viernes, 30 de marzo de 2007

La confianza I

La confianza nos lleva a cometer errores de concepto con nuestras parejas¿Por qué la confianza da asco? Hay pocos refranes tan ciertos como este, y mira que normalmente los refranes suelen dar en el clavo (la sabiduría popular, ya se sabe). ¿Qué impulsa a los seres humanos a sentir que llegado cierto punto de confianza, ya tienen derecho a comportarse como no lo hacían anteriormente? ¿Aparece algún derecho adquirido tras sobrepasar cierta barrera temporal en una relación? ¿Está escrito en algún sitio que debemos respetarnos hasta que pasen x meses o años? ¿Qué sitio es ese? ¿Es algún documento, libro, contrato o similar de cuya existencia desconocemos algunos?

Así son las relaciones entre los dos sexos; iba a decir "algunas veces" pero... me temo que es así siempre. Y que es inevitable, que va con la naturaleza humana. El creer que el tiempo nos da derechos. El perder las buenas costumbres con su paso. Deberíamos estar acostumbrados a verlo, a sufrirlo. Pero oye... que no me acostumbro! Qué rarito soy... Y ya meditando sobre ello...¿tiene alguna ventaja lo de la confianza? Le sacamos algún provecho los que notamos que a partir de cierto momento empieza a "dar asco"? Porque personalmente siempre he visto huecos cuando todavía no había confianza, pero raramente se han llenado cuando la ha empezado a haber. Y no es por quejarme...

Hablando de los tópicos que tanto odia una antigua amiga, ¿hay ascos de éstos típicos de hombres o de mujeres? ¿Es más típico de hombres ventosear pasado cierto punto, o de mujeres obligarte a ir a comer en casa de la suegra el domingo? ¿Es más típico de alguno de los dos sexos el dejar de arreglarse y querer verse bien una vez que piensas que has pillao? ¿o empezar a criticar despiadadamente la música que le gusta al otro? ¿Somos diferentes también en esto?

Lo ideal en una relación parece que sería el tener confianza desde el principio, para saber a qué atenernos todos, ¿no? Pero qué difícil es ser así de abierto... y no me refiero a ser abierto para mostrarte como eres... sino a ser abierto para aceptar que sean abiertos contigo. Las normas de educación que nos han enseñado desde pequeñitos nos hacen mantener las distancias siendo adultos, no sé por qué infausto motivo, mientras que cuando somos niños (todavía sin educar), aparte de decir la verdad con la más apabullante naturalidad, nos relacionamos con los otros críos sin prejuicios tontos, nos tocamos, nos besamos y mira... como que no pasa nada. En otras civilizaciones que no son la occidental, quizá "menos avanzadas" desde nuestro punto de vista, tienen un comportamiento mucho más natural que el nuestro, mucho menos encorsetado, y mira, sobreviven... no como aquí, que estamos acostumbrados a pegar un respingo cuando alguien nos roza la mano.

Pero hablábamos de la confianza. La que existe en las parejas. Bueno, la que debería existir, mejor dicho. Me río yo al suponer que en todas las parejas existe una confianza total. Esto no es como el valor en la mili, hay que currárselo, y depende de cada persona. Hay algunas personas tan retraídas y tan cerradas que aún con años de relación no logran tener un grado de confianza aceptable con sus parejas. Y eso, durmiendo todas las noches en la misma cama.

Haciendo un inciso, me viene a la mente una graciosa situación, acaecida tras una buena dosis de sexo, en la que la parte femenina se levanta a vestirse y uno se regodea visualmente con el espectáculo (los mejores pechos que vieron estos ojos... por lo menos hasta ese momento). Dándose cuenta de mi felicidad visual, ella se los tapa toda púdica y me espeta: "¿¡¿qué miras!?!". Años y años después todavía me pregunto el porqué y el sentido de aquella frase, sinceramente. ¿Cómo puede levantarse alguien de una cama en la que llevas horas haciendo todo lo impronunciable y sentirse extraña cuando te miran con todo el deseo del mundo tus turgentes, firmes, desafiantes y estupendísimos pechos? Perplejo sigo, todavía. De lo que surge otra cuestión: ¿da algún tipo de confianza intercambiar fluidos? ¿puede un@ practicar de 15 a 20 posturas del Kama-Sutra con alguien, y decir después que te vas al baño a vestirte, que te da corte que te miren? Me gustaría saber qué respondería la gente en general, y cada sexo en particular...

Resumiendo: qué bien está tener confianza para algunas cosas... pero qué triste es ver que ha llegado el momento de tenerla para otras.

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El amor II

Ven aquí, que te explique un par de cosas...Amor y sexo son dos cosas diferentes, aunque en muchos casos vayan de la mano. Muchos nombres diferentes les ponemos, y muchos apellidos. Como todas las cosas del ser humano, cada uno tiene su ideica sobre cómo deben ser las cosas. Un@s piensan que son inseparables, otr@s, que si uno es bueno, el otro no puede serlo. Personalmente, y por la experiencia más que otra cosa, estoy más con lo segundo que con lo primero, aunque hay honrosas excepciones.

Suponiendo (que suponemos de más, pero bueno) que todo el mundo es bueno en la cama, el ideal es que la confianza con tu pareja te lleve a cotas cada vez más placenteras de disfrute del sexo. El acoplamiento paulatino, y sobre todo, el profundizar en las necesidades y en las fantasías de la pareja nos puede hacer tocar el cielo. Pero esto es la teoría. Si esa confianza total no existe, su falta irá creando lentamente el efecto contrario.

No todo el mundo sabe - o puede - separar el sexo del amor. Para unos es cosa natural; a otros nos cuesta más. Otra vez la educación... con lo tábula rasa que estamos cuando nacemos. Cuántos prejuicios imponen las normas educativas y la sociedad en general. ¿Tan malo es querer disfrutar de un buen rato con alguien? ¿Podemos quedar con una amiga y disfrutar de una peli en el cine pero no quedar para hacer un lujurioso intercambio de fluidos?

Luego viene la segunda parte: las connotaciones que tenga para cada uno el mencionado intercambio. Tirarse a esta piscina no suele ser bueno si para uno de los dos es sólo sexo y para el otro no. Pequeño problema. Y mira que es difícil coincidir totalmente con alguien en esto. Recuerdo cuando estaba en la universidad; un amigo tenía otro amigo que había encontrado una tía con la que, después de un brillante primer encuentro, ambos quedaban los viernes única y exclusivamente para darle rienda suelta a sus instintos. Después, cada uno a su casa, y si te he visto no me acuerdo hasta el viernes siguiente. Perplejo me quedé, y reconozco que me invadió un ligero sentimiento de envidia. Sana, eso si. Pero vamos, este no suele ser el caso, a no ser que alguien me diga lo contrario. O digamos que si lo es, tampoco lo suele ser por mucho tiempo.

Porque al fin y al cabo...¿no es el sexo una necesidad fisiológica como puede serlo el comer o el dormir? ¿No nos entran ganas a todos con mayor o menor frecuencia? ¿No lo echamos todos de menos en mayor o menor medida cuando carecemos de él por una temporada? Si es así, ¿por qué no considerarlo una necesidad como cualquier otra? ¿y por qué no debería estar bien saciarla cuando lo creas oportuno? ¿Debería alguien sentirse mal por hacerlo? ¿Debería alguien sentirse mal por buscarlo? ¿Debería alguien sentirse mal si le apetece... mucho? Yo creo que no. En el fondo, a quién debería importarle que cada uno haga con su cuerpo lo que mejor le parezca... Gracia me hacen aquell@s que critican a la gente que lo tiene claro y lo disfruta todo lo que puede... Qué ganas de meterse en la vida de los demás... como si los demás se metieran en la suya.

Pero qué absolutamente increíble es cuando los dos van juntos, ¿verdad?

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domingo, 25 de marzo de 2007

Los principios I

Los principiosTodos los seres humanos deberíamos tener principios. Todos deberíamos tener una serie de pilares básicos en los que se apoyara nuestro comportamiento; generalmente adquiridos de nuestros padres, si éstos se ocuparon de inculcárnoslos. Otros formados en nosotros por la propia experiencia en la vida. Normalmente, por la propia naturaleza de los principios, éstos deberían ser relativamente inmutables, aunque la vida se encarga de enseñarnos que inmutable del todo... no hay nada.

Mi experiencia hasta ahora me ha demostrado que es bueno no sólo tener principios, sino ser fiel a ellos. En nuestras relaciones con otros seres humanos, en el trabajo, en la vida en general. No vivimos en una cueva, interaccionamos con muchas personas al cabo del día, y es bueno mantener una dirección constante al recorrer el camino. No obstante, no todo el mundo tiene principios, o no todo el mundo los utiliza para guiar su comportamiento. En mi opinión, el peor es el que los tiene pero no los utiliza, porque a sabiendas se engaña a sí mismo, que no a los demás.

A veces le ha chocado a algunas personas encontrarse con alguno de los mios. Según parece, no estamos en una sociedad ni vivimos tiempos en los que ciertos principios se mantengan incólumes, por lo que algun@s se extrañan. Uno de ellos es no hacer el mal cuando sé diferenciarlo del bien. Un poco más específico sería el "no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti". No, no sé hacer cosas que sé que están mal. No puedo hacerlas. No sé ser infiel. No puedo serlo casi ni de pensamiento. Más que nada porque no entiendo el tener una relación si vas pensando en tener, o peor, teniendo otras relaciones fuera de la tuya. Para eso... no la tengas, ¿no? No sé mentir. Mentir a sabiendas, mentir para ocultar. Mentir en lo que dolería saber como verdad. No sé cómo podría mirar a alguien a la cara sabiendo que le he sido infiel. Mis principios me impulsan a actuar así, no hay más. No puedo luchar contra ello. Es así, y ya.

No todo el mundo es así. Conozco a gente que me diría "pues yo quedaría con todas las mujeres que pudiera... y aprovecharía todo lo que me dejaran". Yo... no puedo. Conozco a alguno que practica con asiduidad la infidelidad, que se recrea en ella y la disfruta. Que se engaña intentando convencerte de que tiene algún exceso hormonal, cuando lo único que tiene es un exceso de ego. Que voluntariamente no quiere diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal, porque nadie le abronca si elige la que sabe perfectamente que es la opción incorrecta.

El mundo está lleno de gente así. Son los que ignoran voluntariamente los principios que andan por ahí, en el fondo, y que conocen de sobra. Yo elijo no ignorarlos. Elijo regirme por ellos mientras pueda, elijo ser coherente con ellos, sean los que sean, y no darles de patadas haciendo que no van conmigo. Lo hago incluso cuando no me ve nadie, y en las situaciones en las que no afectaría a otras personas.

Sé que a nadie importa si lo hago o no. Pero no os imagináis lo tranquilo que duermo... y no necesito agenda para cuadrar las citas.

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domingo, 18 de marzo de 2007

La felicidad II

A veces me preguntan qué busco en cuestión de amores/mujeres. Es difícil responder a esta pregunta, ya que si das una respuesta rápida definirás a la mujer media, y si te extiendes un poco empezarán a entender por qué estás solo. Así que he meditado mucho sobre ello. Como resultado, he llegado a la conclusión de que lo que busco es la meta-felicidad.

¿Y eso qué es?
Es muy sencillo: la mayoría de la gente busca la felicidad a través de situaciones puntuales. A mucha gente le hace feliz casarse, o tener un hijo con su pareja, o hacer tal o cual viaje juntos, o ir un día a bailar. Felicidad orientada al momento. Para mí, eso es en cierto modo pan para hoy y hambre para mañana. Orientar tu felicidad hacia momentos puntuales, acciones o situaciones concretas, hace que si éstas no se dan, tu indicador de felicidad baje rápidamente, y te sientas frustrad@, triste, deprimid@. Esta ausencia te hará buscar más momentos, más situaciones para hacer subir el indicador de nuevo. Pero esto es intentar sostener agua con las manos.

Yo busco algo diferente. Para mí, las acciones concretas, las situaciones puntuales, no son sino la materialización de lo que realmente me importa: la posibilidad de que eso ocurra. No me hace feliz tener un hijo (que también), sino saber (continuamente) que la persona con la que estoy va a ser/es/será la madre de mis hijos. No me hace feliz irme de viaje con ella a Japón, sino saber que ella es la persona que quiere hacer todos sus viajes conmigo, y con quien yo los haré, da igual donde vayamos. No me hace feliz que me cuide cuando enfermo y estoy en cama, sino que soy feliz cada día al saber que ella me cuidará cuando llegue el momento, lo mismo que yo cuidaré de ella. Es, por lo tanto, esta meta-felicidad la que busco, la que me proporciona esa maravillosa sensación de compleción, que me motiva, me hace sentir vivo y realimenta mi relación. No busco la felicidad en momentos puntuales, sino en la certeza contínua.

El peliculón musicalMoulin Rouge (Nicole Kidman, Ewan McGregor, 2001), maravillosa película musical a la que sólo encuentro el fallo de contar al principio lo que pasará al final, traduce esto en una sola frase, hecha canción: "Come what may". La segunda vez que la cantan, en el "reprise" al final de la película, es de esas escenas que siempre me ven echar una lagrimilla sin poder evitarlo, aún sabiendo el final. Es esa felicidad que se siente cuando dices "Come what may" sin que suceda nada relevante, la que anhelo. Es esa la que es tan difícil de encontrar. Las razones... seguro que son motivo de otra entrada.

Pero esto no deja de ser una historia, y como narra la introducción de "La Comunidad del Anillo", "(...) La historia se convirtió en leyenda, la leyenda se convirtió en mito (...)", y ahí se encuentra uno... persiguiendo mitos.

Eso sí, con paciencia.

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viernes, 9 de marzo de 2007

El alcohol I

No conducía yo, que consteVaya horas para llegar a casa y encender el ordenador. ¿Por qué? No sé, seguramente porque tengo algo que escribir.

Estoy medio pedo. Y del otro medio, sólo me falta medio para estarlo del todo. Las caipirinhas tienen la culpa. Y fijaros que sólo han sido dos... Pero claro, las mezclas con el vino espirituoso que dice mi amigo tocayo... ahí está la clave. Bueno, tampoco es tanto. He llegado a casa, lo cual quiere decir que muy mal no estaré.

Hoy he sido un dechado de felicidad, reestrenando mi vitalicia condición de madrileño, pero ahora en la capital. He quedado a cenar, he ido al centro centroso... en metro! La leche. En 20 minutos, en Callao. Lo nunca visto. Supongo que la gente no se imaginaría por qué sonreía. Ceno con mi amigo el liberal... vino espirituoso, comida japonesa, charla, la vida, el trabajo... lo de siempre. La penúltima en algún local de por aquí... el centro es pródigo. Un local agradable, lleno de gente que lo pasa bien. Muchas mujeres, la verdad. Media de edad sobre los 33-35. Agradable :-P El grupo de las 6 de 42. Miran como posesas. "¿Y porqué no?", le comento. ¿No tienen derecho a mirar lo mismo que yo? Faltaba más... Sólo les falta decir "porque no es plan, pero te comería ahora mismo, chavalito". Pues muy bien, hombre. Yo las provoco, y mi amigo se asusta, no sea que vengan. "¿Y qué?" le explico. Son tías igual que tú y que yo, que tienen 42 en vez de 36 ó 31, pero que no se diferencian básicamente de ti o de mí por tener unos pocos años más. Además, tienen las cosas bastante más claritas que las de 20, y no les importa lo más mínimo que se las note. "A buenas horas", pienso, "podían ser así también a los 20, los 24, los 26..." pero no. España no es el país de las tías abiertas, que miren y que ataquen. Que sepan lo que quieren y que vayan a por ello. Es el país del ven tú aquí, que la hija de mi madre es terciopelo. Una lástima. Tanto arrastrarnos para subirles el ego durante los titantos, y ahora los papeles están invertidos... Sí que son tristes las cosas en España. Qué envidia me han dado los oriundos cuando he estado en algún otro país de Europa, o me han hablado de EE.UU. Ellas saben lo que quieren, y cómo conseguirlo, desde jovencitas. No tienen esta mentalidad divina que tienen aquí. Si quieren algo, simplemente lo piden o lo buscan, y punto. ¿Por qué no?

Pero bueno, que yo sólo quería comentar lo bonito de la amistad (primer grado de alcoholización, exaltación amistosa), lo cómodo que me siento con mi edad, y lo mal que me voy a sentir mañana en el trabajo. Menos mal que es San Viernes, adios a la oficina hasta el lunes, y podré echarme una siestecita para recuperar un poco mi body.

Larga vida a las mujeres abiertas de mente, a las que saben lo que quieren, a las que no se asustan de lo que pensarán de ellas si lo manifiestan, y a las que toman la iniciativa. De ellas es el reino de los cielos.

He dicho.

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