martes, 14 de agosto de 2007

La muerte III

¿Por qué?"Es ley de vida", piensa uno, o te dicen, cuando alguien próximo a ti finaliza sus días. "Vivió feliz", "conoció a sus biznietos" o "estuvo rodeado de los suyos hasta el final", son frases que suelen sonar en los funerales de aquellos afortunados que han podido disfrutar de algunos de los grandes acontecimientos que un ser humano puede vivir.

Pero la muerte no siempre golpea donde esperamos; no siempre emplea nuestra lógica, una lógica basada en los sentimientos y en nuestra idea de lo que debe o no debe ser. La muerte golpea a veces donde más duele. ¿Qué sucede cuando se lleva a alguien que ni siquiera navega aún en su propio barco? ¿Qué pasa cuando esa "ley de vida" que se nos lleva cuando arrugados, se parte en mil pedazos? ¿Qué sucede cuando la lógica y la justicia parecen haberse ido juntas de vacaciones? ¿Qué sucede cuando los días que tocan a su fin sólo suman 16 años? ¿Cómo quedan esas familias, esos amigos?

Es difícil sólo imaginar lo que puede pasar por las mentes y los corazones de sus seres queridos cuando algo así sucede. Para alcanzar a entender sólo la milésima parte, no tenemos más que imaginar que hemos sido nosotros los que hemos sufrido esa pérdida, y a poca imaginación que tengamos, vislumbraremos esa sensación que se tiene al estar al pie de un abismo del que ni siquiera vemos el fondo. Pero imaginando no se puede llegar a sentir lo mismo, ni esa milésima parte. ¿Cómo imaginar lo que puede sentir alguien cuando le parten en dos? Sencillamente, no se puede.

Pensando qué música puede acompañar una entrada como ésta, la evidencia me golpea en la frente. Azul (Juliette Binoche, 1993) ejemplifica con imágenes, música y un color lo que puede sentir una persona cuando ve su vida partida en dos por la falta de lógica. Recomendable para todos aquellos que piensan y reflexionan. Imprescindible para los que escuchan y sienten.

La vida es un camino lleno de piedras.


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