domingo, 14 de octubre de 2007

El sexo I

Aquí, negociandoCuando quedo con mis amigos siempre acabamos hablando de los mismos temas. En concreto, el tema de las mujeres es un clásico (las mujeres también hablais de hombres, todos lo sabemos). Hablando de mujeres, es raro que no acabemos hablando de sexo. Y hoy no ha sido una excepción. Al final, el tema ha derivado hacia la frecuencia. Que cuántas veces es normal hacerlo al día (algun@ se preguntará si de verdad hay alguien que lo hace varias veces al día), o quizá a la semana. En qué momentos se hace o no se hace, y todo eso.

Después del intercambio de ideas y de confesiones de rigor, acabamos acordando que lo jodido no es hacerlo más o menos; lo verdaderamente jodido es la diferencia de ganas, cuando a uno le apetece más a menudo que a otro: a uno le apetece un par de veces al mes como mucho, al otro le apetecería varias veces a la semana. Uno tiene bastante para tres o cuatro días con cada intercambio de fluidos y al otro le gustaría intercambiarlos a diario. El problema aparece si los dos miembros de la pareja están desfasados. No importa quién ni cuánto. A uno le apetece más que al otro.

Y es que en esto del sexo no hay reglas; es lo que a cada uno le apetece, y no es cosa que se debiera hacer simplemente por contentar al otro. Además, ninguna postura ni gusto es censurable. Si te apetece menos, bien; si te apetece mucho, pues también. Que no es malo, vamos. Lo único malo es que, al cabo del tiempo, conlleva incomodidad y agobio para la persona con menos necesidad, y frustración, desazón (evidentemente) e insatisfacción para la persona que necesita más. Esto deriva en otros problemas en las parejas, en los que no entraré ahora. Pero que suele ser fuente de problemas, está claro.

Hace algún tiempo, en un curso de trabajo en grupo, conocí a una profesora que consideraba el sexo como una necesidad básica del cuerpo humano, equiparable al comer o al dormir. Sin estar del todo de acuerdo, me interesó mucho su forma de pensar (mucho mucho); el resto de la gente no lo consideraba una necesidad básica por el simple hecho de que se puede estar años sin sexo (¿de verdad se puede?), pero no años sin comer o sin dormir. Sí, es correcto, pero nadie puede negar tampoco la vital importancia que tiene en casi todas las parejas, por no hablar de lo importante que ha sido a lo largo de la historia de todas las civilizaciones... Bueno, mejor no complicarlo.

Al final, es difícil coincidir en esto con tu pareja, lo mismo que es difícil coincidir en la frecuencia con la que hay que visitar a la suegra o el lugar al que hay que ir de vacaciones en verano; coincidir es difícil en general. Eso sí: recomiendo personalmente que busquéis esa coincidencia con vuestras parejas, porque cuando coincide... el séptimo cielo queda abajo, en comparación.

Dos velitas a la Virgen de la Coincidencia.


In English, please

1 comentario:

Anónimo dijo...

Jajaja! Me ha hecho gracia lo de las velitas a la virgen... XD Aún existen de esas cosas? ;)
Bueno, yo antes de nada quiero resolver la duda de si las mujeres hablamos de hombres o no en nuestras reuniones (aunque está bien claro, vaya). SÍ, hablamos de vosotros, pero no todo el rato, no os vayáis a pensar (no somos colegialas estúpidas y obsesionadas con los hombres :P). Eso es un coñazo, y la que no sabe hablar de otra cosa es calificada como tonta (y cosas peores...).
Debemos de estar sincronizados, porque yo también llevo unos días muy entretenidos "debatiendo" con mis amigas sobre sexo XD
En fin, que me voy por las ramas. La verdad es que has metido el dedo en la llaga con eso de coincidir, porque puede llegar a hundir una buena relación. Uno acaba sintiéndose incómodo y un objeto sexual y el otro insatisfecho y rechazado. Habrá que rezarle a la virgen para que no nos suceda XD