios. Todos deberíamos tener una serie de pilares básicos en los que se apoyara nuestro comportamiento; generalmente adquiridos de nuestros padres, si éstos se ocuparon de inculcárnoslos. Otros formados en nosotros por la propia experiencia en la vida. Normalmente, por la propia naturaleza de los principios, éstos deberían ser relativamente inmutables, aunque la vida se encarga de enseñarnos que inmutable del todo... no hay nada.

Mi experiencia hasta ahora me ha demostrado que es bueno no sólo tener principios, sino ser fiel a ellos. En nuestras relaciones con otros seres humanos, en el trabajo, en la vida en general. No vivimos en una cueva, interaccionamos con muchas personas al cabo del día, y es bueno mantener una dirección constante al recorrer el camino. No obstante, no todo el mundo tiene principios, o no todo el mundo los utiliza para guiar su comportamiento. En mi opinión, el peor es el que los tiene pero no los utiliza, porque a sabiendas se engaña a sí mismo, que no a los demás.

A veces le ha chocado a algunas personas encontrarse con alguno de los mios. Según parece, no estamos en una sociedad ni vivimos tiempos en los que ciertos principios se mantengan incólumes, por lo que algun@s se extrañan. Uno de ellos es no hacer el mal cuando sé diferenciarlo del bien. Un poco más específico sería el "no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti". No, no sé hacer cosas que sé que están mal. No puedo hacerlas. No sé ser infiel. No puedo serlo casi ni de pensamiento. Más que nada porque no entiendo el tener una relación si vas pensando en tener, o peor, teniendo otras relaciones fuera de la tuya. Para eso... no la tengas, ¿no? No sé mentir. Mentir a sabiendas, mentir para ocultar. Mentir en lo que dolería saber como verdad. No sé cómo podría mirar a alguien a la cara sabiendo que le he sido infiel. Mis principios me impulsan a actuar así, no hay más. No puedo luchar contra ello. Es así, y ya.

No todo el mundo es así. Conozco a gente que me diría "pues yo quedaría con todas las mujeres que pudiera... y aprovecharía todo lo que me dejaran". Yo... no puedo. Conozco a alguno que practica con asiduidad la infidelidad, que se recrea en ella y la disfruta. Que se engaña intentando convencerte de que tiene algún exceso hormonal, cuando lo único que tiene es un exceso de ego. Que voluntariamente no quiere diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal, porque nadie le abronca si elige la que sabe perfectamente que es la opción incorrecta.

El mundo está lleno de gente así. Son los que ignoran voluntariamente los principios que andan por ahí, en el fondo, y que conocen de sobra. Yo elijo no ignorarlos. Elijo regirme por ellos mientras pueda, elijo ser coherente con ellos, sean los que sean, y no darles de patadas haciendo que no van conmigo. Lo hago incluso cuando no me ve nadie, y en las situaciones en las que no afectaría a otras personas.

Sé que a nadie importa si lo hago o no. Pero no os imagináis lo tranquilo que duermo... y no necesito agenda para cuadrar las citas.

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domingo, 18 de marzo de 2007

La felicidad II

A veces me preguntan qué busco en cuestión de amores/mujeres. Es difícil responder a esta pregunta, ya que si das una respuesta rápida definirás a la mujer media, y si te extiendes un poco empezarán a entender por qué estás solo. Así que he meditado mucho sobre ello. Como resultado, he llegado a la conclusión de que lo que busco es la meta-felicidad.

¿Y eso qué es?
Es muy sencillo: la mayoría de la gente busca la felicidad a través de situaciones puntuales. A mucha gente le hace feliz casarse, o tener un hijo con su pareja, o hacer tal o cual viaje juntos, o ir un día a bailar. Felicidad orientada al momento. Para mí, eso es en cierto modo pan para hoy y hambre para mañana. Orientar tu felicidad hacia momentos puntuales, acciones o situaciones concretas, hace que si éstas no se dan, tu indicador de felicidad baje rápidamente, y te sientas frustrad@, triste, deprimid@. Esta ausencia te hará buscar más momentos, más situaciones para hacer subir el indicador de nuevo. Pero esto es intentar sostener agua con las manos.

Yo busco algo diferente. Para mí, las acciones concretas, las situaciones puntuales, no son sino la materialización de lo que realmente me importa: la posibilidad de que eso ocurra. No me hace feliz tener un hijo (que también), sino saber (continuamente) que la persona con la que estoy va a ser/es/será la madre de mis hijos. No me hace feliz irme de viaje con ella a Japón, sino saber que ella es la persona que quiere hacer todos sus viajes conmigo, y con quien yo los haré, da igual donde vayamos. No me hace feliz que me cuide cuando enfermo y estoy en cama, sino que soy feliz cada día al saber que ella me cuidará cuando llegue el momento, lo mismo que yo cuidaré de ella. Es, por lo tanto, esta meta-felicidad la que busco, la que me proporciona esa maravillosa sensación de compleción, que me motiva, me hace sentir vivo y realimenta mi relación. No busco la felicidad en momentos puntuales, sino en la certeza contínua.

El peliculón musicalMoulin Rouge (Nicole Kidman, Ewan McGregor, 2001), maravillosa película musical a la que sólo encuentro el fallo de contar al principio lo que pasará al final, traduce esto en una sola frase, hecha canción: "Come what may". La segunda vez que la cantan, en el "reprise" al final de la película, es de esas escenas que siempre me ven echar una lagrimilla sin poder evitarlo, aún sabiendo el final. Es esa felicidad que se siente cuando dices "Come what may" sin que suceda nada relevante, la que anhelo. Es esa la que es tan difícil de encontrar. Las razones... seguro que son motivo de otra entrada.

Pero esto no deja de ser una historia, y como narra la introducción de "La Comunidad del Anillo", "(...) La historia se convirtió en leyenda, la leyenda se convirtió en mito (...)", y ahí se encuentra uno... persiguiendo mitos.

Eso sí, con paciencia.

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viernes, 9 de marzo de 2007

El alcohol I

No conducía yo, que consteVaya horas para llegar a casa y encender el ordenador. ¿Por qué? No sé, seguramente porque tengo algo que escribir.

Estoy medio pedo. Y del otro medio, sólo me falta medio para estarlo del todo. Las caipirinhas tienen la culpa. Y fijaros que sólo han sido dos... Pero claro, las mezclas con el vino espirituoso que dice mi amigo tocayo... ahí está la clave. Bueno, tampoco es tanto. He llegado a casa, lo cual quiere decir que muy mal no estaré.

Hoy he sido un dechado de felicidad, reestrenando mi vitalicia condición de madrileño, pero ahora en la capital. He quedado a cenar, he ido al centro centroso... en metro! La leche. En 20 minutos, en Callao. Lo nunca visto. Supongo que la gente no se imaginaría por qué sonreía. Ceno con mi amigo el liberal... vino espirituoso, comida japonesa, charla, la vida, el trabajo... lo de siempre. La penúltima en algún local de por aquí... el centro es pródigo. Un local agradable, lleno de gente que lo pasa bien. Muchas mujeres, la verdad. Media de edad sobre los 33-35. Agradable :-P El grupo de las 6 de 42. Miran como posesas. "¿Y porqué no?", le comento. ¿No tienen derecho a mirar lo mismo que yo? Faltaba más... Sólo les falta decir "porque no es plan, pero te comería ahora mismo, chavalito". Pues muy bien, hombre. Yo las provoco, y mi amigo se asusta, no sea que vengan. "¿Y qué?" le explico. Son tías igual que tú y que yo, que tienen 42 en vez de 36 ó 31, pero que no se diferencian básicamente de ti o de mí por tener unos pocos años más. Además, tienen las cosas bastante más claritas que las de 20, y no les importa lo más mínimo que se las note. "A buenas horas", pienso, "podían ser así también a los 20, los 24, los 26..." pero no. España no es el país de las tías abiertas, que miren y que ataquen. Que sepan lo que quieren y que vayan a por ello. Es el país del ven tú aquí, que la hija de mi madre es terciopelo. Una lástima. Tanto arrastrarnos para subirles el ego durante los titantos, y ahora los papeles están invertidos... Sí que son tristes las cosas en España. Qué envidia me han dado los oriundos cuando he estado en algún otro país de Europa, o me han hablado de EE.UU. Ellas saben lo que quieren, y cómo conseguirlo, desde jovencitas. No tienen esta mentalidad divina que tienen aquí. Si quieren algo, simplemente lo piden o lo buscan, y punto. ¿Por qué no?

Pero bueno, que yo sólo quería comentar lo bonito de la amistad (primer grado de alcoholización, exaltación amistosa), lo cómodo que me siento con mi edad, y lo mal que me voy a sentir mañana en el trabajo. Menos mal que es San Viernes, adios a la oficina hasta el lunes, y podré echarme una siestecita para recuperar un poco mi body.

Larga vida a las mujeres abiertas de mente, a las que saben lo que quieren, a las que no se asustan de lo que pensarán de ellas si lo manifiestan, y a las que toman la iniciativa. De ellas es el reino de los cielos.

He dicho.

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sábado, 24 de febrero de 2007

El amor I

¿Amor o necesidad?Fina es la línea que separa el amor de la necesidad. "When I was young, I never needed anyone", nos canta Eric Carmen. Efectivamente, cuando somos jóvenes, la balanza entre el amor y la necesidad está totalmente desequilibrada a favor del amor. La necesidad no está entre los parámetros de los jóvenes, salvo raras excepciones (sólo conozco un caso). Pero las cosas cambian con la edad. Cada vez nos movemos menos, salimos menos, y nos es más difícil conocer gente y entablar relaciones, por lo que los períodos de soledad (si existen) se van haciendo cada vez más largos. Esto, junto a ciertos temas relativos al arroz, se ponen en el otro lado de la balanza. También, con la edad, se va apagando esa necesidad de sentir amor en su vertiente más fogosa, pasional y visceral, y otras necesidades ligeramente diferentes van tomando protagonismo: la de sentirnos queridos, la de tener cariño a nuestro alrededor, la de contar con alguien a tu lado.

Querer a alguien no es lo mismo que necesitar a alguien. Hay gente que no sabe estar sola, que no puede vivir sola. Estar solo es fácil de decir, pero muy difícil de soportar. Las personas que necesitan a alguien a su lado no conciben la vida sin su pareja, no son capaces de imaginar cómo vivirían sin alguien junto a ellas. Este fenómeno es curioso de ver, pero existe, incluso en jóvenes. Hay personas que necesitan tener a alguien que esté pendiente de ellas, sólo para sentirse bien. La componente egoísta de estos perfiles es enorme, y ni siquiera conciben que tengan ningún tipo de problema.

Leaving Las Vegas (Nicolas Cage, Elizabeth Shue, 1995) dibuja a la perfección esta línea de la que hablo. Sera (la buscona) se enamora (¿necesita?) de Ben, el alcohólico. Él la trata bien, la respeta, seguramente más de lo que nadie lo hizo nunca. Ella le quiere, le necesita. No quiere estar sola. Él es la única persona que ha demostrado sentimientos por ella, quitando su chulo, que no parecía apreciarla mucho. Ella tiene necesidad de tener alguien a su lado. Es también esta necesidad la que mantiene "unidas" a muchas parejas, que ven cómo su relación se ha ido al traste hace tiempo, pero que no quieren dejarla atrás por esta razón. Tantos años teniendo, para dejar de tener casi de golpe... Verdaderamente duro.

Es algo para plantearse, cuando conoces a alguien nuevo. Se mete en tu vida y de repente, ahí está. ¿La quieres? ¿O...la necesitas? No estaría mal que nos hiciéramos esta pregunta al poco de comenzar con alguien. Nos ahorraríamos muchos disgustos futuros...

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Curiosidades II

Cántate algo, no te privesAcabo de descubrir algo que merece la pena en Windows Vista: el software de reconocimiento de voz. Con este software, mediante la voz, podemos escribir texto, controlar las ventanas, movernos de una aplicación a otra, pulsar botones, navegar por internet, abrir y cerrar programas, realizar búsquedas, e incluso manejar el ratón.

Este sistema requiere un poco de entrenamiento, pero la herramienta dispone de un tutorial que, a la vez que nos enseña cómo funciona, irá aprendiendo cómo pronunciamos, nuestro tono de voz, etc. y nos permitirá comenzar a utilizar la voz en cuanto finalicemos. Conviene empezar realizando este tutorial, ya que descubriremos que algunas operaciones no son tan intuitivas.

La navegación por internet es bastante cómoda, ya que basta con decir el texto del link que queremos seguir para activar el hiperenlace. La navegación por ventanas o carpetas también, ya que allá donde haya un texto, podemos pulsar con la voz.

El sistema de reconocimiento de voz dispone de otra opción que facilita mucho su uso: en caso de que veamos que este software no acierta, disponemos de la opción de decir "mostrar números", lo que identificará con un número cada zona susceptible de ser pulsada. Esto nos salvará de muchos contratiempos.

No hay que explicar lo cómodo que resulta dictar los textos en vez de escribirlos; los cuatro primero párrafos de esta entrada del blog han sido escritos mediante la voz. Lo malo es que de vez en cuando reconoce mal una palabra, y salta a otra parte del navegador que no es el editor de texto en el que estamos escribiendo. Cuando esto sucede, ya no sabe volver, y no podemos seguir dictando, ni aunque hagamos clic manualmente en la zona de texto. A partir de que se vaya de la zona de edición de texto, el reconocedor creerá que cualquier cosa que digamos se refiere a alguna zona de la ventana, y no escribirá lo que decimos. Quizá haya una manera de decirle que queremos seguir dictando texto, pero yo no la he encontrado todavía.

Este sistema de reconocimiento de voz puede ser muy útil aunque no tengamos problemas de accesibilidad, por lo que os recomiendo que si os instaláis Vista, lo probéis. El consumo de recursos del reconocedor es alto por razones evidentes, pero si dictamos frases de 5 ó 6 palabras cada vez (este es mi caso, en el vuestro dependerá de la potencia de vuestro equipo), las reconoce perfectamente.

Una funcionalidad más incluida en el sistema operativo, otras empresas de software que empezarán a perder sus ingresos y a desaparecer.

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viernes, 23 de febrero de 2007

Las edades del hombre I

Todos somos más o menos igualesEs curioso ver cómo cambiamos con el tiempo. Cómo evolucionamos. Cómo eso que creíamos un principio fundamental de nuestra personalidad, se ajusta, se moldea, cambia... y a veces incluso desaparece. Sí, las cosas cambian; las personas también. No lo sabemos hasta que nos pasa la primera vez. "Yo soy así, y no cambiaré" es una frase de quien no ha vivido lo suficiente. Al que ha vivido, la propia vida se ha encargado de hacerle ver cuán equivocado estaba.

Cuando tenía titantos veía a las chicas de taitantos como mujeres mayores. Lo del bolso me asustaba. Cuando me acercaba a los 30 fui entendiendo que lo del bolso no quería decir que sólo pensaran en casarse o en sus hijos. Y ahora, año tras año, me doy cuenta de que da lo mismo la edad. Somos más o menos las mismas personas, con matices, pero los mismos. Solo que más mayores. Todo aquel a quien preguntes, te dirá lo mismo: "yo me veo básicamente igual que cuando tenía 10 ó 15 años menos". Todos nos vemos más o menos igual. Son sólo los ojos de los demás los que nos ven mayores. Todos tenemos esa extraña sensación a veces, cuando alguien 7 u 8 años menor que tú dice de hacer algo, y te mira como pensando "a ver éste, que como está mayor, no le apetecerá". Tú lo notas y piensas "joer, chaval, que yo soy exactamente igual que tú, sólo que nací 6 años antes..."

¿Quién no ha tenido nunca esa sensación?

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lunes, 19 de febrero de 2007

Curiosidades I

Ábrete...a los que te rodeanMe llama mucho la atención la facilidad con la que la gente airea en los blogs sus más íntimos sentimientos, pero luego no es capaz de contárselos a la persona que más cerca tiene. A veces esa persona es su pareja, a veces es un amig@...pero no. Prefieren contárselo a todo el mundo en un blog, y por escrito. ¿Cuál es la razón? ¿La distancia? ¿Que no estás mirando a los ojos a la persona a la que se lo cuentas? ¿La naturaleza asíncrona de esa comunicación? No lo sé, pero me parece triste. Luego nos quejamos todos de que no tenemos con quién hablar, que a nadie le importa lo que tenemos que decir, que la gente no escucha... y para empezar, somos nosotros mismos los que no nos abrimos a contarle en persona a la gente lo que tenemos dentro. Luego que si soledades (jaja), que si nadie me quiere, que si tal o que si cual. Empecemos a luchar contra esa falta de comunicación por nosotros mismos, y hablemos con la gente, comuniquémonos. No es tan difícil. A no ser...

...que tengas un problema. Supongo que sí, que hay gente que lo tiene. Me refiero a un problema psicológico, relativo a su capacidad para comunicarse con el resto de seres humanos. Yo conozco a una persona así. No podía hacerlo. Prefería escribir un correo de 7 páginas antes que decir lo que fuera en directo. Curioso de entender, sobre todo para alguien que le encanta pasar horas conversando con los amigos. Pero así es. Es un problema realmente importante, y la persona que lo sufre no puede superarlo sin ayuda. No obstante, es difícil que teniendo un problema así, reconozcas que debes tratarlo con un profesional, ya que afecta radicalmente a la manera en la que te relacionas con el resto de seres humanos, y no hablo sólo de los compañeros de trabajo, vecinos o conocidos. Hablo también de tu familia, amigos íntimos y/o pareja.

Pero me resisto a creer que tod@s l@s que tienden su ropa interior en un blog tengan este problema.

Sí, yo también escribo en un blog. Pero escribo lo mismo que comento con mis colegas delante de una cerveza... por cierto, me deben una.

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domingo, 18 de febrero de 2007

La soledad IV

No pidas...Me hacen gracia los comentarios de mis amigos, de vez en cuando, envidiando mi situación actual, desde su encadenamiento voluntario. Está claro que siempre deseamos lo que no tenemos. Ninguno de ellos ve la parte mala, sólo la buena. Querrían nadar y guardar la ropa, tener una maravillosa relación estable y aún así mantener su independencia, su libertad; querrían no tener que rendir cuentas a nadie ni dar nunca explicaciones. Pero todas estos deseos que formulan con la boquita pequeña se les olvidan cuando viene ella y les da un beso sin porqué, cuando preparan juntos la cena y charlan después delante de un café. Ya no se acuerdan cuando se acuestan juntos por la noche, se abrazan y cuando sienten su calor por la mañana. No se acuerdan cuando se ponen malos, y el otro les cuida. No se acuerdan cuando tienen a alguien con quien contar, alguien en quien apoyarse. No se acuerdan cuando vuelven a casa.

No se puede tener todo.

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La soledad III

Todos los días igualHoy es un día como cualquier otro. No se diferencia nada de todos los últimos días. Más de lo mismo. No hay ninguna variación. Tengo tan pocas ganas de hacer las cosas que tengo que hacer como cualquiera de las últimas semanas. La situación se repite. Una y otra vez. Sé que sólo yo puedo cambiarla, pero simplemente, no me apetece. Prefiero ver pasar el tiempo. Estar tranquilo. Sin agobios, sin prisas. Sé que dentro de poco algo cambiará, y empezaré a coger el ritmito. De momento sólo me preocupo de sobrevivir, y mantener al día las actividades que permiten a todo ser humano llevar una vida normal. Todo ese otro conjunto de cosas que uno hace con toda la ilusión cuando las comparte con otr@, están en fila, esperando que les toque su turno cuando haga acopio de determinación. Ese momento no ha llegado todavía, así que...

Tengo unas cuantas cosas que hacer en casa; como todo aquel que se ha mudado hace poco. Pero como lo básico está cubierto, no apetece andar con complicaciones. La motivación empieza siempre en uno mismo, me dijeron no hace mucho en un curso. Sí, puede ser. Lo malo es que la desmotivación te rodee por doquier. Entonces se hace difícil hacerte el héroe.

A veces pienso que no quiero terminar de preparar mi cobacha por tener algún plan, algo que hacer, algo interesante y necesario para mi vida. Cuando todo esté terminado, todo a mi gusto y completamente equipado, sólo tendré que vivir. Que continuar viviendo. Y temo que la realidad me aplaste en ese momento. Temo no tener nada más en qué pensar, y ponerme a pensar en cómo es mi vida, dónde estoy, dónde quería haber estado, y lo lejos que están estas dos últimas cosas. Temo empezar a plantearme cómo será el resto de mi vida, y temo comenzar a estar a gusto y tranquilo en mi situación actual, porque eso dificultará más y más el mantenerme abierto a lo que venga, e irá cerrando mi puerta a encontrar a alguien con quien recorrer el camino.

Conozco el modo, sí. Sé que debo ponerme objetivos. Los tengo, de hecho. Hay unas cuantas cosas que quiero hacer a corto-medio plazo. Pero mientras en otras épocas esto ha sido un acicate, un punto de referencia en el horizonte a donde dirigirte, ahora no dejan de ser ideas, cosas que sé que haré, pero que no me motivan. Busco, quiero encontrar esa motivación, y no la encuentro. Veo pasar el tiempo. Veo más canas cada día, pero poca variación.

Lo único bueno es que sé que esto cambiará, estoy convencido. Sólo necesito... algo. El catalizador.

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sábado, 17 de febrero de 2007

La felicidad I

La felicidad, efímeraHace poco lo hablaba con mi jefe. Él opinaba que la idea de la felicidad que tenemos cada uno depende básicamente de lo poco o mucho con lo que nos contentemos. Bueno, es una sencilla manera de verlo. Lo inconformista, o ambicioso que seas, puede determinar en buena medida la probabilidad de que la alcances. No obstante, pienso que en esta sociedad no está pensada para que seamos felices, sino para que nos pasemos la vida persiguiendo la felicidad. Pero para empezar, deberíamos puntualizar de qué felicidad estamos hablando.

Yo me refiero a la felicidad con mayúsculas, a ese sentimiento que nos hace sentir realizados, completos. Y voy más encaminado hacia la felicidad en el amor, no a la genérica. Hablo de esa que te llena cuando piensas que has encontrado a tu media naranja.

Y la verdad, para mí, definirla es extremadamente sencillo, desde el momento en el que la alcancé. Sí, podría decir que sé lo que es. Es un sentiemiento bien simple, una vez que lo conoces. Para mí, alcanzarla significó llegar al punto más alto al que nunca llegué. Y al que nunca llegaré, pienso. Se tradujo simplemente en una frase: me daría igual morir mañana. Si me lo hubieran dicho en ese momento, que al día siguiente me iba a atropellar un camión, no huiera quitado la sonrisa de mi boca. No me hubiera hecho sentir menos realizado, ni hubiera provocado en mi ningún sentimiento de pérdida. Simplemente, hubiera dado por buena cualquier cosa que pasara en adelante, habiendo vivido ese momento. Sé que en ese momento sentí algo que jamás he vuelto a sentir, y que no sé si se dará de nuevo. Por lo menos, no creo que se de del mismo modo.

Pero todo lo que empieza, acaba. La felicidad completa no puede durar. Se deshizo como suele pasar, del modo más sangrante, gota a gota, hasta que no quedó nada, hasta que se secó. Murió de inanición. Mis manos taparon mis ojos durante muchos meses, intentando averiguar los porqués. Pero no hay que planteárselo tanto. Son cosas que pasan.

Qué curioso... qué tremendamente creativos son estados tan dispares como la felicidad completa y la ausencia total de ella. Por lo menos para mí lo fueron. Lo son. Aunque los frutos de esta creatividad son significativamente diferentes. En el primer caso son radiantes, alegres, llenos de luz y de energía. En el segundo, oscuros, tristes, melancólicos y pesimistas, aunque no por ello menos bellos. No sé qué parte del cerebro alberga la creatividad, pero está claro que está afecta por los estados de ánimo extremos. Los sentimientos poderosos, en positivo o en negativo, son generadores de energía creativa.

Pero hablaba de la felicidad...¿o era del amor? Se pueden llegar a confundir, a veces. A través del uno podemos llegar a la otra.

¿Podemos vivir sin encontrar la felicidad? ¿Podemos vivir... sin amor?

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domingo, 11 de febrero de 2007

La soledad II

Así se siente uno a vecesEsta soledad voluntaria me está afectando más que en alguna otra ocasión. La situación es diferente, claro. Muy diferente. Lo que hace la edad.

Afronto esta soledad de otra manera muy diferente. Con prudencia. Con todo el ánimo que puedo. Despacio, pasito a pasito, sin armar ruido. Y, para mi sorpresa, con la terrible sensación de que va a ser una soledad muy larga. Me estoy pertrechando para esta batalla como el que sabe que el asedio será largo, duro. Cuanto más andamos por la vida y más experiencia acumulamos, más fácil nos es ver ciertas cosas. Más rápido las entendemos porque las hemos visto antes, y más inmediata es nuestra respuesta, porque ya sabemos a dónde lleva un camino, y a dónde lleva otro; ya estuvimos en uno de los dos. “La próxima, escogeré el otro camino“. O quizá “he escogido bien, la próxima haré lo mismo”.

Qué duro es tener experiencia en una serie de cosas. En cuestión de amores, es durísimo. Haber perdido la inocencia, y en una serie de aspectos la ilusión, es realmente triste. Antiguamente moneabas mucho, te ilusionabas, y descubrías un tiempo después que no, que eso no era lo tuyo. Ahora ya sabes qué no funcionará, a los 5 minutos. “Mejor, menos tiempo desperdiciado”, podréis decir. Sí, quizá. Pero es tremendamente triste. Sobre todo si la mayoría de las candidatas que conoces se quedan en ese primer descarte. Es por esto que uno coge provisiones de sobra para el viaje. Veo que será largo. Encontrar a alguien que pase todos los filtros que todos nos vamos poniendo con los años es cada vez más difícil, por no decir que puede ser imposible. Por no perder la ilusión, vamos, en que algún día encontrarás a alguien como tú quieres.

¿Es normal ir perdiendo la esperanza? ¿Nos pasa a todos? ¿Es normal no conformarse con cualquier cosa, sino sólo con lo que sabes que quizá funcione? ¿Es normal, pasados los 30, querer esperar al tranvía que te llevará a donde tú quieres ir, en vez de pillar el primero que pasa? Sinceramente, creo que no. A ciertas edades, uno ya no está para andar perdiendo el tiempo en experimentos de dudoso resultado. Va a ser que no.

Es curiosa la sensación que te invade cuando calibras seriamente la posibilidad de estar solo por los restos. Mil sensaciones recorren tu cuerpo, y ninguna es especialmente agradable. La sensación de desperdicio es una de las peores. Tanto que dar y nadie a quien dárselo… Tanto y tanto. ¿A dónde van los abrazos que no das? leí hace no mucho tiempo en algún sitio. Uno tiene la misma sensación que cuando, en el pueblo, veía llegar más y más agua al pilón, y rebosaba, perdiéndose, porque nadie había abierto el desagüe. Y a nadie le importaba. “Debe ser que aquí les sobra el agua“. Debe ser que aquí sobran otra serie de cosas. Pero luego no, no es así. Oyes las noticias, oyes hablar a la gente por la calle, en el metro, y siempre oyes lo mismo. Lo sola que está la gente, lo poco que folla (una pata banco, pero es que lo oigo mogollón) y lo que le gustaría tal o cual cosa. Meditando sobre ello, siempre llegas a la misma conclusión: aquí hay algo que no funciona…


Conclusión
Bah, tío, no seas exagerado. Ya aparecerá”. La frase del año. Me la sé de memoria. Estoy de acuerdo, aparecerá. Sólo espero estar aquí para cuando eso ocurra, y que no me pase como a Ana en Naturaleza muerta.

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sábado, 10 de febrero de 2007

La incertidumbre I

¿Qué habrá ahí delante?Vivimos tiempos de continuo cambio. La economía, la tecnología y muchas otras cosas que nos afectan directamente evolucionan a una velocidad de vértigo. Las empresas, a las que afectan estos dos factores mucho más que a las personas individualmente, sufren las consecuencias de esta era de cambios. Las cosas cada vez se mueven más deprisa, los mercados se globalizan y millones de potenciales clientes pasan ante las puertas de todas ellas, sin detenerse y entrar nada más que en las que se han subido al carro del cambio y la adaptación como medio para sobrevivir. El resto, tarde o temprano, sucumbirán.


En este escenario, cada uno vive como puede. Depende de cómo somos. Gran parte de nuestra adaptación dependerá de lo abiertos de mente que seamos. El tener una mente abierta es bueno para todo, pero para esta situación es más que necesario. La gente de mente abierta no tiene límites, no le asustan los cambios. Cuando vuela del nido no dice "un piso cerca de mamá, para no estar lejos". Ni "aquí en Madrid, que no conozco nada más". Dice "veamos... ¿en qué país del mundo me gustaría vivir unos años?". La gente de mente abierta no rechaza a alguien por ser de Canadá, ni por tener otro color de piel. Ve hombres y mujeres, no razas y nacionalidades. La gente de mente abierta no ve cambios, ve oportunidades.


En el mundo laboral (trabajando por cuenta ajena) puedes crecer. Puedes mejorar y puedes subir. Puedes quedarte unos cuantos años en el mismo sitio, cavar poco a poco una trinchera a tu alrededor y con la tierra que saques crear una colina. Puedes subirte a ella y sentirte el rey. Puedes incluso pasar más años cavando más hondo tu trinchera y elevando tu colina, hasta alcanzar el cielo. Entonces, puedes sentirte dios. Mirar a la gente desde arriba. Hablar con la solemnidad del poderoso. Pero no harás sino cegarte a la realidad: "tu empresa" es circunstancial. Para ella eres sólo un número, y cuanto antes te des cuenta, mejor será. Nadie es imprescindible, porque ninguna empresa se hundió nunca porque se fuera uno de sus trabajadores. Por muy importante que fuera. La empresa te tiene ahí mientras le eres útil. Cuando dejas de serlo, te escupe. Es por eso que no debes ver tu empresa actual, tu puesto actual, tu carguito actual o lo que sea que te mantiene orgullosamente apalancado en ella, como algo vitalicio, imperecedero. Si lo ves así, será cuando, en tiempos de cambio como estos, te invadirá la incertidumbre.

¿Qué motiva la incertidumbre?
Siguiendo al diccionario, el no saber qué va a pasar. Pero en mi opinión, en este caso, hay mucho más. Hay miedo. Cuando las cosas se mueven en el mundo empresarial, los cambios a menudo afectan a los empleados. Si apartamos la preocupación por tus ingresos, tu familia y tu modo de vida, y nos ceñimos exclusivamente al marco laboral, la incertidumbre viene básicamente motivada por la posibilidad de perder tu silla. Por la posibilidad de que te aparten de tu bien ganado puesto. La posibilidad de que pierdas el respeto y el estatus que tanto te costó ganar. La posibilidad de que te envíen a otro sitio donde tengas que empezar de cero a demostrar lo que vales. La posibilidad de que estos años en tu sillón hayan hecho imposible que ahora demuestres lo que vales, porque vales bien poco, a fuerza de apalancarte en tu castillo, centrarte siempre en tus cositas y no querer ver el mundo. La posibilidad de que se den cuenta. La posibilidad de que te pongan a alguien encima que cambie el modo en el que haces las cosas. A ti, nada menos, y después de tantos años. La posibilidad de que te envíen a algún sitio donde la gente no aparte su temerosa mirada cuando se cruza con tu altanera barbilla.

¿Qué provoca la incertidumbre? Mal humor. Nervios. Crispación. Desmotivación. Pasotismo. Todo tipo de cosas negativas, que mira tú por dónde, se transmiten estupendamente a la gente que te rodea. Si estás así, transmitirás todas estas porquerías, harás partícipe de tus miedos a tus compañeros, crearás un ambiente marrón que se desplazará hacia abajo como la pólvora.

Así que...

Si eres de los que tienen miedo a los cambios; si eres de los inmovilistas; si eres de los que piensas que las cosas están bien como están; si piensas que para qué cambiarlas; si eres de los que frunce el ceño cuando le vienen con una sugerencia de mejora; si eres de los que ven los nuevos proyectos como más trabajo y más preocupaciones; si eres de los que cuando acaban tragando lo hacen encogiendo los hombros en plan pasota; si eres de los que sólo ponen trabas y crean problemas cuando alguien sugiere mejorar las cosas; si eres un triste...

Quítate de en medio. Deja paso a los que se mueven. No entorpezcas el avance de un área, de una empresa. No entorpezcas el desarrollo, los proyectos, los cambios. Busca una empresa clásica, tradicional, que no cambie. Dedícate a la artesanía, fabrica guitarras o abre una tienda de antigüedades. Cualquier cosa, pero vete con tu inmovilismo y tus miedos donde sean útiles.

Los cambios ya forman parte de nuestra vida laboral. Negarlos es negar lo inevitable (...Sr. Anderson...). Adáptate, no seas inmovilista. Aprovecha, mejora, aprende. Cambia cuando lo requieran las circunstancias, y tu valor profesional se multiplicará.

Abre tu mente...


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